Un soviético en la Catedral

Atractivo título el del librillo del periodista Eduardo Rodrigálvarez para Libros del KO y, más concretamente, su colección Hooligans Ilustrados. Bajo esta nomenklatura igualmente seductora, la editorial acostumbra a publicar “la crónica sentimental de un escritor a través de los colores de su equipo de fútbol”. Muchos clubs tenían su correspondiente minibook, incluso el Castellón cuenta con un notable ejemplar titulado Infrafútbol. Faltaba, entre otros, el Athletic. Y eligieron a Rodrigálvarez.

El periodista en cuestión no es precisamente nuestra taza de té, que dirían los ingleses. No nos gustan su estilo y maneras cuando juzga al Athletic en tertulia radiofónica y cuando le hemos leído, como la vez que Panenka le dedicó un número al Athletic, una sensación de WTF? ha recorrido el politburó de Alabinbonban.

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Rodrigálvarez parece empeñado en sacar a colación a ETA cuando habla del Athletic. Vale que estos relatos son premeditadamente subjetivos, y además es libre de hacerlo, faltaría más, pero cuando empieza con que si Belauste se lo puso a huevo al régimen con aquello de la furia roja y luego nos sermonea con que la representatividad nacionalista del Athletic pertenece más a la democracia, la cosa empieza a oler. Al llegar a la manida y falaz distinción entre nacionalistas (vascos, claro) y no nacionalistas (cosmopolitas casualmente hispanos) pensamos en algún manual made in Reino Democrático Español (¿quizás el libro de estilo de El País, periódico para el que trabaja?), mientras alcanzamos el clímax con la crítica a los “prebostes” (sic) nacionalistas, debido a la actitud de estos ante la posibilidad de que España juegue en San Mamés próximamente. Todo esto por parte de un periodista que no oculta su deseo (no nacionalista, suponemos) de ver a España jugando en Bilbao. Si alguien quiere comprarle la moto al señor, ya sabe.

Cuidado, que no es sólo un asunto de gafas ideológicas. Alabinbonban podrá ser refugio de obtusos amarravacas de boina a rosca pero en la redacción sabemos que un libro no se juzga por su portada (bonita en este caso) ni por “minucias nacionalistas”, que diría algún menchevique actual. Y es que más allá de unas pocas anécdotas de mayor o menor interés, el libro es soso y pacato, máxime atendiendo a la mística y potencial de un club como el Athletic. Sinsorgo y poco chirene, por usar terminología botxera.

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Pero, amigos, hay más. Rodrigálvarez asegura saber algo sobre la actitud de Sarabia tras marcar el 2-1 en el derby de Atotxa que dio la liga 81-82 a la Real. También dice conocer la verdad acerca del affair Clemente-Sarabia. Eso sí, no busquéis nada en el libro porque nada revela tras restregarle su sapiencia al lector. Cierto o no, éstas no son las únicas muestras de postureo porque el soviético al que alude el título es el propio autor, que se hace pasar por una especie de joven leninista mientras aliña hechos con ideario socialista. Un juego de lenguaje, un recurso estilístico de escaso recorrido y profundidad.

Todo no serán palos. Os regalamos unas líneas de especial interés, la vivencia de Rodrigálvarez niño en la antigua general: “sentado de extranjis en la general numerada, rodeado de puros y señores orondos, pero no señoritos, porque en la general estaba el pueblo llano y abundaban las boinas y escaseaban los sombreros”. Bilbao, como has cambiao.

Un soviético en La Catedral; o un gallego en la luna.

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