Los cacheos de la 13

El partido contra el Valladolid, pasando por la zona, asistimos de nuevo a una muestra de discriminación, en este caso negativa por parte del club, con los aficionados del sector 110.

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Analicemos la cuestión en su conjunto, para llegar a la conclusión de que no sirve para nada más que para estrechar vínculos sexuales entre el segurata de turno y el aficionado, o para que te manoseen el bocata, y si jugamos contra el Real Madrid, hasta la bolsa escrotal, o como en el caso del partido de ayer, para que se forme una cola interminable y se enturbie el ambiente.

En primer lugar, sobra decir que criminalizar a esa parte de aficionados ya es de por sí, como poco, feo, arbitrario y poco estiloso. Podríamos llegar al razonamiento de que justo en ese sector se agrupa la gente más joven (con esta política de cuotas va a ser que no) y animosa, que en algunos casos podría coincidir que pueda montar follón fuera en algunas situaciones particulares. No lo sabemos, y además, nos da igual. Lo que pase fuera del campo, fuera queda y ya no es potestad del Athletic ni de la seguridad privada. Sólo sabemos que dentro, no ocurre, o no ocurre más que en el resto del campo.

Por otra parte, que alguien nos explique qué sentido tiene, ahora que la tribuna norte baja no tiene separación por dentro, que sólo se cachee en una puerta. Es que es de cajón. Si alguien quiere meter algo prohibido, sólo tiene que hablar con un amigo de la misma tribuna, pero de otra puerta, para hacerlo. Aparte de que la separación con el sector 109 tampoco es que sea Checkpoint Charlie, y desde ahí se podrían pasar más armas que en la frontera de Siria.

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Pero nosotros, nos cuestionamos: ¿qué se supone que va a querer meter ese supuesto potencial delincuente? ¿Un misil tierra – aire, un hacha, una motosierra? Viendo la precisión con que los seguratas acometen su tarea, tenemos claro que el que la quiera liar, la puede liar perfectamente. Como toda la vida. Es que si no, ¿qué van a poner? ¿Detectores de metal? ¿Perros adiestrados? ¿Obligarán a la gente a desnudarse y hacer una exploración anal?

Es todavía más gracioso cuando uno piensa que se han gastado una millonada en un centro de seguridad y un sistema de cámaras que podría contar los pelos de tu nariz. Vamos a ver, con esos datos y las multas que mete la Comisión Antiviolencia, ¿quién la lía dentro de un estadio? ¿Y de qué creativa manera? ¿Alguien puede asegurar que esos cacheos hayan dado resultado para evitar algún problema? La respuesta es obvia, no. Ni lo harán.

Por lo tanto, elevamos esta queja al club, de nuevo, para que acabe con esta medida discriminatoria y absurda, aparte de desagradable.

Otro día, queridos lectores, hablaremos de la excesiva concentración de ertzainas en los alrededores de la 13, su presencia intimidatoria y sus exquisitos modales británicos.

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Un comentario en “Los cacheos de la 13

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