Athletic Club – Cartel del Calderón: la Contracrónica, patrocinada por Ugarterko

Se repitió la historia de la copa, 1-2, con remontada incluida, así que no nos quedó otra que largarnos a los bares para debatir científicamente sobre el partido, los jugadores, el ambiente de San Mamés y ese puñado de gente que contra viento y marea intenta con mejor intención que resultados que todo el santo estadio anime, etc, etc, etc.

En esas estábamos, en los bares, charlando de lo divino y lo humano, cuando unos señores de uniforme entendieron que alguien les había provocado, pararon sus furgonetas de luces azules y decidieron darle un par de democráticas caricias a la primera persona que, sin haber abierto la boca, pasaba por allí. Si este era el “efecto Cabacas” que según El Correo atenazaba a la Ertzaintza, apañados van los que querían vendernos a una policía cercana al ciudadano.

Decía Manu, el aita de Iñigo Cabacas, en la inauguración de la plaza con su nombre en Basauri, que si la Ertzaintza estaba atenazada, no se les nota, y que a la cuadrilla de Iñigo, todavía este año, cuando iban a entrar a San Mamés, a algunos de ellos les han arrinconado por ir con una pancarta en su recuerdo, insultándoles y amenzándoles. Y les han ofendido. El resto, porque hay más, lo tienen en este enlace:

*a partir del 8:24, aunque recomendamos verlo entero.

Ya hemos escrito sobre el turbio ambiente que se respira alrededor del estadio con la amenazadora presencia de estos tíos (herri baten zaintza), que parecen urukhais antes de la batalla. Sus miradas no invitan a mantener una conversación con ellos, más bien dan ganas de salir corriendo y refugiarse en una cueva. Suponemos que les tienen en una jaula sin comer durante una semana.

Para rizar el rizo, nos comentan que los cacheos en la puerta 13, algo sobre lo que también hemos escrito anteriormente (enlace), están pasando de castaño a oscuro, y son más que excesivos. No sabemos si el obispado tiene algo que ver en los tocamientos, pero nos han dicho que aparte de generar colas, con el peligro que supone, un amable miembro de la seguridad del estadio, en esa misma puerta, tuvo la amabilidad de agarrar por el cuello a un socio y gritarle una muy educada frase, haciendo que éste último se revolviera y cómo no, los urukahis se acercaran con sed de sangre.

Despliegue en San Mamés un fin de semana cualquiera.

Despliegue en San Mamés un fin de semana cualquiera.

Como pedir sentido común a esta gente es un ejercicio utópico, haremos como Manu Cabacas y les diremos: lo que tienen que hacer, si quieren y de verdad se sienten mal, es delatar a los responsables llevando todo lo que saben a disposición de la jueza.

Mientras no suceda y no se haga justicia, se pueden ir ustedes a tomar vientos. Emplazamos al Athletic Club a tomar cartas en el asunto en la medida que parte de sus socios están siendo vejados y maltratados.

 

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