Los límites de la rebeldía, Thinking Football 2015

Otra edición del festival cinematográfico organizado por la Fundación Athletic. Aunque encomiable y de notable interés en cuanto proyecta documentales futboleros de difícil acceso, seguimos manteniendo (crónica del 2014) que el certamen falla en su vertiente social, en toda esa pretenciosa palabrería de “repensar el papel del fútbol en sociedades contemporáneas”. La reflexión que inducen es personal, jamás colectiva; no hay cauces. Lejos de ejercer la autocrítica, el club ahoga cualquier voluntad popular, crítica y transformadora en aquellos asuntos de verdadero calado. Mientras, nos regalan un desfile de rebeldes en la gran pantalla. Y un deseo latente: “ni se os ocurra rebelaros en casa”.

Alguno bramará que es gratis, obviando ciertos patrocinadores, contexto y panorámica general. En cualquier caso, entrando ya de lleno en el cargado programa de este año y lejos de dogmatismos, ¿qué se supone que debe reflexionar el populacho ante el popurrí ideológico del cartel? De Lucarelli y los ultras livornesi a los yankis de Filadelfia o los sueños individuales de jóvenes africanos hay un salto; por no hablar de documentales de, a priori, marcado sesgo occidental y capitalista. El hilo conductor en términos políticos es finísimo, más próximo a un bazar del pensamiento: “tome lo que desee”.

Rebeldes2

Nuestro particular repaso comienza con la segunda parte de Rebeldes del Fútbol, cinco muestras de valentía. Las historias de Tamburrini, represaliado por el régimen de Videla, y del español de Matthausen resultan interesantes; la de Alfonsinho y su lucha laboral pasa bastante desapercibida (extraño en nosotros) y la de Lucarelli recibe un tratamiento parcial y superficial. El formato, apenas alcanzan veinte minutos el espacio dedicado a cada futbolista, no es el idóneo para profundizar, por eso Honey Thaljieh, impulsora de la selección femenina palestina, aparece un tanto aislada de una realidad mucho más compleja. El metraje en su honor adolece de una correcta contextualización, brindando una limitada y sesgada foto del conflicto palestino, construyendo un relato cómodo para el europeo de a pie.  Remata la jugada Eric Cantoná, conductor del documental, llamando a la aceptación mutua entre palestinos e israelíes mientras posa con una bufanda palestina. Brindis al sol y cínica equidistancia disfrazada de rebeldía. Fue entonces cuando nos acordamos de la petición del Athletic de no portar banderas palestinas ante la visita de un equipo israelí en la Europa League .

Siguiente parada: Democracia en blanco y negro, documental que narra la experiencia democrática impulsada en tiempos de dictadura militar por Sócrates, Wladimir y Casagrande en el Corinthians. Venía precedida de buenas críticas, lo cual levantó cierta expectación que el film cumplió relativamente (ejem, resultó ganador del festival) gracias a una historia recurrente, mucho material de archivo, testimonios de primera mano, un ágil montaje y la mezcla de fútbol, música generalmente atroz y política. Sin indagar en ideologías y limitando posicionamientos a vagos “soy demócrata” o “de izquierdas”, el relato torna más narrativo que reflexivo. La democracia corinthiana duró un par de años y ¿qué queda de todo aquello? ¿qué ha hecho el PT al pisar moqueta? Claro que el Lula de los 80 parecía Lenin en comparación con el infame Isidoro.

Sócrates

Asimismo, el film deja entrever las condiciones y los límites de la democracia. La dificultad de construir utopías es inversamente proporcional a la facilidad con la que pueden ser demolidas. Necesitas gente inteligente como el trío corinthiano para cambiar las cosas pero basta un reaccionario como Leao para reventarlas. Nos dio por pensar qué hubiera pasado si la democracia partiera de un vestuario formado por peña como Yeste, Del Horno o Javi González y caímos en la cuenta de que el papel de “comandante” hubiera recaído en Urrutia. Ahora bien, tras masturbarnos con lo que Sócrates hizo durante dos años en Brasil, ¿qué aplicamos en casa? ¿Oís cómo croan las ranas?

La sorpresa del festival vino de la mano de El entrenador Zoran y los Tigres del Sol. Navega entre aguas turbulentas, a veces comedia y drama no están bien hilvanadas, pero el seguimiento en tiempo real de las andanzas de Zoran es digno de elogio. El periodismo debería ser algo en esta línea. Al hilo: Sudán del Sur logró la independencia en 2011 y contrató a Zoran, un entrenador serbio curtido en mil batallas, como seleccionador nacional. Claro, estamos en África, infraestructuras y profesionalidad de corte occidental cero. Zoran da la impresión de ser una especie de Clemente, como cuando éste estuvo en Libia, pero mucho más vehemente, pasional y alocado. También patriótico, porque Zoran lo vive, por encima de burócratas locales. Un elefante en una cacharrería, vamos. En medio de un clima inestable, gravísima crisis incluida, el amigo se empeña en sacar adelante su proyecto deportivo cuando las prioridades del país son otras, pues llegan a quedarse desabastecidos y sin electricidad. Demasiado fútbol puede nublar la cabeza, amigos. Luego tenemos a los jugadores, jóvenes que anhelan triunfar, y en medio de tanto drama mal que bien sobrellevado, el documental nos regala momentos de tremenda comicidad como las discusiones de Zoran con sus superiores o sus discursos de corte Caparrosiano: “si pierdes hasta tu novia te quiere dejar”. Y el final del docu, atención al leve spoiler, nos recuerda un mecanismo habitual en el fútbol: la secuencia “1) Venimos a ganar y no caben excusas. 2) Palmar con estrépito. 3) Apelar a la dignidad (“somos sursudaneses, hostia”). 4) Echar pestes de otros (con o sin razón)”.  En definitiva, un acierto de documental.

Zoran

Acabamos con Sons of Ben. Un grupo de futboleros de Filadelfia se empeña en que su ciudad cuente con un equipo de fútbol profesional, para lo cual se montan una hinchada en pro de un equipo que obviamente aún no existe y se dedican a dar la matraca para conseguir que les pongan un club de fútbol en su casa. Parecía que el lema “los hinchas primero” iba a ser llevado hasta sus últimas consecuencias, pero nada más lejos de la realidad. Esta gente son freaks de clase media que venden sus ansias futbolísticas al negocio, dejan que su pasión sea explotada por otros en vez de impulsar un club de fútbol a menor escala. Porque lo que quieren es un equipo profesional, subrayamos profesional, para jugar en primera división. Si no, no les vale. Alguno aducirá que también nosotros dejamos que el Athletic nos explote, y en parte tendrá razón, si bien el Athletic ya estaba, con otros valores que hoy denosta, cuando nosotros llegamos. Lo de los chicos de Philly es como si yo quiero comer hamburguesas en mi pueblo y me movilizo para lograr un McTxerri. Como colofón nos venden su proyecto como parte salvadora de un peligroso ghetto. El hombre blanco auxilia al pobre negro, típica caridad tan del gusto capitalista. Del business que rodea la construcción de un estadio y pelotazos urbanísticos ni una palabra. Mucho menos algún estudio crítico, en la línea de Szymanski y Kuper. De reparto de riqueza, bueno, vale ya, stop. Lo cojonudo llega al final, cuando los Sons of Ben hacen balance y subrayan, algunos entre lágrimas, la importancia de formar parte de la misma familia. Para ese viaje no hacían falta alforjas, pues el sentimiento de pertenencia y comunidad es el mismo tanto en tercera división entre los hinchas del Castellón (el libro Infrafútbol bien lo explica) como en la MLS. Y, además, es este fútbol moderno basado en el negocio, ése de sueldos estratosféricos y entradas a 100 euros para ver al Granada, el que está matando el romanticismo y el vínculo entre los hinchas. De ahí el intento de Ceares o FCUM por devolverle el fútbol al aficionado, bastante en las antípodas de unos SOB que ponen su capital y su militancia al servicio del business aunque el film quiera resaltar su lado más ONG, loable por otra parte. En fin, Sons of Ben es una americanada de manual. Mendizabal no nos contó nada al respecto, ¿o sí? (Un Athleticzale en los Emerald City Supporters).

Sons of Ben

Finalizamos, no sin antes recordar que rebelde o valiente no es sinónimo de revolucionario. Que la revolución no será televisada ni patrocinada por la BBK. Que el postureo casa bien con la canción del Che con que finaliza Rebeldes del Fútbol 2. Revolución encapsulada en t-shirts de oferta. Todo domesticado, vacío, institucionalizado. Veremos el año que viene, a ver si nos traen más joyitas, algunas del Offside apuntan maneras, y vuelven a apostar por la ficción con, por ejemplo, El 5 de Talleres, presentado en el festival de Xixón. Porque lo cortés no quita lo valiente y como mero entretenimiento Thinking Football es mucho.

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