No sé si volveré a bajar al bar

Partido fuera de casa, jugamos a domicilio, y otra vez la misma pregunta: ¿bajo al bar a ver el partido? No es de sencilla respuesta, y es que recordando algunos momentos, a uno se le quitan las ganas.

La última vez que bajé al bar a ver un partido del Athletic, terminé amargado. Y no por el resultado del partido (palmamos 2 – 0). Lo que realmente me fastidió la tarde fue aguantar a algún que otro “aficionado” del bar. Gritos, insultos racistas, incluso amenazas tuve que escuchar hacia los jugadores, tanto de nuestro equipo como del contrario. ¿Una cuadrilla de tribuneros amargados?

Modélicos hinchas del Athletic animando a su equipo

Modélicos hinchas del Athletic animando a su equipo

Así fue cada minuto que pasaba, yo estaba inconscientemente más atento de lo que decía el personal que de lo que pasaba en la pantalla. Poco a poco, la fuerza de atracción que estaban ejerciendo hacia mí me hacía girarme más hacia el lado de los impresentables, que en un constante intento de superación y protagonismo, rebuznaban una barbaridad tras otra.

  • “Eres un hdp”

  • “más malo que cáncer”,

  • “es que lo voy a matar”

  • y el tan utilizado “¡¡si es que son más malos…!!”

  • “dale una hostia al negro”

No nos engañemos, es relativamente habitual que ciertas personas se tomen ese tipo de licencias cuando de un partido de fútbol se trata. No sé por qué, pero el fútbol parece que socialmente justifica este tipo de actitudes. Si les oyéramos decir lo mismo en otro contexto, no tardaríamos en ponerles en su sitio. Pero estamos en el bar y viendo fútbol.

De la misma manera, yo no sabía que en la taberna, entrenadores frustrados de primera división se juntaban a ver los partidos. “Que si este entrenador no tiene ni puta idea, saca al otro que éste es muy malo”, “a ver si se jubila”, “es que no juegan ni a tabas…”

“¡¡¡Pero tira p’alante!!!” … El famoso “tira p’alante…”, vamos a ver señor, repase el concepto de triangulación, si es que le suena de algo. Vamos, ¡de matrícula de honor! En algún momento hasta me pareció oír un “esto con Caparrós no pasaba”. Seguramente el oído me jugó una mala pasada. Os aseguro que yo he visto a algún amargado de éstos ver que el Athletic marca un gol y casi molestarles más que celebrarlo.

No quiero pensar cómo se comporta esta gente en la tribuna de San Mamés, si es que van. ¿Será este el origen del runrrún que se escucha de fondo cuando uno de los nuestros no acierta?

El sujeto tipo en cuestión al que más odio tengo puede llegar incluso a ponerse en medio del bar mientras da paseos hacia la televisión adelante y atrás, vaso en mano, mientras al mismo tiempo hace aspavientos con los brazos. Dirige el partido, protesta al árbitro y contrarresta argumentos a otros clientes con un “no tienes un puta idea”.

Cuando decides que no puedes seguir así y te dispones a tomar la única vía de solución posible, te das cuenta de que le acompaña mujer e hijo. La pareja suele asistir con bastante vergüenza al espectáculo, por lo que debes envainártela, terminar tu caña y marchar a casa a tirar de roja directa.

La conclusión es lógica, si no quieres escuchar vete a casa, págate el plus o piratea… al bar se viene a beber y a charlar. A ver fútbol y animar, se va al campo.

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