Petro…noooooorl!

Antes de que nadie nos salte al cuello con argumentos económicos y contables, recordemos nuestros plácidos días de camisetas limpias, de rayas rojiblancas inmaculadas cual inocente cervatillo. Sí, existen, algunos románticos las seguimos llevando y nos negamos a pasar por el aro. Nos da igual que se agujereen o que huelan a rancio y la sobaquera sea más amarilla que la piel de Homer Simpson.

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Como en un cuento, érase una vez una época en la que nuestra vestimenta no llevaba publicidad, y encima era algo asumido por todos, intocable, innegociable, y que hasta se ponía a la venta en la tienda oficial. La publicidad era como una especie de pecado mortal que simplemente con mencionarlo te podría poner en peligro como si te soltaran en medio de Bagdad con una careta de George Bush. Sí, amigos, había una época en la que todos teníamos unos principios por encima del interés del capital, ese oscuro interés que todo lo invade y que mercantiliza cada espacio de la sociedad. El fútbol no podía ser menos, y claro, según el Athletic y su inteligente directiva, había que cuadrar balances, algo que todos entendemos pero que nosotros, unos cabrones malpensados, sospechamos que esconde algún que otro gracioso matiz.

Servidor se pregunta si llegó antes la necesidad de cuadrar balances por evidencias económicas inevitables o si por el contrario, esa necesidad surgió de una manera algo más artificial, con nocturnidad y alevosía, vistos los implicados y el resultado final.

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Cualquiera puede echar un vistazo a lo que supone en el presupuesto del club el sueldo de la primera plantilla. Viendo la calidad media de nuestros jugadores, uno podría pensar que están pagados por encima de la media. Es evidente que puede haber un debate sobre si a los jugadores del Athletic se les paga de más en términos de mercado por nuestras “especiales” limitaciones. También es evidente que si un jugador destaca por su calidad y no le pagas lo que le ofrecen otros equipos punteros, probablemente decida irse. Ahora bien, ¿es legítimo que a un jugador medio se le pague más por jugar en el Athletic que si lo hiciera en otro club? A mí me vienen a la mente el sueldo de Toquero o la oferta que se dice le hicieron a Amorebieta para renovar. Escandaloso. ¿A cuántos jugadores más se les ha renovado por encima de su precio de mercado? ¿Ese extra que se paga en sueldos, no cubriría lo que se ingresa por la publicidad en la camiseta? En ese caso, ¿no deberíamos retroceder y renunciar a unos ingresos que, aunque jugosos, nos convierten una vez más en un producto banal?

Todavía surgen más preguntas cuando uno ve lo que se ha ingresado por Javi “Bubka” Martínez y el año siguiente se prepara un plan para “invertir” 20 millones de euros en obras en Lezama. ¿Quién será quien se beneficie en último término? ¿Hacemos apuestas?

Por otra parte, no es un secreto qué relación puede haber entre la directiva y la dirección de Petronor. De hecho, Macua pagó los servicios prestados otorgando la insignia de oro y brillantes del club a un personaje como Josu Jon Imaz que, cosa sabida es, accedió a la presidencia de Petronor previa presentación de su currículum en ventanilla. Además, no hay que olvidar cómo Macua, en una sucia jugada, aprovechó los últimos meses de su mandato para renovar el contrato con Petronor. Y el que venga detrás que arree.

Pero, ya puestos a mercantilizar algo tan preciado como la camiseta del club, y viendo lo que cobran otros equipos, ¿es la oferta de Petronor (2,1 kilos por temporada) mejor que otras? Diversos medios aceptaron y publicitaron la operación alabando los réditos económicos que daba, comparando las cifras con otros equipos de la liga BBVA. Y es que para esos hombres de mundo, tan cosmopolitas ellos, España parece “una unidad de destino en lo universal”, única referencia con la que medir nuestras hazañas. ¿A nadie se le ocurrió cotejar qué cobran los clubs de esas otras ligas “menores”? ¿Tan poco valemos de repente?

Sigamos: ¿Es ético alardear de “Gure Estiloa” y luego venderse a una petrolera? Macua y compañía eligieron una empresa con, digamos, mala fama y le pusieron en bandeja limpiar su nombre publicitando a un club que, mira por dónde, sí goza de buena impresión social en la provincia. Vamos, que además de puta, ponemos la cama.

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Y, para ir acabando, la pregunta del millón: ¿Hay que primar lo económico o lo ético? ¿O las 2 cosas?

Con estos datos sobre la mesa, ¿cuál era el objetivo de este post? Pues en primer lugar desahogarnos acordándonos de los deglutidores de caviar que pululan por el palco y la zona VIP en las finales. Y en segundo lugar, no olvidar un debate que se ha diluido en el tiempo. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a vender cada espacio del club? ¿Cuál es el siguiente paso? ¿Poner el nombre de una marca comercial al estadio? ¿Que nos patrocine Bárcenas, Urdangarin? ¿Poner una mascota y llamarla Sabino? Si el argumento es económico, ¿estamos maximizando el beneficio o se lo estamos dando a amigos a menor precio? ¿Somos el Athletic Club de sus socios, o una marioneta de los intereses de algunos sectores poderosos (y forrados) de esta sociedad? ¿Esta última pregunta era necesaria?

Nuestra conclusión, como no podía ser de otra manera, es que queremos nuestra camiseta inmaculada y jugadores con pelos en las piernas y bigote a lo Clark Gable que a cada paso que den retumbe el campo y que no conduzcan un Porsche Cayenne. Y partidos los sábados a las 21 o los domingos a las 17. Queremos barro en el campo y no esa hierba que parece el jardín de los Teletubbies. Queremos un retorno al pasado y que un Delorean nos lleve a 1984 y ver a Endika meter el gol en la final de Copa y no a Herrera celebrando un gol cogiendo el banderín. No nos gustan los besaescudos ¿Es mucho pedir?

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