Urrutia I, el Gradicida

El sábado, tras finalizar el partido contra el Celta, lo que queda de los viejos fondos de San Mamés, aquellos que inician y cantan el 99% de los cánticos que se interpretan en La Catedral, nos quedamos a exigir, no lo que nos corresponde a nosotros, sino lo que le corresponde al Athletic como club, a Bilbao como ciudad, y a San Mamés como Catedral. Los miembros de HNT, Piratak, algunas peñas más y miembros de la grada, nos juntamos en el centro de la grada norte para hacer visual el malestar por el inmovilismo de la directiva en este asunto que lleva meses en su tejado.

La historia viene de lejos, de los tiempos de Arrate y la instalación de los asientos, que supusieron el abandono de miles de hinchas rojiblancos de las gradas. Pero ha sido con esta directiva cuando hemos asistido a uno de los mayores despropósitos en la historia reciente del club, aunque no parece molestar lo más mínimo a la parroquia local. Porque ya no sólo es el chantaje con el que nos forzaron a aceptar el sector 110, es que encima los ideólogos de este desastre montaron una reserva natural en sur que se ha convertido en el hábitat de una especie que creíamos que sólo aparecía en las finales, en los palcos y en las reventas de entradas, el buitre carroñero. Sí, son aquellos que se han hecho socios de esa zona por el precio sin hacer lo que se supone que era objetivo de ese sector, animar. Todo ello con el beneplácito de la directiva, de la que sospecharíamos que hubiera hecho esto de manera deliberada si no supiéramos de su total inopia ante estas cuestiones.

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Toda esta sucesión de decisiones esconde un total desconocimiento de lo que siempre ha sido la grada de San Mamés, cuando no un desprecio total por la gente que la habita y la ha habitado durante su historia y por extensión, de toda la clase trabajadora de la que se nutría la afición otrora. Es lo que tiene el codearse con la jet set, que te aleja de la plebe. No hay más que mirar los 3000 asientos para VIPs VS los 500 para grada popular. Destilan clasismo por los 4 costados.

Su discurso para con la grada así lo refleja, con una mezcla de paternalismo, condescendencia, calculado peloteo y falta de compromiso que muestra a las claras que no sólo quieren pasar de largo por el tema sin hacer mucho ruido, sino que nos toman por tontos. Eso sin contar con el enésimo caso de arbitrariedad de la seguridad de la puerta 13, en este caso con un aficionado vigués, al que le incautaron una pancarta en la que se leía “Voltarem”, en solidaridad con los presos políticos gallegos. Ostracismo, criminalización y represión, hace mal esta directiva al creer que no nos damos cuenta de su estrategia desde el primer minuto, mientras se pliegan a los bastardos intereses de las empresas que rodean el palco cual buitres.

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Claro que, por otro lado, la capacidad de reacción y aglutinamiento de las gradas, tras tantos años, es menor, como se puede observar en las fotografías. Y eso es algo que la masa social no parece estar teniendo en cuenta, porque es un síntoma de que el ambiente languidece ante sus ojos. Sorprende ver cómo a muchos socios de tribuna les complace la visita de aficiones animosas que nos mean en nuestra casa, y se deshacen en elogios hacia ellos, cuando ven que su propio estadio se muere a la velocidad con la que devoran frutos secos. Y no contentos con eso, parecen insistir en darnos consejos y hacer análisis sin ninguna base para mejorar el ambiente de la catedral. ¿Pero qué leches va a pasar? Sin juventud, sin grada, no hay ambiente. Aquí y en China. Y la demostración es que en el estadio caben 53.000, y animamos 200, aunque ayer no fuera nuestro mejor día. Si quisieran, pondrían de su parte, pero no es su estilo.

Si Arrate pasará a la historia de la grada como el tirano que duplicó los precios y condenó al exilio forzoso a la mayoría de abonados y cuadrillas de chavales, esta directiva con Urrutia a la cabeza será la que, teniendo la oportunidad de enmendar los errores anteriores, lapidará una forma de ver el fútbol en la Catedral para siempre. Y lo peor es que son tan ciegos que ni se dan cuenta de lo que han hecho. Deberían saber que su paso por el Athletic es efímero, y como decían en Gladiator, “lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad”. Este presidente va camino de convertirse en Urrutia I El Gradicida. O espabila o tendrá un puesto privilegiado en nuestro particular museo de los horrores.

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