Celtic F.C.: Los Leones de Lisboa

El 25 de mayo de 1967, en el Estadio Nacional de Lisboa y ante 45.000 enfervorizados espectadores, se escribía una de las páginas más brillantes en la historia del fútbol europeo. En liza, dos rivales, el Celtic FC escocés por un lado y el Inter de Milán italiano por el otro, y en juego, la Copa de Campeones de Europa en lo que sería la primera final para el cuadro de Glasgow y la tercera para el de Milán. Dos equipos antagónicos, tanto en su filosofía como en su estilo de juego. El típico catenaccio defensivo italiano contra el juego alegre y ofensivo de los Bhoys.

Se han escrito ríos de tinta sobre aquel partido épico. Desde nuestra atalaya bilbaína, hacemos hincapié, como no podría ser de otra manera, en un detalle que no se nos debe escapar. El Celtic se proclamó campeón con 11 jugadores que habían nacido en un radio de 50 kilómetros alrededor de Celtic Park. Sólo habían hecho un fichaje, Willie Wallace, de los Hearts, para reemplazar al lesionado Joe McBride. Asombrosa epopeya digna de admirar, porque ya en aquella época, el rival, mucho más poderoso económicamente, estaba integrado por un buen número de estrellas de varias regiones de Italia y titulares de su selección nacional.

Durante la temporada 66/67 el Celtic había ganado todas las competiciones que había disputado, con lo que era un bloque compacto, experimentado y que ya había cosechado éxitos, con lo que era una máquina bien engrasada. Sus resultados en la máxima competición europea así lo atestiguan, donde fueron pasando eliminatorias hasta llegar a la final, con 15 goles a favor y sólo 4 en contra en una auténtica demostración de juego vertical.

Aquel día, en el túnel de vestuarios, se gestó una de las citas históricas para el Celtic F.C., en boca de una de sus estrellas, Jimmy Johnstone:

“Y ahí estaban: Fachetti, Domenghini, Mazzola. Medían metro ochenta, con sus bronceados Ambré Solaire, sus sonrisas Colgate y el pelo engominado. Incluso olían bien. Y por el otro lado estábamos nosotros, una panda de enanos. Yo casi no tengo dientes, a Bobby Lennox también le faltan y Ronnie Simpson no tiene ninguno. Los italianos nos miraban y nosotros les dábamos nuestra mejor sonrisa. Parecíamos salidos del circo”

Jimmy, al igual que sus compañeros, no sabían que estaban a punto de hacer historia. Tras el pitido inicial, pronto se decantó la balanza del lado de los italianos. Un penalti de Craig sobre Capellini fue transformado por Mazzola en el minuto 7, poniendo el partido de cara a los de Helenio Herrera, que plantaron un catenaccio en toda regla frente a la ofensiva escocesa. Después de 20 disparos a puerta, Craig vengó su penalti con un pase a Gemmel, que puso el empate en el marcador tras fusilar la portería rival desde fuera del área. Minutos antes del pitido final y con un Inter acorralado y muy desgastado, Steve Chalmers desvió un disparo de McNeill que acabó en las mallas, lo que llevó la euforia a las gradas y sentenció el partido del lado escocés.

El Celtic ponía así la guinda a su magnífica historia como club, en una hazaña que nunca más se ha repetido y que marcaba el inicio de la época dorada del Celtic, que no pudo, sin embargo, refrendar su dominio a nivel intercontinental al perder la final contra Racing de Avellaneda.

En casa les esperaba el merecido homenaje, que se resume en palabras de Billy McNeill, capitán de aquel equipo y ahora embajador del club:

“Fue increíble. En el avión de vuelta nadie sabía lo que nos esperaba. Cuando llegamos al aeropuerto de Glasgow y después camino a Celtic Park había miles de personas… miles de personas que querían ver lo que estaba sucediendo. Eso nos llamó mucho la atención. Ese detalle nos hizo darnos cuenta de que lo que habíamos conseguido era maravilloso”.

Jimmy Johnstone compilation 

 

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