Los males del Athletic

Andan equipo y míster un tanto desnortados, conjugando apuradas victorias (Almería, Sevilla) con calamitosos desastres (Bate Borisov, Porto en casa). Una senda tan irregular como cardiaca para el sufrido hincha, que descansará por dos semanas mientras espera que el trabajo en Lezama cure todos los males del equipo. Como no son pocos y, lo reiteramos, todo hincha es un entrenador sabelotodo aunque no sepa qué se cuece realmente en la caseta, he aquí un compendio que ni la libreta de Bielsa, oiga.

Para empezar, Txingurri parece ese niño alemán con el ordenador estropeado, el del video de youtube. Golpea y golpea el teclado, hace mil probaturas, pero no da con la tecla. La mediapunta es un problema que tenía que haberse resuelto en pretemporada pero a juzgar por el minutaje de Beñat parece que aún estemos en julio. La cuestión es tan sencilla como cruda: Beñat no es mediapunta y, lisa y llanamente, no rinde, no funciona. Ni siquiera a balón parado: se le ha olvidado marcar de falta y si en rueda de prensa le inquieren por los córners que bota le endilga el marrón a los rematadores. ¿Autocrítica pública? Sí, por sus cojones. Con esta autoexigencia pueden sacar los córners un cojo, un caballo dando una coz o cualquier hincha del sector de animación. En plan rotatorio, tope chirene.

 Horse

En todo caso, a Beñat es complicado buscarle cabida en un modelo de juego basado en la presión, la movilidad y el desgaste físico. Así como un Ferrari es un gran coche de dudoso rendimiento en un camino de cabras, Beñat es un buen jugador pero ni su sitio, más retrasado, ni sus características se acoplan con lo que exige Valverde y el míster debería ser el primero en saberlo. Que haya tirado hasta de Toquero nos da la medida de sus dudas e impotencia, lo cual alimenta la desconfianza y la intranquilidad de la afición.

Otro gran problema es el gol. Sí, amigos, no ha nacido analista con mayor perspicacia. Decía Valverde que la segunda línea de ataque debía dar un paso al frente pero es que el equipo apenas genera ocasiones. Menos mal que Aduriz es capaz de fabricarse él solito las oportunidades porque el juego del equipo carece de dinamismo y llegadas. Cuando él no está las alternativas palidecen: Guillermo está verde aunque nos regaló un golazo en Porto, cuando Borja “Nunca-Debió-Venir-Por-Ser-Riojano” Viguera juega lo hace casi siempre fuera de sitio, Toquero es casi un recuerdo del pasado con sueldo dorado y Kike Sola está prácticamente defenestrado. Con este panorama, no pocos hinchas reclaman el debut de Williams, ignorando algunos de sus desesperantes errores en controles y disputas ante defensores de Segunda B. Basta ver al filial de vez en cuando por ETB1.

Tampoco es de recibo poner a Guillermo y jugar al pelotazo como si tuviéramos un delantero centro de dos metros. O hacer cambios que nos dejan sin lanzadores a balón parado: ver cómo Viguera o De Marcos sacan los córners no es una experiencia recomendable. O apostar por Etxeita, la mejor noticia de la temporada, para luego sacarlo del once inicial en un partido clave como el del Oporto. Obviamente, toda apuesta entraña sus riesgos, pero cuando la pelotita no entra y la apuesta adquiere apariencia de experimento surgen las dudas entre la hinchada, que llega a acordarse de las apuestas fallidas de la primera época de Valverde. ¿Quién dijo Jonan?

 HomerCoach

Más allá del míster, cuya adecuación con el proyecto (perdón, ¿hay proyecto?) está fuera de toda duda, el hincha canaliza su malestar focalizando la ira en jugadores particulares. Iraizoz es un portero irregular, nada nuevo bajo el sol, y la situación no es tan crítica pero sí lo suficientemente inestable como para darle la alternativa a Kepa. Gurpegui e Iraola están en el ocaso de sus carreras pero sus números son legendarios, el compromiso intachable y muchas críticas que han recibido desproporcionadas. Haría bien el club en buscar un lateral diestro, quizás Bóveda, que asegure una tranquila transición hasta que explote un cachorro. En el otro lateral Balenziaga sigue con su paupérrima aportación ofensiva pero esto tampoco es noticia. Y así podríamos seguir hasta el infinito dando rienda suelta a cada una de nuestras fobias: la conducción de balón de Mikel Rico, que Susaeta no vaya al choque, etcétera. Así que mejor paramos, no sin antes lanzar una pregunta avinagrada:

¿Quién decide a quién se ficha? ¿Alguien rinde cuentas cuando se demuestra que el dinero se ha quemado de mala manera? Esta petición puede resultar ventajista, pero cuando Clemente o Bielsa rajaron sobre ciertos fichajes recibieron no pocas críticas en nombre de la corrección política, la misma que fomenta la opacidad, la no asunción de responsabilidades, el “aquí-no-ha-pasado-nada” y, lo que es peor, no revertir este singular modus operandi en el futuro. Los trapos sucios se lavan en casa, pero hay que lavarlos. Son demasiados fichajes, demasiados fiascos, demasiado dinero malgastado.

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