Argentina: Mafias Bravas

O de cómo Alabinbonban cruza el charco para conocer mejor las gradas argentinas.

Actualmente, y de un tiempo a esta parte, las barras bravas saltan con notable asiduidad a las páginas de los periódicos argentinos, si bien sus andanzas son más propias de las crónicas de sucesos, o incluso de las páginas de política, que de las destinadas al deporte. Barra brava, sobra decirlo, se identifica automáticamente con violencia. Una violencia explotada y convenientemente mediatizada. El testimonio de Sistiaga, sin ir más lejos, es un buen ejemplo de todo esto

Este documento, centrado en los aspectos más morbosos y cuyo atractivo radica en el aspecto visual, no es sino otro ejemplo más de la espectacularización de la violencia. La televisión nos vuelve a anunciar lo mala que es dicha violencia pero no ceja en explotarla y sacarle provecho. Centrándose en el impacto que nos producen barristas más o menos drogados empuñando sables y pistolas, se ignoran o se pasa de puntillas sobre aspectos cuya importancia y repercusión deberían ser centrales, vitales, para abordar el problema de raíz y formar adecuadamente la opinión pública. Son videos montados ex profeso para que el espectador preste más atención al dedo que a la luna, algo a lo que en Españistán estamos por desgracia acostumbrados. Apañados vamos si la investigación y la denuncia está, como nos intentan hacer creer, en manos de gente como Sistiaga, Mercedes Milá o, ya puestos, Callejeros. Las cadenas mayoritarias obedecen a intereses empresariales, por lo que también podéis añadir a la lista al progre edulcorado de Évole y demás compañeros de cadena.

Por supuesto, este formato de fácil digestión no es exclusivo de Sistiaga. Ahí tenemos si no al actor inglés Danny Dyer, que aprovechó su participación en la película Football Factory para realizar una serie de documentales retratando a los hooligans más peligrosos del globo. Toda la serie supone otro ejemplo más de cómo explotar el morbo adherido a la violencia futbolera, aunque en su descargo diremos que, al menos, no nos aburre con moralina barata.

Siguiendo con reportajes cortados por el mismo patrón, en Asado Barrabrava se nos muestra una extensa y distendida charla con capos ya retirados y un poco de periodismo justiciero ante un presunto asesino, todo ello montado con un espíritu de chirigota más propio de Alfonso Arús. La falta de seriedad, habiendo muertos de por medio, es vergonzosa. Enlazamos la versión completa, aunque hay otra versión de mejor calidad y cortada en cuatro capítulos.

“Todo tiempo pasado fue mejor” vienen a decirnos estos señores, ajenos a que el posterior desarrollo del fenómeno de los barras bravas es, en gran medida, consecuencia lógica de aquello que ellos dejaron sembrado. Negocio, droga, trapicheo, violencia, “ascendencia” sobre directiva y jugadores, fierros (armas blancas), jerarquías internas… Todo eso ya estaba allí cuando los jóvenes llegaron. El paso del tiempo y el continuo incremento de la apuesta harían el resto.

Menos sensacionalista e impactante pero probablemente más elaborado encontramos el documental emitido por Hispantv.

En este documental encontramos a Gustavo Grabia, periodista del diario Olé y autor del libro “La 12. La verdadera historia de la barra brava de Boca”, donde repasa el surgimiento y posterior desarrollo de la barra argentina más conocida. Grabia no ha pisado las zonas circundantes al paravalanchas, esa especie de púlpito para los líderes de la barra, pero eso no le ha impedido tener acceso a barristas y elaborar un libro notablemente interesante. Su amplia experiencia y seguimiento a las barras le preceden, por lo que no da el perfil de un Antonio Salas de la vida o del típico periodista ávido de carnaza. Si el lector busca un relato desde dentro de la barra, existe una obra autobiográfica titulada “La vida de Paquinco. La leyenda de la 12”, a la que por desgracia no le hemos hincado el diente.

La Doce ok

Volviendo al trabajo de Grabia, conforme van pasando las hojas vemos desfilar a los Barritta, Rafa Di Zeo o Mauro Martín y el ensayo va cogiendo aire de película mafiosa con tanto clan, negocio turbio, subordinados, vínculos políticos y policiales y luchas internas por el poder. Decía Grabia en una entrevista que

“la base del poder de una barra son los contactos con el Estado, el poder político y la policía, y los contactos con la dirigencia del club. Y tenés que tener la base de la gente, que te pide sangre”.

Sea Sicilia, México o el conurbano bonaerense, la mafia opera de similar manera, allá donde el Estado no llega pero en gran medida con la connivencia de éste. Las barras fundan un status quo paralelo con sus propios códigos, leyes, impuestos, vínculos, seguridad, etc. En lo tocante al negocio se rigen por la lógica capitalista. No es de extrañar, entonces, las peleas intestinas por agarrar mayor porción del pastel, si no el pastel en su totalidad. Hay mucha plata en juego: entradas, drogas, el pizzo a los bares del estadio o el negocio del parking en días de partido son sólo unos ejemplos.

la 12

Leyendo el libro se aprecian diferencias entre las barras de ayer y las de hoy, aunque, como apuntábamos antes, también cierta continuidad. Puestos a preguntarnos en qué momento ocurrió el salto cualitativo, Grabia apunta que

“no es casualidad que la gran explosión de la violencia en el futbol se vea desde fines de los ’90. Es el momento en el que explota el futbol como negocio planetario”.

“Los hinchas son más hinchas de su hinchada que de su equipo. Yo tengo una teoría: mucho tiene que ver con el desguace de los planteles. Hoy casi no te podés identificar con los jugadores de tu equipo porque a los seis meses lo venden. En cambio, el que está arriba del paraavalancha está siempre, llueve o truene, gritando”.

Si el fútbol se ha convertido en un negocio inmenso a costa del sufrido hincha, si club,  jugadores y demás agentes implicados en el bisnes explotan la pasión de la hinchada y viven de ello, ¿con qué legitimidad moral le dirán al barra que no puede sacar tajada de un tejemaneje basado en su sentimiento? La lógica es perversa pero explota y se mediatiza de veras en cuanto se torna bidireccional. Entonces, en vez de erradicarlos, resulta más fácil aceptar a los barras en el negocio. Al fin y al cabo, que estos insiders exijan su parte es consecuencia tanto de lo descrito anteriormente como de una sociedad corrupta. Además, no hay que olvidar la función del fútbol como narcótico sociopolítico, más en un contexto como el del corralito argentino, y quién se beneficia de ello. Así que, juicio arriba-juicio abajo, medidas anti-violencia y declaraciones altisonantes mediante, muchos barras ostentan, siguen ostentando, enorme poder e influencia. Son años de favores mutuos y chanchullos varios con directivas, agrupaciones políticas (barras rivales llegaron a desplegar la misma pancarta contra el grupo de comunicación Clarín), representantes de jugadores, policía etc. Si los barras han llegado a servir hasta de fuerza de choque para determinados partidos políticos, no es de extrañar que muchos viajen por la patilla al Mundial o que recientemente la presidenta argentina Cristina Kirchner cuasi justificara la violencia en el fútbol achacándolo a los malos arbitrajes (más info acá). Ya ven, amor con amor se paga. Por todo esto, tampoco asombra que un personaje como Di Zeo, por poner un ejemplo, no sea un inadaptado social, se codee con gente bien y le inviten como estrella a late-shows televisivos. Checkeen youtube si no lo creen.

En todo caso, sería un error entender la violencia como un hecho aislado o expresamente circunscrito a los barras bravas y pensar que la sociedad argentina no se topa con violencia en otros aspectos. Si de verdad quieren acabar con la violencia en el fútbol tendrán que ir más allá de sus efectos y atacar las causas, que son más de las que aquí esbozamos y que seguro implican a más de un pez gordo. Es improbable que haya arrestos en altas instancias a fin de depurar responsabilidades, por lo que la violencia no desaparecerá de las canchas.

guardia imperial

Suele ocurrir que a menor negocio mayor pasión. Así lo demuestra el documental (y photobook) “El otro fútbol” (más info acá) en un repaso sin narración a los equipos y gradas de categorías inferiores del fútbol argentino. Alejados de los focos se encuentra fútbol en estado puro, camaradería y pasión. Todo aquello que los barras bravas dejaron por el camino.

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