¿Efecto Cabacas?

El “efecto Cabacas” atenaza a la Ertzaintza. Así reza el titular de David S. Olabarri, supuesto periodista de El Correo, el 7 de marzo de 2014, a menos de 1 mes del segundo aniversario de la muerte de Iñigo a manos de la Ertzaintza. Todo ello a colación de los incidentes del pasado día 3 de marzo a cuenta de la cumbre económica en Bilbao. Incidentes que han terminado sin heridos de gravedad y con unos cuantos daños materiales sin demasiada importancia, aunque los peritos parece que hicieron horas extras para cuantificar los daños en un cifra sorprendentemente redonda de 100.000 euros, ya se sabe que el vidrio está por las nubes y que una mentira repetida un millón de veces se convierte en verdad, ya lo dijo su amigo Goebbels.

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Realmente, el titular del artículo nos ha hecho daño. Normalmente nos tomamos la bazofia de ese medio de incomunicación con humor, dentro de lo que cabe, pero en esta ocasión, creemos que han traspasado una línea roja que no creíamos que se atrevieran a cruzar de una manera tan burda.

Se permiten cosas impensables hace tres años. Nos vemos obligados a replegarnos y no respondemos a las agresiones. También hay compañeros que no quieren coger la escopeta

…desde otros ámbitos se denuncia que estos cambios dejan desprotegidos tanto a los ciudadanos que son víctimas de algún delito como a los propios ertzainas, que se sienten “criminalizados” y pueden “pensar dos veces” antes de actuar para socorrer a alguna víctima o atajar algún delito

Para los agentes ha habido otros casos que también resultan reveladores de este “miedo a emplearse con contundencia”

Ya conocíamos su afición por hacer un uso político y mercantilista de cualquier tema que se precie, pero es lo más rastrero y pueril usar el caso de Iñigo para:

  1. Insinuar que la Ertzaintza ha sido menos contundente de lo que se supone que debería.

  2. Poner al mismo nivel la lucha policial contra delitos comunes o defensa de la ciudadanía y las actuaciones en manifestaciones.

  3. Hacer el caldo gordo a Erne, demás “sindicatos” y sus voceros para usarlo políticamente contra el Gobierno Vasco.

  4. Vender más periódicos, en última instancia.

¿Tenemos que pensar entonces que habría sido mejor que hubieran disparado pelotas de goma a la cabeza de la gente otra vez? ¿Se supone que una actuación correcta habría sido la de cargar como unos animales contra la gente y volver a jugar a la ruleta rusa a ver si muere otro ciudadano inocente? ¿Quién pone el baremo de lo que es correcto en cuanto a actuación policial? ¿Ugarteko? ¿Aldekoa? ¿Un mandril sentado sobre el disparador de una bomba nuclear? ¿Quién es la víctima aquí, Iñigo, o un agente de la Brigada Móvil?

Es por todos conocido el rasero que en general usan para sus noticias. Pero llama la atención la nula humanidad que han demostrado con Iñigo y su familia al utilizar el término “Efecto Cabacas”. Criminalizan indirectamente (¿o es directamente?) la figura de Iñigo, como si su muerte fuera la responsable de que ahora los siempre amables ertzainas no se vieran con la suficiente confianza como para reventar a hostias a todo lo que se mueve, que ha sido su práctica habitual en numerosas ocasiones.

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Pero en esta ocasión habéis resbalado y bien. Un chaval de Basauri, que no había hecho daño a nadie, acabó muerto. Ése es el hecho, y no fue fortuito como se intenta pintar, fue fruto de una praxis concreta, con unas decisiones políticas concretas y con unos protagonistas concretos. Y de momento, ha salido impune. Durante los días posteriores disteis voz a las intoxicaciones que provenían de la consejería de interior y de la propia policía, ayudando a darles tiempo para que montaran la farsa que montaron. No lo vamos a olvidar. No valen vuestros falsos lamentos y vuestro doble juego, aquí se está con la familia de Iñigo o no se está, sin ningún interés adicional. Y ya habéis demostrado vuestra postura. Habláis de fatídica carga, y acto seguido actuais de proxenetas de las voces más reaccionarias de la Ertzaintza. Ésa es vuestra talla moral y vuestro código deontológico.

Y no vamos a seguir, de momento, por no emularos y hacer un uso pueril y rastrero de la figura de Iñigo y el caso en cuestión. Preferimos recordarle y decir a su familia y amigos que seguiremos dando voz a su petición de justicia, sin condiciones.

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