Compra, memo, compra

Compra hasta que te mueras. Compra cualquier mierda y lúcela orgulloso, no sea que te quedes atrás en una ficticia carrera basada en la apariencia. Dale tu pasta al fulano de turno a cambio de costear tu vicio. Comprar, comprar y comprar, amigos, principal actividad del mundo civilizado. Contentos vamos, pues, a nuestras boutiques favoritas pero el horror nos sacude en cuanto entramos en el universo Athletic y nos damos de bruces con merchandising chabacano como el que a continuación detallamos.

Empecemos por los patrocinadores y digámoslo claro: cualquier camiseta o sudadera que incluya publicidad adquiere el rango de asquerosa por muy bonita que pueda parecer en un principio, caso por ejemplo de la tercera equipación verde. Donde antes había un orgulloso hincha del Athletic con una impoluta zamarra ahora tenemos a un fulano haciendo propaganda. Que tu amatxu te haya regalado la equipación por Olentzero no es excusa. Por favor, tapa el chapapote con cualquier otro slogan o, mejor, bórralo, que hasta tutoriales hay por la red. De lo contrario pensaremos que

  • a) eres cuñado de Josu Jon
  • b) tienes acciones de Petronor o
  • c) eres tan bobo que no te enteras de a quién beneficias tras pagar más de 10 talegos por una camiseta.

Antes de zanjar el tema publicitario, no olvidamos las bufandas y banderas con patrocinio de IMQ, Vocento, San Miguel o la panadería de turno. Sabemos quiénes sois (tipos de Athleticzales).

hau ez da gure estiloa

Continuemos con las camisetas. Muy mal hay que hacerlo, al margen de ponerle publicidad, para que una camiseta del Athletic resulte rematadamente fea. Tuvo que ser un artista llamado Darío Urzay quien lo lograra al engendrar la popularmente conocida como camiseta ketchup. Lamikiz, algo tuvo que hacer bien, suspendió el acuerdo y desde entonces nada hemos sabido de la posterior trayectoria artística de Urzay; lo mismo se ha escondido en la misma cueva que el expresidente. Para acabar con camisetas horrendas, aún recordamos algunas de Juanjo Valencia. En un puesto que tradicionalmente requiere sobriedad el portero nos sorprendió con modelitos multicolores diseñados por algún triposo en Woodstock del 69.

athletic-camiseta-urzay

Pero volvamos de los 90 y situémonos en 2004. Sabíamos de la publicidad encubierta y del uso de famosetes a la hora de promocionar artilugios, aunque desconocíamos cuán grande podía ser su impacto hasta que Yeste marcó un gol y lo celebró enseñando unos horrendos gallumbos rojiblancos. El efecto llamada fue tal que las ventas de los calzoncillos se dispararon de cojones, nunca mejor dicho. El jefe de marketing de Ibaigane se marcó un tanto y el iluso comprador quizás pensó que con aquello entre las piernas podría acabar emulando a su ídolo; es decir, bañándose con dos mozas en el jacuzzi de Lezama. Bueno, y con Del Horno. Viendo cómo la gente acudió en masa a comprar gallumbos tan horteras nos descojonamos cuando algún plumilla de El Correo habla de lo formal y tradicional que es la parroquia rojiblanca. Como en los anuncios prostibularios de Deia y Vocento, algo se esconde tras la aparente rectitud moral, ya que el club se ha soltado tanto la melena que hasta vende tangas rojiblancos en la web. Sólo falta que la tienda del Athletic venda condones rojiblancos, aunque para ello Urrutia debería pedirle permiso antes al obispado y a la amatxu de Begoña. Venga Josu, unos condones con la imagen de Toquero y el slogan “Tú también la puedes meter” se venderían como churros; y todos sabemos que aquí lo principal es el dinero.

Porque dinero, dinero y más dinero es lo que quieren del aficionado desde la dirigencia, que diría Bielsa. Si no, no se explica que en las tiendas oficiales te vendan banderas que luego a duras penas te dejan introducir en San Mamés. No sea que, rodeado de circuitos cerrados de seguridad y mil cámaras de televisión, se te ocurra lanzarle el mástil al linier. No sea que cuelgues la bandera y tapes la sacrosanta publicidad, gestionada, para más inri, por una empresa que luego no paga. No sea que se te ocurra dar colorido a tu localidad.

Otro ejemplo flagrante de comercialización fue la idea de vender, cual sagradas reliquias totémicas, trocitos de césped del viejo San Mamés. En vez de dejar que el populacho diera rienda suelta a sus instintos más british (léase hooligans) invadiendo el campo, como ocurre en infinidad de estadios una vez se disputa el último partido, a alguna mente brillante se le ocurrió que aquello quedaba feo (bueno, a lo mejor) y que era mejor intentar sacar tajada de un césped cambiado infinidad de veces. Vender un poco de hierba a 35-40 euros es más propio de camellos pero, por si las moscas, no queremos establecer ninguna comparación. Esto en caso de que sea hierba, ya que si las ovejas de San Miguel se dedicaron a comer el césped, ¿qué metieron en las urnas? ¿la lana que no iba en las bufandas 100% acrílico?

cesped de SM

Damos por finalizado el museo de los horrores rojiblancos con el material conmemorativo de las finales. Polos y ediciones exclusivas con el nombre del rival son prácticamente un ultraje, más aún después de perder las finales. Sin embargo, son las bufandas compartidas las que más irritan nuestros delicados ojos. Ver una bufanda con una mitad del Athletic y en la otra mitad los colores del Barça o el nombre del Atlético de Madrid hace llorar a cualquier Athleticzale de bien.

Ya tenemos mecheros, tangas, ambientadores de pino, cubertería, vino (Dios salve a Larrazabal), toallas, edredones, cojines, calcetines y hasta manjares culinarios del Athletic (Telepizza). Amigos, cualquier mierda susceptible de dar dinero será puesta a la venta. ¿Qué será lo siguiente? ¿Dodotis?

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