Re-NO-vaciones

Vuelve a la carga el circo mediático, ese ente abstracto formado por periódicos deportivos, páginas rojiblancas de periódicos regionales, representantes y a saber qué oscuro personaje más. El hincha ha de seguir sufriendo en verano porque millonarios prematuros (Munian, Laporte, Herrera) puedan marcharse a otro club. ¡Oh, ultraje! Cifras mareantes e interés de medio mundo en nuestros futbolistas. Y si no hay interesados, ya se los inventarán:

  1. Los representantes, para subir la ficha y pillar cacho.
  2. Algunos medios para meter presión a la directiva y/o vender humo, si no directamente mentiras en forma de especulaciones, en una época en la que las noticias escasean.
  3. Otros rivales, famosos por pescar en río revuelto y expertos en desestabilizar. El Barça es el mejor ejemplo.

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Se pueden hacer un montón de elucubraciones al respecto, y muchos pueden acabar llorando porque su jugador más querido no ama tanto como suponía el escudo de su Athletic. Sentimos decirle a ese aficionado llorón que el fútbol es un negocio y que está totalmente mercantilizado. Claro que, puestos a analizar algunas cosas que rodean este tipo de historias, nos planteamos cuestiones curiosas como:

  • ¿Realmente los futbolistas son conscientes de que son tratados como mercancía? ¿Priman más los intereses del representante o del jugador? De esto hablábamos con Sergio Corino, y nos lo dejó algo más claro (enlace)
  • ¿No es suficiente lo que cobran en Bilbao? Se habla de que Iker Muniain pide 3 millones. Cifra más, cifra menos, pongamos que el Athletic le acabara pagando 2,5. Con 5 años de contrato sumaría 12,5 millones, sin contar lo que ha ganado ya y otro contrato posterior. Un obrero por cuenta ajena que cobrara 20.000 anuales, sumaría 800.000 en toda una vida laboral de 40 años.
  • Por mucho que los futbolistas sean mercancía, resulta estrafalario justificarlos comparando su situación con la del currela de a pie, ese que “también se marcharía a otra empresa si le pagaran más”. El trabajador tiene deudas en forma de hipoteca, coche y otras facturas mientras el futbolista prácticamente no sabe en qué gastarse los cuartos. No me imagino a ningún mecánico fichando por Talleres Toronto y besando el escudo de su buzo cada vez que acierta a cambiarle el filtro de aceite a un R5.

Opiniones hay para todos los gustos, pero nos sorprenden mucho las que vapulean a la directiva por no dar a los jugadores lo que piden sin pensarlo dos veces, otros por apurar hasta el último momento del contrato (sin tener ni pajolera idea de si las negociaciones han durado 3 años) y las peores, las que piden una venta a cualquier precio antes de que se vaya gratis. Vamos a ver, con el dineral que pone el Athletic encima de la mesa, porque todos sabemos que es un club que paga a tiempo y en generosa cantidad, si un jugador no renueva, es porque no quiere. Es normal que los jugadores que destacan intenten apretar un poco, que para eso es un negocio. Pero, ¿dónde está el límite y en qué momento se acaba faltando al respeto a la afición? Es el jugador el que quiere apurar hasta el último año de contrato para meter más presión, es él el que se iría gratis en caso de no renovar.

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Gran parte del dinero que ingresan los integrantes de la primera plantilla sale del bolsillo de los socios. No se puede olvidar eso. Nos han venido subiendo las cuotas de manera constante hasta el punto de resultar inasumibles para la mayoría de la gente. Y que alguien quiera apurar hasta límites que podrían causar otra subida de cuotas, o vernos obligados a llevar publicidad hasta en los calzoncillos, desde luego a nosotros, no nos sienta nada bien (por ser suaves). La Junta deberá valorar con el entrenador si el jugador en cuestión merece el precio que pide o no, pero llegado el caso, está claro que la Junta no se puede plegar a todo.

Lo que no llegamos a entender es a algunos aficionados que piden el mejor equipo, competir por títulos y fichajes sin darse cuenta de que eso cuesta un precio. Pagamos 11 millones por Beñat para un rendimiento muy pobre. Sumado a su sueldo, que suponemos alto, ¿cómo afecta a las cuentas del club? ¿Y a la cuota de los socios? ¿Nadie se plantea estas cuestiones cuando se piden fichajes top? El dinero no sale de debajo de las piedras, y si no queremos convertirnos en esclavos de TVs, patrocinadores, compañías y sucedáneos, tendremos que empezar a desinflar la burbuja.

En definitiva, no nos volvamos locos. El Athletic puede hacer un equipo competitivo con mucho esfuerzo, pero no podemos vender nuestra dignidad para que un jugador se pasee con un Porsche Cayenne por nuestras narices para encima luego hacerle reverencias. Si queremos ser fieles a nuestra filosofía (eso que a estas alturas no sabemos muy bien qué significa), tendremos que hacer como toda la vida, seguir tirando de cantera. Como hemos dicho, el club paga, mucho y bien, en algunos casos, demasiado. Consideramos pues que la pelota y la responsabilidad está del lado de los jugadores… o de sus amos.

Y ojalá el aficionado de a pie recuerde el habitual circo negociador en el que se enfrascan la mayoría de los jugadores cuando llegue la hora de vitorearlos en el estadio por un gol y dos regates. De momento, el mejor dribling de Muniain está siendo en la mesa negociadora.

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