Bilbao – Oporto – Bilbao: bitácora de viaje

Después de 16 años sin desplazamientos masivos en Champions, la afición del Athletic volvió a acudir a otra obligada cita, en esta ocasión en Oporto. Desde el día anterior y durante el mismo día del partido fueron llegando cientos de hinchas en todos los medios de transporte posible en un peregrinaje que por momentos recordó mucho a Lisboa. Si el punto neurálgico de la noche había sido Ribeira y Aliados, durante el día se repitió.

Desde bien pronto por la mañana se hacía notar la nutrida presencia rojiblanca en el Casco Histórico de la ciudad. Los bares hicieron su agosto, podemos dar fe. Quizá faltó un centro que aglutinara a todo el mundo e hiciera la delicia de los transeúntes, muchos de ellos turistas, que miraban cariacontecidos a los animosos hinchas del Athletic. Pocos aficionados del Oporto por esa zona, quizá el estadio se encuentre demasiado lejos del centro. Qué poco nos gustan los templos del fútbol moderno en las afueras, cerca de la autopista y con centros comerciales alrededor.

Sobre la afición, podemos decir que tenemos la edad media más alta de toda Europa. No es por quitar méritos a todas las personas mayores que viajan con el equipo, más bien lo contrario, pero es un dato que debería hacer recapacitar a más de uno al que sólo le importa el dinero que el socio paga de cuota. Eso sí, en pocas aficiones habrá una mezcla tan variopinta.

En ésas estábamos, cuando nos llegó el rumor de lo que había ocurrido la noche anterior. Centenares de rojiblancos disfrutaban de la noche portuguesa pacífica y alcohólicamente, cuando a un grupo de ultras del Oporto con ganas de bronca les dio por buscar enfrentamiento. Lo consiguieron, pero lo que no esperaban fue la reacción de los rojiblancos. Dicen que a falta de pan, buenas son tortas, y algún ultrilla se lo pensará la siguiente vez que le busque las cosquillas a quien no debe. La lectura positiva es que el tema se zanjó con las ratas huyendo del bar. La negativa es, por un lado, el herido leve con brecha en la cabeza por parte de los nuestros y, por otro lado, la sensación que te deja de que si no hubieran dado con un grupo que les pudo plantar cara, quizá a estas horas estaríamos hablando de otra desgracia.

Después de varias horas de paseo y poteo, nos fuimos encaminando hacia el metro, donde coincidimos con miles de enfervorizados supporters  que esperaban al tren como soldados antes de entrar a la batalla. Quizá fue uno de los momentos más excitantes y motivadores del viaje. Entrar a grito de “Invasión! Invasión!”, petar el metro, gratis, y no parar de cantar durante las 5 estaciones que había que cruzar. Hay veces que se dan las condiciones perfectas para que se desate la euforia. Espectacular.

La llegada al estadio fue quizá uno de los momentos de más tensión. La policía portuguesa hizo honor a la fama de mamporrero de cualquier antidisturbios que se precie, y se empeñó no solo en entorpecer y ralentizar de una manera absurda y provocadora la entrada de los sufridos aficionados, sino que acabó cargando en más de una ocasión indiscriminadamente, lo que dejó algún herido y una sensación de peligrosidad que creíamos que no se daría en un lugar con tanta experiencia en visitas bastante más complicadas. La directiva del Oporto parece que se vio desbordada por los acontecimientos, e incluso se comentaba que había más gente dentro de la grada visitante de la que debía, quizá por la reventa y falsificación de entradas. Luego a la UEFA se le llena la boca con las normativas y la seguridad.

Una vez dentro, la distribución de los grupos, esto sí responsabilidad del Athletic, hizo que se produjeran enfrentamientos verbales entre aficionados rojiblancos. Unos querían estar de pie, otros sentados… llegados a este punto, que es un hecho repetitivo, la directiva debería ser consciente y al vender las entradas, reservar localidades para estar de pie, por ejemplo las filas más altas a fin de no obstaculizar la visión a aquellos que quieran estar sentados, y así evitar que se produzcan estas situaciones en momentos en los que la gente lleva unas cuantas copichuelas de más. Dicho esto, hay que decir que los más carrozas se portaron y cantaron bien, incluso canciones que no creíamos que conocieran, y el ambiente estuvo potente. Tanto que durante el partido sólo escuchamos 2 veces a los del Oporto, con una grada muy amplia pero poco movimiento.

Del partido poco que decir, cumplió a la perfección el guión de esta temporada. Una pena los 10 minutos que siguieron al gol de Guillermo. Habrá que empezar a aprovechar estos momentos para ir sacando resultados, algo que se antoja urgentísimo para empezar a salir de los apuros.

Acabado el partido, nos dirigíamos a las salidas, cuando varios cordones de policías las taponaron. Conociendo el protocolo de seguridad en estos partidos, no le dimos más importancia, hasta que la actitud chulesca de los responsables de seguridad y algunos policías empezaron a caldear el ambiente por alargar más de la cuenta la espera. Haciendo tanto calor y habiendo tanta gente mayor, era bastante absurda la situación de no dejarnos por lo menos bajar a la explanada y simplemente taponar la escalera de acceso a la calle, decisión que soliviantó a muchas personas, lo que hizo aumentar la tensión. Para mejorar la situación, una vez abierto el tapón, otras filas de antidisturbios alargaban más de la cuenta la espera, lo que se tradujo en algunos empujones, gritos, cánticos y conatos de enfrentamiento. Una vez liberado el último cordón en la escalinata, la explosión de júbilo fue tal que la afición regaló otro de esos momentos mágicos cantando a coro unas cuantas canciones en pleno túnel, que con el eco, retumbaron en las paredes para deleitarnos. Qué habría sido de haber ganado…

Como conclusiones, no podemos entender cómo esta directiva ha tirado por la borda el potencial de esta afición y sigue enrocada en una posición totalmente reaccionaria que no posibilite el rejuvenecimiento. Asimismo, no entendemos muy bien el papel de la seguridad del club y la Ertzaintza en los viajes, cuando los derechos de los hinchas rojiblancos son pisoteados y somos tratados como ganado en el matadero. Golpes, agresiones, insultos, detenciones arbitrarias… y desde la directiva ni media palabra en defensa de sus socios. Tampoco esperamos mucho de aquellos que tuvieron una reacción tan tibia y calculada cuando un hincha de su equipo fue asesinado.

Por último, queremos felicitar a todos los desplazados, especialmente quienes en estos tiempos hacen un esfuerzo económico tan grande, los que siguen al pie del cañón y levantan el ambiente sea cual sea el resultado y el juego del equipo.

ATHLETIC GU GARA!

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