Capitán Andosilla

No nos suele gustar hacer referencias a jugadores, por muchas razones, entre ellas, el desorbitado sueldo que tienen. Pero dejando de lado este tema, sí podemos hacer una excepción para referirnos a Carlos Gurpegi.

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El actual capitán del Athletic ha recorrido un largo camino, no exento de obstáculos, para llegar a ser uno de los puntales y el auténtico káiser del equipo. Había quien pensaba que, después de la sanción de 2 años, Gurpe no volvería a ser el mismo. Se equivocaron, y no sólo volvió a ser el de antes, sino que además pasó a ser un defensa muy completo. El gran partido que completó contra el Real Madrid viene a confirmar todo lo anterior. Tácticamente soberbio, duro, rápido al corte y preciso, y bien por arriba. ¿Se le puede pedir más a un central? Las carencias técnicas las suple con una actitud de hierro y un compromiso total y se ha convertido en una referencia y un ejemplo para los jóvenes que vienen de la cantera.

Y es que nos gustan los jugadores como Gurpe, dignos sucesores de Goiko y Rocky Liceranzu, que no se dan por rendidos, que lo dan todo en el campo y que encima soportan estoicamente los insultos rastreros de no pocos seguidores contrarios. Cuando estuvo lastrado por las lesiones, supo recuperarse, ya que nos consta que lo da todo en los entrenamientos, como debe ser. Y no es de los que da la nota fuera del campo. Vamos, un profesional como la copa de un pino.

Pero como no todo puede ser de color de rosa, un tirón de orejas por una acción del domingo. Está bien, y todos nos divertimos mucho con la expulsión de Cristiano Ronaldo, merecida, más que por la acción en sí, por el historial de impunidad del Real Madrid. Está bien que los jugadores del Athletic se defiendan y sean agresivos. Ahora, lo de tirarse al suelo por una caricia… feo detalle. Si hace años no nos gustó el teatro que hizo Casillas con Yeste, tampoco debería cegarnos el hecho de que las triquiñuelas nos beneficiaran el domingo.

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Ahora, el lance tuvo algo de justicia poética, de pagarles con su misma moneda, cierto regusto a venganza después de la cantidad de “errores” arbitrales perpetrados, tanto en el césped como en los despachos, a favor de los de siempre. Esta vez no se nos quedó cara de panoli, lo cual agradeció nuestro cutis. Pero por si esto fuera poco, la ocasión ha servido para volver a certificar el estado comatoso de la prensa deportiva. El lavado de cara que le hacen al Madrid y los brutales ataques al árbitro y a Gurpegi serían una rabieta de niño malcriado si no fuera porque, lamentablemente, suelen dar resultado. Entre todos los aprendices de periodista, la mayor patinada fue la de un tal Oscar Coach, de la Cadena Ser. Ha borrado la perla pero la duda es: ¿Le saldrá gratis?

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En cualquier caso, lo que es gratis y además reporta beneficios es hacer teatro sobre el césped. Españistán inventó la picaresca, no la honradez, y en esas seguimos, sin nadie que coja al toro por los cuernos (será que falta testiculina). Sancionar al teatrero puede ser una buena medida y si alguien de los nuestros merece castigo ése es Herrera, después del piscinazo en Getafe y su posterior disculpa Borbón style (“lo siento, no volverá a ocurrir”) ante sus amiguetes de Cuatro, los mismos que tanto nos quieren.

No se nos puede llenar la boca con Gure Estiloa y luego aplaudir a un jugador por simular una caída, aunque venga de CR7. Los árbitros y los jugadores deberían ver más fútbol inglés.

Esperemos que sea un lapsus, así que ahí va nuestro pequeño homenaje a Gurpe:

Carlos Gurpegi,

kapitain haundi haundi,

bihotza zurigorri,

Carlos Gurpegi.

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