Herri baten zaintza

Como prometimos en el artículo de los cacheos, hoy trataremos sobre la proliferación de unos seres, a veces de rojo, otras de negro, que pululan por los alrededores de la tribuna norte de San Mamés.

No vamos a poner en cuestión la necesidad de que haya seguridad (léase policía, empresa privada, municipal), en un evento donde se reúnen miles de personas, corre el alcohol y la droga a toneladas y a veces hay “diferencias de criterio” que pueden provocar incidentes. La virtud suele estar en el término medio, y si bien no sabemos si el número es suficiente o excesivo, su presencia intimidatoria y actitud son desproporcionadas a todas luces.

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Desliegue ante la puerta 13

Como en el tema de los cacheos, vuelve a aparecer la discriminación y la presunción de culpabilidad. Si no, que alguien me explique, viendo la foto, qué hacen estos amables señores en buen número en los alrededores de la puerta 13 y sólo de esta puerta. Sabemos que 13 es el número maldito, pero no creemos que sea la razón para que aquello parezca Kiev.

Tenemos un modelo policial totalmente exagerado y con unas costumbres y manías que parece que se han quedado ancladas en el Día de las Banderas de Aste Nagusia o cuando estaban los de marrón, dando palos a diestro y siniestro. Durante las temporadas previas a la muerte de Iñigo Cabacas, ya vivimos episodios que nos hicieron prever lo peor. Sí, cualquiera que haya ido a partidos europeos o vivido la visita de ciertos grupos sabrá de lo que hablamos. O la semifinal contra el Mirandés. Porque por si no lo sabían, lo que ocurrió aquel desgraciado 5 de abril de 2012 tiene graves precedentes con heridos y cargas indiscriminadas que pusieron en peligro a muchas personas.

AthleticMirandes

Llegado el punto al que se llegó el día del Schalke, que debería haber hecho reflexionar por lo menos a los mandatarios y responsables políticos y a los diseñadores de los dispositivos, vemos que la situación no mejora y que da la sensación de que cuando completen la grada visitante, las cosas se pueden volver a poner feas. La calle trasera que da a Olabeaga es una ratonera, y estos señores, que no son precisamente esmirriados, no dan mucha confianza cuando uno les mira a la cara. Más bien parece que se han tomado un Red Bull con anfetas.

Y es esta actitud de matón una de las causas de que la tensión a veces estalle. Para evitar esto, una solución podría ser la de dejar a los policías más “contundentes” lejos de las tribunas, en segundo plano, y que no se note su presencia. Porque este estado policial no es normal. Sería más amable un despliegue discreto, pero a las viejas águilas del establishment no les gusta eso, ellos quieren marcar territorio. Quieren intimidar porque creen que sirve. Y es verdad, acojona cruzarse con un armario ropero con casco y porra que a la mínima te suelta un guantazo. Tampoco vamos a pedir que de repente les salga la vena negociadora y la mano izquierda, lo llevan en los genes.

Esta temporada ya hemos asistido a 2 encontronazos. Las aguas no bajan tranquilas y la policía autonómica no está en su momento de mayor popularidad, porque se lo han ganado a pulso. Así que pedimos un poco de cordura a los responsables de los despliegues, y que reflexionen sobre todo este tema. El público exige seguridad, no violencia e intimidación. No vamos a olvidar cómo se llegó a la muerte de iñigo y los factores que la desencadenaron. Esperemos que no tropiecen con la misma piedra y vuelva a ocurrir una desgracia.

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