Mundial: la contracrónica

Euskal Herria no podía competir en el Business Mundial, ya lo lamentábamos en nuestro particular once mundialista (El 11 del Mundial), por lo que la representación nacional se limitaba a oreos jugando para Españistán y el país que implementó el uso de la guillotina. Una representación así no despertó nuestro interés y encontramos al mejor embajador vasco en las gradas, celebrando el golazo de Van Persie que cimentaría el principio del fin para La Cosa.

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El 1-5 dejó tocado al ex-equipo de Fernando Llorente, defenestrado en favor de un Diego Costa semicojo, y el segundo partido certificó todos sus males. El día de su eliminación la programación de Tele5 fue un fiel retrato de Españistán. Primero Sálvame, el colmo de la banalidad, después el burdo intento de legitimar (¿?) un sistema político medieval, es decir, la coronación de Felipe VI, Señor de Bizkaia gracias a la abstención del PNV, y como clímax un España-Chile narrado por hooligans con mal perder como Camacho, el mismo jeta que achacó su salida de Osasuna a la política. Pésimo circo con el fin de embrutecer mentes.

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Para nuestra tranquilidad Francia caería poco más tarde, pero ciñámonos a lo memorable. Saltó a la palestra Luis Suarez por morder a un italiano y el Barça lo fichó apelando al seny y valors que demostró en su disculpa. Zubi lo excusó así pero todos sabemos que buscaban mayor mordiente para la delantera. La selección argentina se solidarizó con las abuelas de la plaza de mayo. También se comenta que Argelia y Bosnia donaron sus primas a la franja de Gaza. Y hablando de fútbol, el día en que mejor jugó Argentina el trofeo acabaría por irse para Alemania. Más allá de la final, será el 1-7 que los germanos endosaron a la canarinha en semifinales lo que pase a los anales del Mundial. Con el pitido final vimos rezar a David Luiz. No pocos pensamos en un castigo divino dirigido a Scolari y al gobierno brasileño.

La burguesía local, con Rouseff como cabeza visible, pretendía vender el Mundial como una fiesta nacional, por lo que cualquier protesta adquiriría tintes antipatrióticos automáticamente. Ilógico, pero ya sabemos cómo se funde la estupidez con los mecanismos del poder. Desde arriba taparon sus vergüenzas conjugando fútbol y nacionalismo hasta el paroxismo. Cuando se consumó la debacle, la venda cayó y la identificación previamente alimentada estalló. Habían sido humillados a todos los niveles y el fútbol ya no podía tapar nada. Algunos provocaron que las calles ardieran y la desazón generalizada tardará en disiparse entre los brasileños.

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Más allá de las protestas y el segundo Maracanazo, la resaca también les deja muertos como los de Belo Horizonte, donde un puente en construcción que debía estar terminado se fue abajo atrapando un autobús. Infraestructura pensada para turistas y estadios sin utilidad a mayor gloria de constructoras son otra de las herencias que el libre mercado lega a los brasileños. Esquilmar arcas públicas parece un deporte internacional. Sólo falta maquillarlo con goles y una dosis de corrección política.

En las vallas publicitarias y entre sponsors oficiales asomaba la patita un mensaje de la FIFA en contra del racismo. Después, cuando enfocaban a las gradas era más fácil encontrar a Wally que a un brasileño negro. Está muy feo discriminar a alguien por el color de su piel pero FIFA y otras instituciones promueven hacerlo en función del dinero. El acceso censitario a los estadios estaba cantado, como acabó evidenciando la apabullante presencia de rostropálidos locales en las gradas.

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La hipocresía de la FIFA es insultante pero aún peor es su silencio cuando se le pregunta por los “daños colaterales” del Mundial. Lo intentaron, en vano, los productores de  “El precio del Mundial“, un documental que nos acerca las favelas, los meninos da rua y los escuadrones de la muerte que por arte de magia aparecieron en áreas donde antes no operaban y que, casualmente, iban a ser sedes del Mundial. Activa los subtítulos en el enlace y también sabrás qué pasa cuando el dinero público se gasta en hormigón y no en obra social.

Desgraciadamente, la FIFA no tiene visos de mejorar y seguirá potenciando el negocio usando el fútbol como excusa. Por eso los próximos macrosaraos en marcha en Rusia o Qatar son espeluznantes. Como las cifras del Mundial.

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