Herrera, agur eta horrore

No nos fiábamos. Bueno, en realidad no nos fiamos ni de nuestra sombra, pero las comedidas declaraciones y su cara de no haber roto nunca un plato nos hacían ver que tras su educación y su pose calculada se escondían mentiras y falsedades. Sólo un tipo como él podía salir airoso ante la afición tras el affair del pasado verano, cuando el ManU y aquellos abogados montaron un espectáculo chapucero a las puertas de la LFP. Sólo un tipo como él no acusó haberse ido lesionado a las Olimpiadas.Y sólo a un tipo como él le quedó tan falso agarrar un banderín rojiblanco para celebrar un gol. Quizás en Inglaterra sepan apreciar mejor sus modales y sus recientes declaraciones, así como las de su representante, palabras de amor más vacías que la cabeza de Salva Ballesta.

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Herrera ya no está y parte de la afición se comporta ante ello como lo haría una histérica plañidera. Ruiz de Galarreta, Aketxe o Unai López serían notables sustitutos, pero el despecho de algunos es tal que demandan millonarios fichajes de jugadores cuyo comportamiento poco se diferenciaría del de Herrera, Martinez o Llorente. Es como paliar la resaca con un cubata. Otros se llegan a plantear hasta el sentido de la filosofía. Si un vasco, aunque lo sea de postal como Ander, no siente los colores, no caigamos en la ingenuidad de creer que un extranjero sí lo hará o de pensar que saldríamos ganando con un cambio despersonalizador.

Quienes fían buena parte de su razón de ser athleticzale a la competitividad o a determinados jugadores no hacen sino empujarnos a la vulgaridad. Hay quien parece haber cambiado la filosofía y los colores por la idolatría a efímeros jugadores a quienes corea y jalea en San Mamés cual adolescente con Justin Bieber. ¿Qué enseñanza hemos extraído de anteriores marchas, cuando hay quien todavía no pone en valor la actitud de una junta que se niega a negociar una venta, salga bien (Javi Martínez) o salga mal (Llorente)?

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Tampoco hemos aprendido de las palabras de Bielsa, pues muchos aún no saben dónde reside la grandeza de este club. Hemos bajado el listón de nuestra dignidad y orgullo hasta límites que nos hacen parecernos demasiado al resto. Permitirnos tal bajeza es más peligroso que la marcha de cualquier empleado del club, por usar terminología al gusto de la junta.

Bienvenidos, pues, al capitalismo y al fútbol moderno que tras arrasar los despachos de Ibaigane aplica la misma lógica en la caseta. La pregunta ahora es ¿qué hacer con tanto dinero? Lezama, quitar la publicidad de la camiseta y recuperar paulatinamente la propiedad de San Mamés devolviendo el gasto público son las ideas que más nos agradan. Mal que nos pese, la sombra de buitres y “amigos” de la Txoika es alargada, la tentación de actuar como el Glazers United (antes ManU) también, así que ahí van unas ideas para gastarnos la pasta con estilo:

  1. Cerrar la cubierta del campo para los días que caiga sirimiri, que sea retráctil y con el arco encima.
  2. Construir un rascacielos en Lezama para las oficinas del club y alquilar Ibaigane para bodas.
  3. Subir la ficha de Muniain hasta 5 kilos netos al mes y ponerle un Hummer con chófer.
  4. Poner un busto de oro de los grandes benefactores del club en cada puerta de San Mamés: Josu Jon Imaz, Iñaki Azkuna, Basagoiti, Mario Fernández, Sánchez Galán y sobre todo, Eduardo Velasco y Jon Agiriano.
  5. Comprar el Bernabéu y alquilarselo al Real Madrid, excepto en finales.
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