El 11 del Mundial

Ya llega el Mundial. El negociete de la FIFA ha de continuar y si el fútbol sirve para tapar miseria, bienvenido sea. Ocurre, sin embargo, que el hedor es tan grande que ni siquiera en un país tan futbolero como Brasil el populacho se ha dejado engatusar con cantos de sirena. Las protestas están a la orden del día y todo indica que en los próximos días habrá más protestas y represión. A continuación esbozamos algunos detalles de todo este sarao.

1- Gasto público: El presupuesto ha saltado por los aires. Sólo en construir y adecuar estadios se estima que el gasto es superior a 3.000 millones de dólares. Otras fuentes cifraban hace un año el gasto total en 9.700 millones de euros. Y aún hay infraestructuras sin concluir. Las expectativas de riqueza para el país, convenientemente alentadas y manipuladas por la FIFA, se convierten así en deuda pública.

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2- Deuda pública: ¿Quién la pagará? La FIFA no pone un duro, suficiente tiene con “organizar” el expolio. Dicho brevemente: dinero público financia un mundial cuyas ganancias se las embolsa una organización privada que, además, cuenta con exenciones fiscales. La historia es bien conocida, neoliberalismo de manual. Las cuentas no salen y ¿qué hace el gobierno de Brasil? Por poner un ejemplo, subir 20 céntimos el precio del transporte público. Los brasileños financian una deuda que ellos mismos acaban pagando mientras la FIFA se hace de oro.

3- Favelas y desahucios: Se calcula que más de 150.000 personas van a ser desalojadas de sus hogares debido al mundial. Además, la labor de la llamada “policía pacificadora” está dejando por el camino más violencia y asesinatos. A tope con los derechos humanos.

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4- Democracia: Hace un año, el secretario general de la FIFA, Gerome Valcke, dijo que demasiada democracia puede ser un obstáculo para organizar un Mundial de Futbol. ¿Más indicios que avalen el carácter mafioso de la FIFA? Sí, a continuación.

5- Robo: Joana Havelange, del comité organizador local del mundial, es nieta de un expresidente de la FIFA e hija del expresidente de la Confederación Brasileña de Fútbol. Si recordamos que tanto su padre como su abuelo estuvieron involucrados en casos de corrupción, quizás no sorprenda tanto su desfachatez al afirmar que “no voy a estar en contra del mundial ahora, porque todo lo que había que gastar y robar ya está hecho”. Era su forma de deslegitimar las protestas de la ciudadanía, puesto que “si había que protestar, tenía que haberse hecho antes”.

6- Protestas: Las hubo antes, las hay durante y probablemente las habrá después del mundial. La última es la huelga en el metro de Sao Paulo, empresa en la que el gobierno ha despedido a más de 40 trabajadores. Tras dedicar el gasto público a enriquecer a la élite local e internacional, el Partido de los Trabajadores de Roussef intenta lavar su imagen internacional alegando que las protestas benefician a la derecha, que sacará rédito de las movilizaciones en las próximas elecciones. Que nuestros ojos hayan visto hoces y martillos en las protestas y demandas de gasto social en sanidad y educación nos hace dudar de sus patrañas.

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7- Condiciones laborales: ¿Cuántos muertos más hacen falta? Ya son nueve las personas fallecidas en la construcción o renovación de los doce estadios, pero para Pelé no es problema: “el accidente en el Arena Corinthians (un obrero muerto) es normal, son cosas de la vida. Fue un accidente, cosa normal, nada que me asuste”. No diremos qué se merece, no sea que nos chapen el blog.

8- Elefantes blancos: Así son denominados aquellos estadios construidos ex profeso para el mundial y que carecerán de utilidad después del campeonato. Cuatro de esos estadios están situados en áreas donde no hay clubes profesionales de fútbol. De hecho, están estudiando la posibilidad de que el estadio de Manaos, ubicado en el Amazonas, pueda reconvertirse en una prisión. Puro Simpsons, como en el episodio que convierten el auditorio diseñado por Frank Gehry en un talego.

9- Leyes made in FIFA: La FIFA impone sus normas y licencias hasta el punto de cambiar la legislación para poder vender alcohol (la marca oficial de cervezas de la FIFA) dentro de los estadios. Como ha dicho Maradona, “la multinacional (refiriéndose a la FIFA) se está comiendo la pelota”.

10- El balón del mundial: Otro sacacuartos, éste a 160 dólares del ala. El salario de las currelas que lo fabrican en Pakistán es de 100 dólares, y no por balón precisamente.

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11- Euskal Herria: Nuestra selección no está presente en este espectacular negocio disfrazado de competición deportiva, con lo que un motivo menos para seguirlo. Esperemos que España y Francia caigan cuanto antes, no por especial inquina, sino por no aguantar el  patriotismo carpetovetónico de los autodenominados no-nacionalistas.

 

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