Athletic Club – Torino: Contracrónica fragmentada.

Equipo: Mal. Fallos atrás imperdonables: incauto Gurpe en el penalti, segundo gol en el 47 y el no-despeje de Etxeita en el 2-3. El medio del campo lento, poca invención en zona de tres cuartos para ofrecerse entre líneas y escasa fluidez. El juego estático nos mata, cortocircuita las ideas. ¿Tenemos plan b? Porque el Torino sabe perfectamente a lo que juega, ha sido un puñal, y el Athletic salta a ver qué surge con exasperante reiteración. Salvamos, eso sí, la actitud de los nuestros, por no perderle la cara al encuentro y haber luchado hasta el 2-3. Eso debería valer para hacer afición pero la peña parece cansada.
Árbitro: Sionista complaciente con las continuas faltas italianas pero raudo para mostrarnos amarillas.

Ambiente: Es la primera vez que el nuevo campo parece un estadio de fútbol… gracias a la afición del Toro. 2500 tíos, todos de pie, todos animando. No como en Manchester, donde tuvimos que aguantar un “siéntate que no veo” cada 3 minutos. La tribuna muerta, la grada impotente y el ambiente frío. Como punto culminante un amago de pelea en la norte alta. We are a happy family. Sólo tiran del carro honrosas excepciones y la constancia del 110, a donde Muniain ha tirado su camiseta. No ha ido al 108 o al 123. No, ha ido al 110. Que los jugadores también se mojen y demanden agallas a la directiva para mejorar el ambiente, más allá de mosaicos que, lo repetimos, no tragamos y no ayudan cuando en el campo van mal dadas. Además, la directiva volvió a prohibir colgar banderas. ¡A tope con la afición! Hipócritas. La ecuación es simple: bufanda, garganta, grada popular.

Perspectivas: Europa y el ambiente de los próximos meses se juegan en Cornellá, donde nos espera un Espanyol ansioso por vencer a un equipo cansado cuya afición no ha agotado su cupo de localidades. Eso sí, como pasemos habrá tortas por las entradas, montaremos un Ibilaldi etílico en algún rincón del Reino adonde iremos todos a cantar Aida y dar palmas como en los toros, sacando pecho autocomplacientemente por ser la mejor afición del mundo y alrededores. Si no pasamos, deambularemos sin pena ni gloria lo que resta de temporada en medio de un ambiente ramplón, aburrido, con la junta atrincherada en su sillón. Sería un desilusion pero nos apearíamos de esta montaña rusa.
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