Se sienten, ¡coño!

La eterna dicotomía tribuna-grada de la afición zurigorri, esa familia que lo mismo se une fraternalmente en las calles de cualquier rincón europeo bajo los efectos de los espirituosos, que se tira los trastos a la cabeza por el enfrentamiento Sarabia-Clemente, volvió a poner de relieve el martes en Portugal sus posturas más distantes en cuanto a cómo vivir un partido, con la inestimable ayuda de unos personajes armados hasta los dientes y con la capacidad mental de una ameba, que intentaron echarse una partida de Tetris con nosotros como fichas. Con más hinchas que localidades, salió a relucir la solidaridad y la concordia de muchos athleticzales. No obstante, independientemente del exceso de aforo, estamos ante un problema que se repite en muchos viajes.

Vale que la situación en Oporto tuvo más ingredientes picantes que un partido de liga, pongamos que en Valladolid. El alcohol, la excitación, la motivación, no es igual, con lo que mucha más gente tiende a querer ver el partido de pie, lo que en ciertos sectores de la afición levanta más ampollas que Salva Ballesta con la camiseta del Austria de Viena. Por lo que se comenta, algún viejales quiso emular a Tejero y solucionar la situación con unas formas muy británicas: “¿Podría usted, amable señor, sentarse en su localidad… o le pego una hostia que le arranco la cabeza?”.

Tejero

Por otra parte, desde la grada, tenemos que entender como normal que haya gente que sea mayor, que vaya con niños o que simplemente quiera ver el partido sentado. Sí, lo sé, me las he dado de demócrata y realmente no entiendo el viajar hasta Oporto, metiéndote una paliza de viaje, estar todo el día andando, visitando monumentos, bebiendo, y en el momento culminante querer sentarse. Pero la verdad es que están en su derecho. Claro que, esa postura, esconde graciosas incoherencias como por ejemplo levantarse para celebrar un gol, en un córner a favor o para despedir a un jugador cambiado. ¿Quién dicta los momentos en los que levantarse? ¿Hay una guía del buen tribunero o es lo que les dicta su sentido común? ¿Y si yo considero que me debo levantar cada vez que Beñat da un pase en condiciones o Balenziaga hace bien una cobertura? Porque eso es para celebrar, no digáis que no.

Alguno tiene más en la boca la frase “siéntate que no veo” que “Athletic, Athletic” en un momento en el que la euforia está desatada. Enganchones, conatos de pelea, insultos… qué bonita es la confraternización cuando nos juntamos el fuego con la gasolina. Grada y tribuna, el perro y el gato, el correcaminos y el coyote, Rasca y Pica, El Correo Español y el periodismo serio, parejas de baile que nunca acaban bien si se dan las circunstancias.

Y es por ello, que viendo los hechos, asumiendo que cada uno tiene posturas legítimas y que eternamente va a existir este problema que parte de una diferente manera de vivir el fútbol, que emplazamos a la directiva a poner su granito de arena. En próximos desplazamientos, no estaría de más organizar la ubicación en la grada según las preferencias a la hora de sentarse o no. Es tan sencillo como reservar las filas bajas a aquellos que prefieren estar sentados y situar en las más altas a los que viven el partido de pie. A la hora de vender la entrada se puede preguntar al respecto, lo mismo que nos preguntan por el plan de viaje. Lo que no quiero es tener un viejo con síndrome de encantador de perros diciéndome “seat! seat!” cada vez que levanto mi culo del asiento.

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