Estatutos: Cuando la forma revela el fondo

La asamblea de compromisarios ha tumbado la renovación de estatutos. Tras esta negativa se esconden opiniones de todos los colores, lo cual no ha sido óbice para que los comentarios se centraran en la figura del presidente.Hasta Deia se soltaba un poco las amarras al focalizar el no en el ex-jugador. Mientras, Vocento hablaba de “contestación” y “revés” a la gestión de Urrutia, dando cancha, en su habitual afán enturbiador y oportunista, a ese ente de dudoso gusto llamado Athletic Eup, aquellos “aperturistas” en política de fichajes para Lezama. No cuela que El Correo intente hacer oposición con titulares sobre el acercamiento al socio y la transparencia, cuando ellos fueron los privilegiados niños mimados del igualmente oscuro Macua, elitista y encausado presidente al que defendieron a capa y espada.

Urrutia se presentó a las elecciones hablando, entre otras cosas, de una apertura de proceso participativo entre la masa social, a fin de lograr renovar los estatutos. Llegó la victoria electoral y el proceso participativo se transformó en la designación de una comisión redactora. El club se guardó un as en la manga, ya que podía tumbar de antemano las propuestas que los socios plantearan. Vía internet nos enteramos de que el club rechazó que la asamblea de compromisarios tuviera voto a la hora de aceptar o rechazar la cuantía de la cuota inicial del socio, esa que ahora está en la friolera de 1.600 euros. Elocuente detalle que retrata el talante democrático del club. Se debate lo que le interesa a la junta, y punto. Luego habrá quien se extrañe de la falta de implicación del socio…

Junta

Porque, no nos engañemos, los medios y las formas utilizadas en este proceso van en la dirección contraria a la participación de los socios. Asimismo, cualquiera que se haya tragado alguna de las asambleas de compromisarios puede intuir que promover cualquier visión alternativa del fútbol y del Athletic es como predicar en el desierto. Las estructuras de poder en el club parecen anquilosadas y el modo de funcionar se asemeja al de una sociedad anónima, camuflada mediante votaciones dirigidas (asamblea de compromisarios) o elitistas (elecciones).

Si Urrutia y compañía hubieran tenido verdadero interés en el sentir de la masa social, en vez de teledirigir el proceso y escudarse tras la comisión, deberían haber abierto un proceso verdaderamente participativo y horizontal, de abajo hacia arriba, y haberle dado la relevancia necesaria. Ocurre que quienes están a gusto con el servicio actual no están por la labor de emprender una tarea de esa envergadura, y a menudo tratan de verter mierda (un poco al estilo Archanco y la “ingobernabilidad”) sobre otros modos de funcionar; suponemos que la actual opacidad sirve a sus intereses. No se trata de organizar asambleas para decidir el color de los felpudos o el once inicial, sino de ensanchar el estrecho marco que desde arriba nos dejan. Superar el rol de clientes que nos han asignado. Más democracia, así de simple. Y de ahí saldrá mayor implicación, cuando se debata sin cortapisas. ¿Está dispuesta la actual junta a ceder poder decisorio? ¿O el “gure estiloa” seguirá siendo “todo el poder para el txoko”?

El futuro de los estatutos parece, de momento, la nevera. A un año de las elecciones la junta no se permitirá otro traspiés y seguro que opera más cómoda con el marco actual que con la opción de abrirse al socio. Ya llegarán elecciones y entonces vendrán a endulzar nuestros oídos. Nos es tan familiar su modo de actuar…

Para finalizar, la pregunta puñetera: ¿alguien se identificó con el ENA?

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