20 años del “amistoso” de la vergüenza

* Corresponsal de Alabinbonban en Irlanda.

15 de febrero de 1995. Un aparentemente inofensivo partido amistoso entre Irlanda e Inglaterra acabaría trayendo el miedo y el asco a Dublín y la vergüenza a Londres, en uno de los episodios más lamentables protagonizados por los aficionados ‘pross,  en esta ocasión con la necesaria colaboración de un colectivo que, como veremos, poco tiene (o debería tener) con el fútbol y mucho con supuestas ideologías nada saludables.

De cualquier forma, sería de una ingenuidad infinita limitar al plano meramente deportivo un partido de fútbol entre Irlanda e Inglaterra (o un Escocia-Inglaterra, quizás en menor medida), ya que la relación entre ambos países ha sido de lo más turbulenta a lo largo de la historia (“durante 800 años”, como reza una vieja canción rebelde irlandesa). Por tanto, sería igualmente ingenuo pensar que todo transcurriría sin el más mínimo sobresalto. El problema, sin embargo, vino por la gravedad de los hechos y por quiénes los protagonizaron.

Ya en el Mundial de Italia de 1990, el capricho del destino emparejó en el mismo grupo a irlandeses e ingleses, lo que provocó el pánico en la FIFA realojando al grupo –junto con Holanda y Egipto- en la isla de Cagliari para tener a los aficionados mejor controlados y bajo unas medidas de seguridad nunca vistas hasta entonces. El partido terminó con empate a uno (goles de Lineker, por parte inglesa y Sheedy, por parte irlandesa) y aunque sí hubo algunos altercados, no fue tanto como las autoridades se esperaban.

En 1995, Inglaterra se preparaba para albergar la Eurocopa que se organizaría un año después, con lo que al estar ya clasificados por ser los anfitriones, tenían que buscar rivales para disputar amistosos. Acertadamente o no, uno de esos rivales elegidos fue Eire que, por entonces, entrenaba Jack Charlton, uno de los héroes del fútbol patrio inglés que tomó parte en aquella selección que ganó el Mundial del 66, precisamente en suelo inglés. Jackie, además es hermano de otra leyenda aún más venerada, Bobby Charlton.

El vetusto Lansdowne Road de Dublín –hogar habitual de la selección irlandesa por entonces- se preparaba para el gran partido… pero también las autoridades ante el temor de incidentes entre aficionados. Es aquí donde entran en acción unos individuos que finalmente provocarían el más absoluto de los bochornos. Hablamos del grupo nazi Combat 18 (C18), fundado a principios de los 90 en Inglaterra y que, con el paso de los años, se extendió a otras partes, tanto del Reino Unido –en Irlanda del Norte encontraron apoyos entre círculos lealistas- como fuera (EEUU, Australia…).

Los servicios de inteligencia británicos comunicaron a la Garda -la policía irlandesa- la intención de C18 de viajar a Dublín. En total, se calcula que unos 4.000 ingleses acudieron al partido. Y entre ellos, miembros de este grupo nazi. Incluso se ha comentado que dentro del contigente de hinchas ingleses, también había lealistas norirlandeses que, como decíamos, guardaban relación con C18. El caso más conocido de esta conexión es el de Johnny ‘Mad Dog’ Adair, jefe del grupo paramilitar lealista Ulster Freedom Fighters (UFF) en Shankill Road, histórico bastión del lealismo en West Belfast. Adair se convirtió ya en el presente siglo en el principal nexo de unión entre el ala más extremista del lealismo –contraria a los acuerdos de paz y de ideología ultraderechista- y C18. Incluso se llegó a fotografiar con una camiseta de la selección inglesa que le regaló este grupo nazi en la Eurocopa de 2000.

La mayoría de ingleses viajaron a Dublín en ferry donde les esperaba un fuerte dispositivo policial para llevarles al campo, cosa que ocurrió sin mayores problemas. Pero todo empezó a torcerse durante los prolegómenos del partido: Hubo pitada a la Presidenta de la República de Irlanda cuando saltó al césped a saludar a los jugadores y hubo pitadas cuando sonaron ambos himnos. En el caso de los ingleses, sus pitos al himno irlandés fueron acompañados por saludos nazis, gritos de “Sieg heil”, “Ulster is British” o el cántico de “No surrender to the IRA scum”. Jackie Charlton también se llevó lo suyo al recibir gritos de “Judas! Judas!”. Estaba claro que C18 estaban en el campo.

A pesar de estos hechos, el partido comenzó sin mayor dilación. Tuvo un intenso arranque con ocasiones para ambos equipos hasta que en el minuto 21, David Kelly hacía el 1-0 para los irlandeses. El gol tuvo efectos diametralmente opuestos entre el público. Mientras desató la locura entre la parroquia local, provocó la cólera en la hinchada inglesa que, alojada mayoritariamente en la tribuna oeste alta, comenzó a lanzar objetos hacia el césped y a los que estaban justo en el anillo inferior (incluido varios ingleses, todo hay que decirlo). Esto provocó que muchos hinchas tuvieran que saltar al césped huyendo de los proyectiles que les caían desde arriba (palos, asientos…). Ante este caos, el árbitro no tuvo más remedio que suspender el partido tras haberse jugado 27 minutos. A partir de aquí, más caos y confusión. La Garda cargó contra los ingleses, un montón de gente en el césped (algunos con la clara intención de ir a por los hinchas pross, contenidos por la policía), jugadores contemplando cariacontecidos lo que estaba ocurriendo en las gradas (inolvidable la cara de poema que se le quedó a Paul Ince). En un momento, un enfurecido Jackie Charlton “invitaba” a los violentos a irse a casa (“Fucking go home!”, se le ve gritando en algún video).

El parte de guerra se saldó con más de 20 heridos (algunos hablan de 50) y 40 detenidos. Ahora quedaba el más difícil todavía: cómo sacar a los ingleses del campo y escoltarles hasta el puerto para tomar el ferry de vuelta. Algunas informaciones hablan de choques entre policía e hinchas en el puerto, otros no pueden volver esa misma noche debido al mal estado del mar. Se informa incluso de un aficionado inglés apuñalado en una céntrica calle de Dublín, de grupos sueltos locales y foráneos provocando altercados en distintos puntos de la ciudad…

La gravedad de los incidentes provocó que Irlanda e Inglaterra no volvieran a jugar amistoso alguno hasta 2013, cuando volvieron a verse las caras en el renovado Wembley dentro de las celebraciones por el 150 aniversario de la Football Association (FA), esto es, la federación inglesa de fútbol, la más antigua del mundo. Aquella noche ambas selecciones empataron a uno y no se registraron problemas, pero lo acontecido hace 20 años en Lansdowne Road permanecerá en el recuerdo durante mucho tiempo. Una muestra más de esa turbulenta historia entre irlandeses e ingleses.

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