Iñigo: mentiras y preguntas sin respuesta (II)

Domingo sin fútbol, con el Athletic de vacaciones y buena parte de la gente en el Ibilaldi o en la fiesta de la escuela pública vasca. Ojeamos la prensa y, en general, poca novedad salvo algunos pequeños detalles en el llamado “caso Cabacas” publicados en Gara. Ponemos el Teleberri y nos cuelan como primera noticia a Urkullu repartiendo loas y medallas al mérito a diversos ertzainas (auxilio o accidente de tráfico, lo mismo da). Inciso: curioso el celo en premiar a algunos funcionarios mientras otros (médicos, maestros) son ninguneados o carecen de similar reconocimiento público. ¿El titular del evento? Lo “exasperante” que le resulta a Urkullu la tardanza de ETA en disolverse. Teletipos y agencias multiplicaron lo exasperado que se encuentra el lehendakari. Sobre Cabacas ni media palabra. Será que el caso no lo exaspera.

Si las principales noticias del domingo eran actos a favor del euskera o datos sobre la muerte de Cabacas, basta que Urkullu condecore policías y critique a ETA para que esta se convierta en la noticia del día en TeleBatzoki. He ahí la agenda del PNV: manto de silencio sobre Cabacas, condecoraciones al cuerpo que provocó su muerte y entorpecer la labor de la justicia. Burda maniobra de distracción, lenda.

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Decimos que están entorpeciendo la investigación porque el departamento de seguridad de Lakua se ha negado a darle a la jueza el protocolo para la disolución de manifestaciones vigente aquél fatídico día. Cualquiera con dos dedos de frente apreciará que el protocolo no se cumplió, a no ser que en él se recomiende cargar sin avisar y cuando no haya problema alguno. Asimismo, ha desaparecido, como por arte de magia, el registro de escopetas y pelotas utilizadas por la Ertzaintza ese día. Ni protocolo ni registro del material. Y, señores, aquí no pasa nada. Quién sabe, lo mismo alguna de las medallas que repartió Urkullu fueron para algunos responsables de esta chapuza, por desgracia, mortal.

El PNV y más concretamente Estefanía Beltrán de Heredia prometieron a familia y sociedad investigar el caso. Un grano más de la eterna campaña electoral. Ganaron las elecciones y lejos de cumplir con su palabra actúan en una dirección radicalmente opuesta. El calificativo de mentirosa es lo menos que se han ganado ella y, por ende, el partido al que representa. ¿Los que acusaban a cierto sector de intentar politizar el caso no ven aquí una instrumentalización política del dolor?

Todo esto nos lleva a reafirmarnos en aquello que dijimos hace menos de un mes (enlace). Las preguntas siguen vigentes. Respondan de una vez porque su legitimidad sigue en entredicho y lo mismo les cuesta votos. Sí, es un planteamiento mezquino, pero estamos seguros de que a alguna se le hace conocido el modus operandi. Respondan, por favor, aunque sólo sea por el miedo a perder cuatro cochinos votos.

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