De reventas y compromisos del club

Resulta que el club quiere empapelar a tres socios por intentar revender entradas correspondientes al Porto-Athletic. Puede que se debiera a necesidades derivadas de la enésima crisis capitalista, lo cual tampoco justificaría su proceder, o a simple avaricia, el caso es que se trata de una correcta medida que puede servir para disuadir en el futuro a aquellos que quieran exprimir a otros socios con ocasión de magnos acontecimientos. Algunos aún recordamos el tejemaneje en la reventa de entradas para finales como la de Bucarest.

Es triste ver cómo algunos miembros de la autodenominada mejor afición del mundo mercadean con el mismo sentimiento que en teoría les une al resto de Athleticzales. Ya se sabe que el capitalista ve en todo un negocio potencial, si bien esto no se le puede achacar en exclusiva a estos reventas. Tienen un espejo donde mirarse: muchos representantes, jugadores y directivos operan con idéntica visión. Sólo cambia el puesto en la pirámide y la percepción social que de unos y otros se tiene. Y, cómo no, la legalidad, a mayor gloria del negocio y el monopolio.

Taquillas

Así pues, nos surgen algunas cuestiones al respecto. Haciendo memoria nos hemos acordado de aquellos míticos reventas que merodeaban las taquillas del antiguo estadio y, de paso, nuestros sufridos bolsillos, asaltándonos la duda acerca de cuál sería el tipo de oscuro acuerdo que habrían alcanzado con el club (lo sentimos, sería ingenuo pensar lo contrario). Volviendo al presente, cada vez que toca partido atractivo fuera de casa, no podemos dejar de pensar en los cacareados compromisos del club, los cuales le “obligan” a guardarse una gran cuantía de codiciadas entradas. Entrecomillamos “obligan” porque no sabemos exactamente cuáles son esos compromisos, más allá del firmado con la agencia de viajes oficial. Como éste es un aspecto en el que no hay transparencia y el club hace y deshace a su antojo, suponemos que las entradas serán para amigotes de, bien empresas (¡oh, La Fundación!) o bien personas con nombre y apellido. Poco o nada se sabe de lo firmado con las empresas, tampoco por qué hay que pagarles, y menos por qué hay que hacerlo necesariamente con entradas y no de cualquier otra forma (por ejemplo, pasando una tarde con Muniain).

Para Porto el Athletic se guardó alrededor de 500 entradas, lo que suponía aproximadamente el 20% de los tickets que el club portugués envió a Bilbo. Ciertamente, es una barbaridad y un desprecio a los socios. Los tres o más socios que trataron de revender sus entradas jodieron a más de un Athleticzale, pero aquellos que quisieron ir y no pudieron hacerlo se vieron, sin duda, mucho más perjudicados por la opaca política de compromisos del club. Quizás alguno de los que paseó por las calles de Porto recuerde caras conocidas, políticos y farándula zurigorri. ¿Les tocó la entrada en el sorteo, la compraron en la agencia de viajes o la lograron vía compromisos del club? Es lo que tiene la falta de transparencia, que induce a pensar mal (¿y acaso a acertar?).

Aplaudimos la medida con cautela pues no dejará de ser mera propaganda convenientemente publicitada mientras el club no aclare públicamente cuáles son sus compromisos y cómo gestiona las entradas. De lo contrario, sería feo señalar, castigar, dar lecciones de moral y valerse de tres chivos expiatorios toda vez que nadie controla lo que hace el club sin luz ni taquígrafos.

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