Olor a puro

Hay a quien una canción le transporta a un lugar, persona o recuerdo, están los que relacionan un paisaje con su infancia y las vacaciones. O bien a quienes la hierba cortada y los trozos de barro desprendidos de las botas, el olor a réflex y a esparadrapo le llevan hacia su época de jugador, le evocan compañerismo y la emoción de saltar al terreno de juego. Está también el aroma a mar y a salitre, a monte, a primavera. Algunos sentidos son muy potentes a la hora de activar las inescrutables conexiones cerebrales que provocan que el añorado pasado vuelva. En nuestro largo caminar como hinchas del Athletic, quizá el olor a puro es el inconfundible sentido que nos devuelve a un estadio vetusto, de los de antes, donde la fina lluvia en nuestra piel, el rumor de la marea humana hacia las puertas, y el escudo del Athletic dominando Pozas completaban un póker de sentidos que, aunque idealizados y resumidos en el tópico “cualquier tiempo pasado fue mejor“, siguen representando nuestro ideal futbolero.

Durante los últimos años se han extendido los lemas contra el fútbol moderno, y como todas las modas, de tanto usarse pueden volverse anodinas, vacías y superficiales, aunque no por ello dejen de ser el reflejo de un cambio abrupto, traumático, de algo roto en el interior.

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Caminando hacia San Mamés el otro día, por las mismas calles de antes, reflexionábamos sobre ello, sobre esa desconexión evidente entre el pasado y el presente en nuestro universo rojiblanco. No intuíamos el rumor en las calles, y al mezclarnos con la marea humana, a lo lejos veíamos una pantalla que ha sustituido torpemente al antiguo escudo. Ya no había viejos fumando puros en las puertas de acceso, fueron sustituidos por hombres trajeados y azafatas que aguardaban a los Very Important People. El aroma a césped del interior también había desaparecido. Ningún sentido despertó para hacer de esas dos horas algo especial, íntimo, deseado, fuera de lo rutinario.

En un proceso global, de Highbury a Upton Park, del Wanda Metropolitano a San Mamés, se han unificado sentimientos, metiéndolos en un mismo frasco y poniendo nombre al producto. Porque es eso lo que es el fútbol moderno, un producto en envoltorio cutre, de venta en tienda oficial a un alto precio. Y al hincha le han despojado de todo sentimiento convirtiéndolo en cliente. Soñábamos con un Athletic diferente pero nos despertamos con un Athletic igual. No igual al de antes, igual a los demás. En este proceso doloroso ya no nos quedan referentes, ni siquiera podemos consolarnos en el viejo Lasesarre en alguna fase de ascenso en sus gradas fabriles y sus tribunas de madera. Ya sólo nos queda Las Llanas, hasta que suba a Segunda A y se lo lleven por delante, como a todos.

Seguiremos la búsqueda de nuestro tarro de las esencias, ese que al destaparlo nos transporte a nuestro querido pasado, a nuestro olor a puro, el tarro que han intentado transformar en museo y que no ha conseguido sino que odiemos más el edificio que lo contiene. Porque tristemente, hau da San Mamés.</p>

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Información, polarización, seguidores e hinchas

**Colaboración de Animazio Harmaila

Septiembre del 97, treintaidosavos de final de la UEFA, comienzos de la temporada del Centenario, Luisfer en el banco y la gente con ganas. Rival de entidad, mucha calidad en su plantilla, con la “brujita” Veron o Klinsmann entre otros, un equipazo, diría que mejor, hombre por hombre, que el compuesto para la agónica final que perdió ante el Barcelona, con el antológico gol de Koeman in extremis.

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Bilbao – Génova, aproximadamente 3000 km. entre ida y vuelta e incontables horas, sobre todo en autobús. Y como única preocupación, cuadrar cuentas con lo ahorrado, poner ojitos de cordero ante aita, amama edo izeko, pedir adelantos de cumpleaños y/o Navidades para sufragar el viaje al país transalpino, buscar una excusa para faltar a clase…

¿Será muy caro el tabaco allí, y la birra? ¿Podremos meter la bota de vino al campo? ¿Frío? ¿Pillaremos cacho? ¿Y cómo se llega allí? ¿Hace falta pasaporte? ¿Y en que polideportivo nos duchamos? Mil y una dudas de un aficionado joven, poca o nula experiencia en viajes mas allá de Pirineos, e inocente, por decirlo de alguna manera, respecto a lo que podría deparar visitar el Luigi Ferraris.

Pero eso si, con ganas de txufla, aventura y Athletic. Ganas de Athletic. Los insulsos finales de los 80 y lo transcurrido de los 90, deportivamente hablando, comenzaban a remontar tras el fogonazo europeo de la mano de Heynckes, y el stepitoso  estrepitoso año con Dragoslav. El doblete, aunque realmente ya en la lejanía, aún parecía, de alguna manera, un objetivo futurible, que todo esto solo era fruto de una mala hornada de Lezama, que pronto volveríamos a luchar por todo…

Y aunque el Athletic no estaba en su mejor momento, y aunque nunca ha sido seguridad de buenas noticias emocionalmente hablando, Athletic y el domingo a las 5 era la parte que completaba el círculo del ocio de la juventud. Sí, OCIO. Ir a San Mamés entretenía, divertía, te relacionaba con la gente, pasabas el rato, era una opción lúdica real, y aunque no regular para la mayoría de bilbaínos, sí que entraba dentro de las posibilidades de divertimento un puñado de veces al año. Y eso que había buena competencia… Aún vibraban las 7 calles, Baraka, Pozas, Portu… ya rulaban las primeras plays chipeadas por el videoclub del barrio, algún pudiente ya disponía de internet en casa, incluso móvil.

Pero el ocio se distribuía, grosso modo y en orden horario, entre futbolines / time crisis en salas de recreativos, hacer unos litros y arrimar cebolleta en algún disco-pub mientras sonaba, con suerte, song-2 de Blur en vez del wannabe de las Spice Girls; compartiendo y haciendo una puesta en común entre los colegas lo sucedido la noche del sábado, ya el domingo, en el fútbol.

Ahora dile a un adolescente que deje los youtuber, el LOL, el porno, whatsapp, facebook, twitter, instagram, Tinder, fifa pro, RETA, ir al local/lonja, por gastarse 50 € en una entrada al campo, donde imperan unas restricciones absurdas, te tratan como ganado o peor, no conoces a nadie a tu alrededor y encima ni siquiera puedes vivir el partido como te gustaría, porque molesta. Difícil concretar en qué momento ir al fútbol pasó de ocio a otra cosa.

Hoy en día, en un imaginario partido VS Sampdoria en fase de grupos, a comienzos de temporada y tras una larga sequía en cuanto a participaciones europeas, todas esas “inocentes” dudas sobre el viaje se resolverían a golpe de Google, y a su vez surgirían otras dudas, percepciones, miedos…provocadas por lo leído en internet. Todo el viaje organizado desde la salida hasta entrar en tu casa a la vuelta, sabiendo cuantos km exactos recorreríamos, cuánto costarían los peajes con la aplicación de maps. Estancia reservada con airbnb o similares, con fotos y situación exacta en el mapa. Conoceríamos de antemano dónde podríamos comer o salir a tomar algo. Conoceríamos la normativa exacta de acceso al campo, o la normativa particular que exigiría la propia Sampdoria o el Athletic para este desplazamiento, precio exacto de la bebida dentro del campo, si sirven alcohol, que asiento nos toca…

Sabríamos ya de antemano si podría haber o no problemas con la hinchada local, si Ultras Tito son de tal palo o del otro, si aun siendo “del rollo” tienen o tuvieron amistades “no toleradas”, qué encontronazos han tenido con otros grupos y por qué, nombres de garitos donde paran, zonas, capos o subgrupos dentro de la gradinata sud di marassi…

Una cantidad ingente de información que nos elimina la gran mayoría del factor sorpresa, aventura. Amén de que en la horquilla de precios en los que nos manejaríamos entre entrada, viaje y estancia mínima, tirando por lo más low-cost posible, eliminaría de un plumazo la posibilidad de viajar al grueso de la chavalería. Así que entre el ya “saberlo todo”, y estos precios, se nos queda una excursión a Italia para la mediana edad con todo incluido, traslado al hotel y visita con guía incluida. Un plan nada atractivo para la juventud. Es difícil adquirir pasión por algo cuando se pierde el placer de descubrirlo por ti mismo.

No malinterpretéis, ni somos tecnófobos, ni estamos en contra de acceder a toda información posible. Pero vemos que hay un desfase entre toda la información a la que podemos acceder y la que podemos asumir. La información es buena, siempre y cuando podamos asimilarla. Un bombardeo continuo de tanta información hace que, de alguna manera, nos posicionemos, e incluso nos atrevamos a sentar cátedra para cualquier tema, para cosas que desconocíamos 5 minutos antes, sin haber tenido tiempo para informarnos bien, y así podernos labrar una opinión fundada, y no un copy-paste de 2 o 3 ideas que creamos correctas al respecto. Esa rapidez e inmediatez en la que vivimos, y exigimos, ha cambiado la forma de relacionarnos.

Una pasión como lo puede llegar a ser el fútbol exige tiempo, paciencia y espera. No puedes apasionarte por la poesía si ya conoces toda la obra de Garcia Lorca o Mahmud Darwish desde el primer momento. Una pasión por algo exige ir descubriéndola poco a poco, asimilando y paladeando cada nueva experiencia.

Esta sobre-información hace que entremos en un juego continuo y perverso de tener que posicionarnos, cada día, en un sinfín de debates que surgen a nuestro alrededor, sin que hayamos pedido participar y para que, de primeras, carecemos de opinión. Y especialmente en el fútbol, que para rellenar horas y horas de tertulias insulsas nos atosigan con supuestos debates, desde Clemente o Sarabia, con opiniones formadas casi exclusivamente a base de leer la prensa local, pasando por el Arrate o Lertxundi de los 90, habiendo ya tertulias radiofónicas varias y programas de TV específicos, a la actual encrucijada sobre la continuidad o no de Cuco o Urrutia y los posibles candidatos a ocupar el banquillo y el palco, con opinadores profesionales que esparcen su discurso cada noche, cuentas de Twitter con contactos y exclusivas, encuestas, grupos de Facebook llevados por gente con ganas de popularidad…

Esta necesidad de inmediatez para saciar los debates en los que nadamos cada día hace que solo podamos ofrecer respuestas fáciles, más fáciles incluso que el propio debate. Se quedan por el camino los análisis profundos y solo sobreviven respuestas simplistas. Y esas simplezas acaban por acapararlo todo, y lo que podría considerarse un debate se convierte en una especie de encuesta de 2 opciones. Todo acaba polarizado a dos únicas posiciones.

  • Bielsa o no Bielsa
  • Llorente o no LLorente
  • Tuchel o L. Enrique
  • Athletic o anti-Athletic
  • Seguidor o Ultra/Fanático/Hintxa

Y a su vez, esta polarización de respuestas estándar, a preguntas o debates que requieren un análisis mas sesudo, construyen una corriente de opinión que acapara seguidores que se basan, la mayoría, en si se siente a gusto en esa conclusión. Así que nos encontramos con gente que realiza un recorrido inverso en cuanto a la formación de una opinión. Primero, se decantan por una conclusión en la que se sienten cómodos, gracias a ideas finales, super resumidas que que sacia su sed de respuesta momentánea del debate de moda. Y después, van buscando, online, ideas que refuten esa conclusión.

Esta facilidad de posicionamiento tiende al radicalismo y al inmovilismo. Gente que defiende “a muerte” su idea, SU idea, sin que haya posibilidad de escala de grises, ni posible debate.

Y esta dinámica, llevada a todos los ámbitos sociales, nos lleva a que mucha gente vuelva a polarizarse, otra vez,  a otras dos opciones. Tomar parte o pasar de todo. Activistas VS padefos. Perdiéndose una importantísima “clase media”, que si bien no eran parte activa, eran parte importante y se contaba con ella para el día a día.

Clientes / Seguidores VS Hintxas / Fanaticos / Ultras, que es lo que nos toca.

Se ha perdido toda esa clase media que acudía al estadio con alegría y ganas de fiesta sin ser parte activa de ningún nombre gordo de los fondos. Se ha perdido toda esa gente que cantaba, agitaba la bufanda y ondeaba la bandera desde su asiento.

La gente que ha decidido ser parte de un club, ya sabe de antemano dónde quiere sentarse y por qué y ya tiene formada su opinión de cómo se vive un partido aquí o allá, qué tipo de gente hay aquí o ahí, y ya sabe que le tiene que ofrecer el equipo a él para sentirse bien. No ha adquirido una pasión, la ha comprado. En un momento de su vida, ha decidido pagar porque le entretengan, cual suscripción a netflix, solo que piensa que por ser un precio anormalmente alto, el entretenimiento debe ser mayor, o de mayor regularidad. Y además, su umbral de satisfacción depende de las conclusiones de debates artificiales que haga suyas en determinado tiempo.

Gente que no ha tenido la suerte de ir creciendo y disfrutando año a año con sus más y sus menos del Athletic. Gente que no ha podido desarrollar una verdadera pasión, o que la que ha desarrollado, está basada en artificios más que en sentimientos, que es lo que verdaderamente cuenta. Y esta falta de gente apasionada tiene que ver, y mucho, en esta nueva clase de espectadores / socios que acuden a San Mamés. El campo ahora se divide entre gente que va a que le entretengan y gente que se entretiene.

Así pues, centrándonos en nuestro San Mames, si por arte de magia nos cayera un pellizquito con el que poder sufragar hacernos socio, entraríamos en esa dinámica de polarización continua: Tribuna Vs Herri Harmaila

Y una vez elegida, nos volverían a poner dos puertas para elegir cruzar cada partido:

  • Pitar a Susaeta VS pitar a San José
  • Gritar contra rivales que me han dicho que son no sé qué VS aplaudirles y homenajearles
  • Pitar cánticos o seguirlos
  • Hacer minuto de silencio o quedarme fuera

Etc…

Nos hemos dejado por el camino, buena parte de esa ilusión, y de las ganas de descubrir que nos depararía el próximo partido. La emoción de descubrir. Ojalá la recuperemos algún día.

Cabacas

Nos repetimos mucho en el blog, quizás no tengamos excesivo eco. Será culpa de la realidad, que es tan jodidamente tozuda, cabrona y a menudo cruel que hace que andemos señalando injusticias con reiteración. Pero de todas las veces que nos repetimos, cuando toca hablar de Iñigo Cabacas es cuando más duele.

Quizás sea debido a que ya hayamos escrito lo sustancial, y aquello que no ha sido dicho, mas sí pensado, sobre policía, políticos, jueces y fiscalía pueda ser constitutivo de delito en el Reino de España. No en vano tienen la piel fina para reclamar daños morales aquellos que ordenan entrar con todo.

Porque el caso es flagrante.

Porque han pasado seis largos años, a ver si dilatando y dilatando se escurre mejor el bulto, y ahora que el juicio se preve para octubre sospechamos que desemboque en punto muerto. El trabajo de cocina de algunos, y tal.

Porque los poderes fácticos y su establishment están, de facto, dando carta blanca a la impunidad.

Porque cada vez que uno escribe dan ganas de aporrear el teclado y reventarlo contra la pared. Rabia, asco, dolor e impotencia.

Porque sí, quizás lo hayamos dicho todo. O casi.

El viernes hubo una ofrenda de balas de goma ante el palacio de justicia (las minúsculas son merecidas). El sábado, homenaje en el callejón de Kirruli. En ambos actos se pudieron escuchar otra vez los infames audios policiales. La ciudadanía, o al menos parte de esa masa adormecida, sigue todavía demandando explicaciones a más de un responsable. Sí, en esas seguimos.

Habrá más movilizaciones. Ojalá sirvan para poner frente a frente a la ciudadanía con los mentados responsables, el juez y la fiscalía que encabeza Pilar Giménez. Que tengan la decencia de mirarnos a los ojos, pensar por un mísero instante que el muerto podía haber sido su hijo, hermano, amigo y actuar con un mínimo ético. Que piensen por qué falta gente en el banquillo de los acusados, que hagan algo por llevarles al sitio donde merecen estar y dejen de ser engranajes del sistema y correas de trasmisión.

Ojalá un juicio justo. A fondo, a todos los niveles.

Ojalá.

Pero la realidad es cabrona.

Como cuando El Correo trata de activar el ventilador de mierda en la crónica del homenaje a Pitu, a cuenta de la presencia de la izquierda abertzale y la carta que envió desde la cárcel Alfredo Remirez, preso por unos tuits y un acto en favor de los presos y no “por colaborar con ETA” como aseguraba su gacetillera. Es más fácil perpetrar esas líneas que plantearse silencios y ausencias (Ares, Urkullu, Ezenarro o Jonan Fernández, verbigracia), pero, a la vista está, no le pagan por hacer periodismo.

Sin embargo, entre toda la inmundicia moral sobresale como antítesis la imagen de amigos y familiares de Iñigo, en especial la de Fina y Manu, verdadero ejemplo de tesón, entereza, lucha y sobre todo dignidad, esa de la que tantos carecen. Toda una lección vital. Para ellos un abrazo y el más sincero reconocimiento desde las líneas de este humilde blog.

Y, por supuesto, seguiremos reivindicando justicia las veces que haga falta.

Justizia Iñigorentzat!

Se busca míster

No de inmediato, ya da igual, pues los 3 de abajo son malos de solemnidad y sólo la mayor de las hecatombes pondría al Athletic en peligro de descenso. Necesitamos entrenador para la próxima temporada; algo que se veía venir, como poco, desde noviembre pero que la directiva no quiso atajar por lo sano por comodidad, cobardía, ceguera (fe si lo prefieren) o un cúmulo de dichos factores (y los que nos dejamos en el tintero).

El esperpento a doble partido contra el Formentera (un Segunda B ramplón, hoy en el puesto 17, con dificultades para completar la convocatoria copera), pero sobre todo el nulo juego desplegado por el equipo tanto en Liga como en Europa, por mucho que San José nos reprochara que no teníamos ni puta idea, ya hacían presagiar que ésta iba a ser una temporada de transición. Ciertamente, el juego en la última época de Valverde no era para tirar cohetes, pero los resultados mandaban y al menos el once daba cierta imagen de hechura y solidez. Con Cuco, en cambio, nadie sabe a qué jugamos, ni afición ni jugadores.

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Imagen: El Correo

Ziganda salvó el culo in extremis con una buena racha, cimentada sobre todo en empates, alguno meritorio (caso del Madrid), y cómodas victorias ante equipos menores (Zorya, Levante, Alavés y Betis ya con el partido de cara tras una expulsión), pero era evidente que el equipo no carburaba y, lo peor, que difícilmente iba a hacerlo. Sin embargo, Cuco no ha hecho en todo este tiempo más que invocar a su supuesta fortaleza y tratar de vender una ilusión que nadie, ni siquiera el presidente, percibe, percibió ni percibirá.

En esta tesitura, Urrutia ha hecho la del avestruz. Para finales de enero y principios de febrero, el efecto aspirina ya había pasado y el equipo se reencontraba otra vez en la tónica de siempre. La liga estaba echada, y así sigue por mucho que invoquen el séptimo puesto, pero quedaba la Europa League para dar guerra. Era el momento de dar un golpe en la mesa y apostar por un cambio en el banquillo, de ilusionar a jugadores y afición. Nada, ni por esas.

O confiaron en Cuco, harto improbable cuando casi hace bueno a Stepi, o no lo hicieron en los jugadores, que también es posible, o no había ningún candidato apto para suplir al míster, algo difícilmente explicable, o no querían hacer frente a una indemnización millonaria por cese, o imperó el amiguismo, o (sigan ustedes, por favor). Lo cierto es que optaron por apurar la temporada y, probablemente, rescindir de mutuo acuerdo el segundo año de contrato de Cuco (esperemos).

Porque, sí, Ziganda firmó por dos temporadas, probablemente con un más que extraordinario salario para la valía demostrada. Es aquí cuando uno piensa que, tras la experiencia de Bielsa, Urrutia esté optando por lo fácil, fichando amigos de su confianza y/o perfiles bajos que le hagan la vida más fácil, al menos a priori. Balzola y empresas pesebreras también estarán contentas sin nadie que airee miserias varias.

Pero hete aquí que la búsqueda de entrenador para el próximo año se ve condicionada por unas elecciones a las que Urrutia no se presentará pero que tampoco quiere de momento adelantar, síntoma de que el PNV aún no ha terminado de armar su candidatura y/o de neutralizar a los hipotéticos contendientes. Por tanto, el míster que venga firmará por un año corriendo el riesgo de convertirse en víctima del fuego cruzado electoral, si es que no lo borda de inicio a fin.

Los mentideros rojiblancos ven a Asier Garitano, hoy en el Leganés, como futuro míster. De ser así habría que ver si opta por el mismo fútbol amarrategi que con los pepineros, pues la afición, quizás demasiado ilusa, tiene la sensación de que el equipo tiene mimbres suficientes para jugar mucho mejor. De hecho, hay ciertas similitudes entre el hartazgo con Cuco (segunda parte contra el Leganés, por ejemplo) y la despedida brindada a Caparrós. Parece que no vale solo ganar.

Otros nombres que han salido a la palestra son Tuchel (quien parece haber llegado a un acuerdo con el Bayern), Berizzo, Blanc, Mendilibar y un largo etcétera. Venga quien venga deberá dar un golpe en la mesa y airear el vestuario. En ese sentido, y habida cuenta de las limitaciones filosóficas, que encima provocan que paguemos de más a nuestros jugadores, más de uno se plantea la conveniencia de dejarse el dinero en entrenadores de máximo nivel, lo cual implica que puedan ser extranjeros en la mayoría de los casos (para desgracia de Clemente; y es que Euskal Herria es pequeña). Lo mismo habría que decir de formadores, técnicos y demás personal de Lezama.

Dicho lo cual, tampoco hay que hacer un drama de la situación actual. El Athletic ha pasado por idénticas o peores situaciones a lo largo de su historia, si bien eso no puede justificar cualquier decisión actual. Urrutia vivió la eliminación a manos del Xerez, cierto, pero también más de un cese. También vivió las gradas semivacías contra el Logroñés un día de 1993, pero eso no indica que aquello fuera lo deseable, ¿verdad Josu? Pero de esto, gradas, hinchas y actitud, hablaremos en el próximo capítulo.

Resumen: M.A.R.S.E.L.L.A.

Mentalitá: dícese de un batiburrillo flexible a interpretable o pseudocódigo deontológico propio de una particular manera vivir el fútbol y el mundo “ultra”, con normas de actuación que a priori ensalzan la dignidad, la pasión y ciertos aspectos más, propios y exclusivos de las gradas de los estadios.

Antifascistá: se supone que lo eran. Pero no podemos entender cómo todavía, en la Europa más fascista desde el año 45, los grupos ultras con mentalidad antifascista no han hecho una reflexión sobre la violencia en el fútbol y a qué nos conduce. Sigamos jugando a la ruleta rusa (no va con segundas).

Realitá: banda de macarras viaja armada a tu ciudad y tira bengalas a hinchas de la grada inferior que nada tienen que ver con el mundillo, actuación que, para más inri, recuerda bastante a enemigos acérrimos suyos de la capital francesa a quienes tanto odian. Sí, ayer los macarras del Olympique de Marsella pensaron que Bilbao no era Donosti y aquí no había buenos pintxos, y trajeron los suyos de casa. No para cortar queso y hacerse un bocata o cortar la txina y hacerse un porro, se entiende. En redes sociales ya habían avisado de que venían con intenciones, y lo demostraron. Pero olvidaron de que las duras calles de Marsella no lo son tanto en Bilbao y han quedado retratados.

Securitá: por una vez, el dispositivo diseñado por la Ertzaintza parecía que iba a funcionar. Fueron conducidos al Gulag de Zorrotzaurre y allí pasaron un buen rato con las gaviotas, a quienes no agredieron. Pero fue ser conducidos a La Catedral al grito de “Puta Bilbao, puta Bilbao” (pura poesía provocativa en un barrio con la densidad poblacional de Siberia), y se desataron las hostilidades. Por el camino ETB cubrió en directo su corteo, explotando el morbo y dándoles notoriedad. Una vez dentro del estadio, el cacheo falló, otra vez. No sabemos si los ultras llevaban las bengalas en el recto o si son magos, pero las metieron. Nada que objetar si hubieran sido responsables y simplemente las hubieran encendido y apagado en el lugar. Pero hicieron lo que se esperaba de ellos teniendo en cuenta los precedentes. Tiraron una encendida a la grada inferior. Y San Mamés estalló. Luego algunos ultras se quejan de las prohibiciones pirotécnicas  con el  trillado “no pyro no party“. ¿Quizá debería cambiar a “no brain no party“?

Eurocopá: no estamos preparados ni como ciudad, ni como provincia ni como sociedad para afrontar a los que nos puede venir en el 2020. Es más que evidente, y no nos cansamos de repetirlo.

Liberté: …pour les ultras? Así rezaba una pancarta en Marsella uno de sus últimos partidos en casa. Hay tres detenidos, y buscan a un cuarto, por las agresiones a los trabajadores de la seguridad privada de San Mamés. A uno de hicieron un corte en el cuello con la hebilla de un cinturón después de la gran hazaña de la bengala.

LegalitéSinceramente, en un contexto de recortes de libertades en todos los ámbitos, incluidos los estadios, actuaciones estúpidas como las de ayer no hacen más que justificar las medidas excepcionales e injustas que sufrimos los hinchas, lo que nos conduce otra vez a la reflexión en las gradas antifascistas. Estando las cosas como están en Bilbao, todo apunta a que se comerán un buen marrón.

Au Revoir: podemos decir agur a la Europa League durante un par de años. No damos la talla y hemos vuelto a ver otro esperpento futbolístico como hacía tiempo que no recordábamos. Sin estrategia, a trompicones, hemos sido inferiores a todos los equipos que nos hemos cruzado. La buena noticia es que dejarán de visitarnos algunos indeseables como los de ayer. Au revoir pues, o hasta nunca.

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A quien corresponda

Alabinbonban BlogZinea está totalmente al margen de cualquier tipo de violencia en el deporte.

Alabinbonban BlogZinea es un fanzine independiente social, política y económicamente.

Las expresiones vertidas en este blogzine cumplen escrupulosamente la legalidad vigente. 

Nunca pensamos, en nuestra condición de fanzine futbolero, que tendríamos que llegar al extremo de tener que aclarar estos puntos previos ante la amenaza de censura, cierre u hoguera social por parte de los que ostentan el poder en la CAV y el Estado y los lobbies que les mantienen. Hace unas horas, la cuenta de Twitter @AskeoihuA ha sido bloqueada por mostrar opiniones contrarias a las del rodillo mediático desatado en Bizkaia contra Herri Norte Taldea. Mañana puede ser cualquier otro. Disentir del único relato posible que quieren imponer tiene un precio. Primero, la libertad de expresión. Más tarde, quién sabe, quizás el probable rearme con escopetas de pelotas de goma, algo que ya han solicitado públicamente sindicatos policiales como ESAN, al que pertenecía el finado según publicaba Gara el domingo. Veremos cómo encara la consejería de seguridad una situación que se la ha ido de las manos, algo que lamentablemente se veía venir, habida cuenta de los dispositivos empleados en otros partidos de alto riesgo como PSG, Napoli, Anderlecht, Atlético de Madrid, etc.

San Mamés ayer dio muestra de una tensión inusitada, alimentada por unos medios (especialmente los más vendidos en la provincia, de clara tendencia derechista) que no han dudado en lanzarse a la yugular ante un enemigo al que tenían en la diana desde hace mucho tiempo. Según acabó el minuto de silencio, que la grada respetó, HNT entró exigiendo justicia para Iñigo Cabacas. La pitada fue general y llena de agravios. Les tenían ganas. Ocurrió en dos ocasiones seguidas, por si una no era suficiente. Parece que un sector de la afición se olvida del trato que la Fiscalía ha dado a un hincha suyo apenas unos días atrás. Evidentemente, el hartazgo de muchos socios con la violencia alrededor del fútbol es totalmente comprensible, así como los efectos de los mass-media, pero no es excusa para silbar y ponérselo en bandeja a aquellos que buscan dividir, enrarecer más si cabe el ambiente y equiparar ambas muertes. En todo caso, San Mamés y sus aledaños se han convertido en un campo de batalla durante demasiadas noches europeas. ¿Por qué?

Más allá del hooliganismo en sí y las formas que toma en un lugar u otro, de amistades y enemistades entre ciertos grupos y la violencia que conllevan, Bilbo está señalado en el mapa como objetivo prioritario de la extrema derecha europea, algo que queda demostrado cada vez que nos visita el equipo de turno con ultras de dicha tendencia ideológica. Tristemente, Europa es a día de hoy un campo abonado de la extrema derecha. Parece mentira que la segunda guerra mundial la perdieran los nazis, si bien el hecho de que el capital acabará triunfando, vía “fin de la historia”, puede hacernos entender este proceso de derechización. El fútbol es, pues, fiel reflejo de sociedades cada vez más xenófobas, nacionalistas y racistas. En ese contexto, arrasar Bilbo o cualquier otra ciudad con connotaciones antifascistas supone poner una pica en Flandes. Así pues, con el historial de incidentes de los últimos años, la llegada del Spartak había alarmado por su peligrosidad. Lamentablemente, el guión que el audio que circulaba por redes sociales vaticinaba se cumplió. Y se cumplió desde el lunes, cuando unos pocos rusos se plantaban en pleno Casco Viejo gasteiztarra a buscar follón con premeditación y alevosía. La Ertzaintza, en fuera de juego por no haber vigilado un lugar ya señalado, acabó por centrarse en evitar que los locales lincharan a los rusos.

Saltamos al jueves, día de partido tras la manifestación contra la ultraderecha convocada un día antes. Coincidiendo con el corteo de los hinchas rusos hacia San Mamés, decenas de ultras rusos atacaban, una hora y media escasa antes del pitido inicial, el bar de Piratak, peña ajena al hooliganismo. El grueso de los ertzainas desplegados (no 400, ni 500, y claramente insuficientes) cubría el corteo de la Gran Vía mientras hordas rusas, armadas hasta los dientes, trataban de arrasar con un local y los allí presentes, otro objetivo señalado de antemano. Toda Bizkaia, la Ertzaintza incluida, sabía que dicho bar era objetivo prioritario de los ultras, por lo que lógicamente cabe preguntarse por qué no estaba suficientemente protegido y cómo pudieron llegar hasta allí sin ser detectados. ¿Falta de efectivos? ¿Pasividad?

Es más, cuando los rusos atacan a hinchas locales son éstos los que han de defenderse, pues los pocos ertzainas en las inmediaciones tardaron en actuar. Es decir, vendidos a su suerte e inseguros en su propia ciudad, la autodefensa y la pirotecnia les libró de un mal mayor. Se pusieron en lo peor y esa previsión fue crucial. Esto es sumamente grave, ya que en una sociedad democrática cualquier individuo renuncia al uso de la violencia y se lo cede al Estado, que vía policial garantiza la seguridad de sus ciudadanos. Al menos en teoría, ya que, repetimos, los precedentes de PSG, Napoli y un lamentable etcétera vienen a corroborar lo contrario, es decir, que reiteradamente hay fallos enormes en los operativos policiales. ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Habríamos de pensar mal, ergo en alguna oscura motivación? ¿Dará alguna explicación al respecto Beltrán de Heredia, la misma que pide reflexión al fútbol como si éste tuviera vida propia? ¿Está obviando sus responsabilidades?

¿Qué alternativa tenía un hincha normal? ¿Quedarse en casa? ¿Y los bares? ¿Debían bajar la persiana? Esa lectura debieron de hacer en un colegio de Indautxu al cancelar su actividad extraescolar. Si hasta las monjas dudaron, de facto, de la capacidad de la Ertzaintza para hacer frente a los ultras y de proteger a la ciudadanía, es que llovía sobre mojado. El ejemplo es ilustrativo, más allá de encuestas y estadísticas, de la confianza que genera el cuerpo, al menos en ciertas situaciones.    

De mientras, los miembros de HNT estaban retenidos en el edificio de peritos desde las 7 de la tarde. Hay fotos que así lo atestiguan, pero los medios sólo publican aquellas con las armas que les habrían sido interceptadas. Si el grueso, pues, de dicha peña estaba bajo estricto control policial, no pudieron participar como grupo organizado en incidente alguno. Sin embargo, la mayoría de medios les señala, la gente se cree una versión oficial evidentemente falaz y, aviso a navegantes, la Ertzaintza acaba irrumpiendo en su local dos días después so excusa de los decibelios y llevándose la recaudación de un concierto. ¿También se llevan la caja registradora de los pubs que pudieran incumplir normativas de aforo, permisos o ruido? ¿A dónde va ese dinero?

Más allá de filias, fobias y trayectorias hooligans de cada cual, la búsqueda de un cabeza de turco que tape el desaguisado es evidente desde el minuto uno. El audio de la “bengala que explota cerca y le perfora el pulmón” es una delirante invención cuya procedencia lo hace más grave aún. Empero, muchos medios abrazaron ansiosos la versión: Marca tituló “asesinos”, Tele5 habló de “radicales locales provocando a hinchas rusos”, Manu Carreño de la peligrosidad de los ultras de Bilbao, Marsella y Lokomotiv (obviando intencionadamente al Frente Atlético, con dos asesinatos en su haber). El hecho de que hubiera rusos con ganas de gresca desde el lunes o el ataque a Piratak pasaron a segundo plano o quedaron directamente silenciados. Manipulan, desinforman y explotan el morbo adherido a la violencia. Señalar y criminalizar sale barato. 

Pero si al ertzaina lo mató un precario estado de salud y una jornada maratoniana y estresante, algo que es competencia directa de la consejería de interior, y si el grueso de HNT estaban retenidos, parece razonablemente plausible dudar de la versión oficial. ¿Quién participó en los incidentes? Probablemente, gente a título individual que carece de siglas, con lo que es más difícil de identificar, señalar y, por ende, criminalizar.

Da igual, que corran ríos de tinta, con opinadores a sueldo, sociólogos, políticos y demás gente dilucidando el porqué de la violencia. La culpa es del fútbol, los ultras, el heteropatriarcado, la testosterona o, si no, “los antifascistas que se comportan como fascistas, son fascistas” (Aitor Esteban, PNV). Prácticamente todos ellos reduccionismos malintencionados que obvian un elemento clave como es el carácter ultraderechista de los visitantes y la inseguridad ciudadana ante ellos. Los políticos de este país, en especial aquellos situados a la izquierda, harían bien en reflexionar sobre los límites de la corrección política, aclarando cuándo está legitimado el uso de la violencia y cuándo no. Si sólo vale como autodefensa feminista, en respuesta al FMI, en Intxorta en 1936 (en Santoña ya no) o cuando la policía que has dirigido durante décadas acumula unas 200 denuncias por tortura o le da por cargar contra la población “de manera proporcional” o, es igual, “entrando con todo al callejón”. La piel fina para lo que queremos. Por tanto, quien apela al mantra de “la violencia es mala venga de donde venga” y luego la ejerce o ampara es un cínico e hipócrita. No quedan Gandhis, y mucho menos a nuestro alrededor. De oportunistas y moralistas baratos, en cambio, vamos sobrados. Queda la sensación de haber cuentas pendientes entre más de un agente y ganas de imponer la agenda particular de cada cual; mientras, todos aquellos que queremos disfrutar del fútbol en paz, con hijos, familia y amigos y a quienes la violencia nos parece el último recurso, quedamos relegados a un plano meramente testimonial o, peor, somos vulgarmente instrumentalizados.  

Dicho lo cual, no hay que olvidar que en el mundo de las gradas hace falta una profunda reflexión, que creíamos que se daría con la asesinato de Jimmy, entre las hinchadas antifascistas. Un pacto de mínimos, de no agresión, que prevalezca sobre otras cuestiones podría ser una medida que ayudara a aminorar la violencia alrededor del fútbol. De lo contrario, los medios continuarán minando su legitimidad por mucho que hayan servido en más de una, dos y tres ocasiones para pararle los pies al fascismo y malnacidos varios (los ultras del PSG por ejemplo) cuando éstos se han dedicado a cazar y agredir a todo aquel que pasaba por su lado por el simple hecho de ser vasco, del equipo rival o poteador en Doctor Areilza. Algún periodista que desde el altar del supuesto sentido común pontificaba sobre cobardía y cagarse en los pañales debería bajar de su torre de marfil a la calle y ver cómo actúan violentos de todo signo. Lo mismo se derrumban algunas poses, falsas equidistancias y acusaciones; pues es fácil zumbar a culatazos a alguien inmovilizado en el suelo (hay vídeo), mas no tanto entrar al cuerpo a cuerpo en un cruce de Sabino Arana con una turba de tarados mentales paramilitares entrenados para hostiarse en un bosque con sus congéneres. Y mejor no entremos a mayores comparaciones.

La CAV, ese autodenominado oasis, no está preparada para la Eurocopa 2020. Si la llegada de un grupo de 2000 es capaz de liarla así, qué no será capaz de hacer una cifra 10 o 20 veces mayor. ¿Es el negocio de unos pocos (sí, unos pocos) lo suficientemente rentable como para seguir con un evento con tales peligros? Y, ojo, las pelotas de goma no son la solución. No van a paliar la sensación de indefensión actual; al contrario, aumentarían las opciones de causar heridos, probablemente ajenos a los causantes de los disturbios, en situaciones donde hay grandes multitudes congregadas. 

Un último apunte para la directiva del Athletic, que ante las órdenes de arriba y las presiones de parte de la masa social anuncia medidas disciplinarias, se presenta en concentraciones y envía tuits sin valorar ni un mínimo el agravio comparativo que supone su postura con la que mantuvo con la muerte de Iñigo Cabacas. Duele decirlo, pero así es. Si una muerte merece un homenaje por parte del club, quizá debería éste tener la misma vara de medir, la misma humanidad y la misma actitud, porque de lo contrario, se pone en evidencia. Tres cuartos de lo mismo puede decirse de quien pretende equiparar la muerte de Ino con la de Cabacas como si de un partido de fútbol se tratara; o de quien pide empatía y señala culpables, olvidándose de la hemeroteca y el trato y las palabras que Atutxa y compañía dedicaron a Rosa Zarra o Kontxi Sanchiz. Porque la desazón nos lleva irremediablemente a acordarnos de Cabacas y del trato que Athletic Club, Ertzaintza y algunos de sus sindicatos, PNV, Fiscalía y demás políticos han dispensado a su familia y allegados.

Si el club decide, pues, borrar a algún socio o sector de San Mamés, solo esperamos que lo haga en frío y no al vaivén de la presión social. Con luz y taquígrafos, criterios objetivos, pruebas fehacientes y, ya puestos, un código ético aplicable a más casos. Porque lo mismo hay individuos, notorios socios, salpicados por casos de violencia de género, corrupción, los papeles de Panamá o demás males. Lo mismo es socio quien mató a Cabacas, quién sabe. O quien dio la orden.

Reflexionemos, pues, pero que no nos tomen por idiotas.

San Mamés libre de fascismo

Los negros aguiluchos vuelven a sobrevolar alrededor de la afición rojiblanca como si fueran buitres carroñeros. Si para el partido del Spartak hay convocadas una manifestación y una concentración antifascista ante la posible llegada de hinchas fascistas rusos que ya han aparecido en Gasteiz y el enésimo (y más que probable) ridículo monumental de la Ertzaintza, el domingo en el Wanda Metropolitano algunos aficionados colchoneros recibían a los miembros de Herri Norte Taldea con gritos de Viva Hitler y demás fascistadas habituales en el estadio de los cuchillos sueltos.

En efecto, de todos es sabido que un sector de la afición atlética tiene lo más granado del fascio patrio. Y que la tolerancia (o lo que sea…) de los cuerpos de seguridad hacia ellos es por todos conocida. Y qué mejor ocasión para poner el foco en el auténtico problema de la violencia en el fútbol en el Estado: la abundante presencia de grupos fascistas y neonazis en las gradas. Hace ya 20 años Aitor Zabaleta murió asesinado a las puertas del Calderón. No nos cabe duda de que el domingo, si se hubiera dado la ocasión, habrían hecho lo mismo con otro hincha del Athletic Club. Pero bien podría pasar en Gijón, Sevilla, Cornellá o Valencia.

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Sinceramente, lo de ayer no nos sorprende, como ya decimos es habitual ese tipo de recibimientos, sea HNT o cualquier otra peña significada políticamente o no. Es sabido que el terreno que pisamos está sembrado de cunetas repletas de fusilados por el franquismo y que la impunidad continúa 80 años después.

Hace pocos días los clubes han subido el sueldo a otro que tal baila, el que fuera militante de Fuerza Nueva Javier Tebas. El Athletic Club votó en contra. Quizá se podría seguir esta línea y, con la participación de todos, declarar oficialmente San Mamés como un lugar libre de actitudes fascistas y racistas. Sí, ya sabemos que no somos el Sankt Pauli y que Bilbao no es Hamburgo, pero sinceramente, creemos que si hay algo que nos une a todos los Athleticzales es precisamente el rechazo a los fascistas. Si la Liga no actúa y el Gobierno tolera, seremos los clubes y los hinchas los que tengamos que dar un paso al frente.

FAXISMOA AKATU