Consideraciones sobre la final (4): reventas y sacacuartos

Tras la brillante “negociación” en la que Urrutia fue un turista a merced de los trileros de Las Ramblas, a nuestro presi sólo le ha faltado golpearse el pecho para demostrar su alegría por jugar en el Camp Nou, decisión para la cual no hacía falta coger el avión. En todo caso, los verdaderos agraciados del tinglado han sido los hosteleros catalanes, reventas varios y sacacuartos habituales.

Nada más conocerse la sede comenzaron a dispararse los precios de vuelos y hoteles. Incluso hubo jugarretas como anular habitaciones para volverlas a sacar a la venta a un precio mayor. Oferta y demanda, esa ley que tantos abrazan con fervor. La pela es la pela en Barcelona, Bilbo y Madrid; y uno que se llenará los bolsillos con el cambio de sede a última hora es Joan Gaspart, expresidente del Barça, director del grupo hotelero HUSA y alto cargo de la Federación. Antes de pensar en el malvado y poderoso señor Burns que resulta Gaspart, reflexione el lector cuántos especímenes similares pululan por el Botxo, habiendo ansiado y probablemente presionado para que San Mamés fuera la sede.

Reventa

Como existe la dicharachera opción del viaje express, evitando así pernoctar a precio de caviar, lo que realmente jode al hincha de a pie es la reventa. Por un lado, tenemos el mercadeo de algunos miembros de la autodenominada “mejor afición del mundo”. Hay voces pidiendo que el club tome cartas en el asunto, lo cual estaría bien si la junta directiva fuera lo suficientemente legal y transparente como para hacer públicos sus “compromisos”, esos que son exactamente 3.000, ni más ni menos. Así que la petición es insuficiente, un poco como pedirle al PP que investigue la corrupción: investigará la ajena mientras tapa sus miserias.

Por otro lado, el porcentaje de entradas que la Federación se guarda para sí es realmente escandaloso. Estaría bien que Villar nos explicara el mecanismo por el cual tantas entradas “neutrales” acaban en la reventa. Encontrarnos mindundis apostados en una esquina valenciana o bailando de grupo en grupo en Bucarest nos recordó el trapicheo de drogas. Los jerifaltes en palacio, el resto a patear aceras y por el camino, se intuye, mordidas.

Semanas atrás, con los tickets aún sin imprimir y sin conocer su precio final, ya había gente vendiendo entradas en internet a partir de 400 euros y alguna cadena hotelera de la cual no daremos nombre ofrecía la noche a 400 euros y la entrada aparte. Hace seis años en los aledaños de Mestalla un viejo gordo, calvo, con tirantes rojigualdos y acompañado de sus propios machacas ofertaba entrada y polvo en su puticlub a cambio de 500 euros. No es el guión de Torrente. This Is Spain.

Cabe deducir que si las entradas de la Federación acaban siendo fácil pasto de reventas es porque les interesa que así sea. Demandarles transparencia o medidas como, por ejemplo, guardar un cupo de entradas para los días previos al partido sería demasiado pedir. Y si esto ocurre en el fútbol, qué no pasará en altas esferas o con el trabajo sumergido.

Previsiblemente el precio de las entradas de reventa debería ser menor que en otras ocasiones. Las nuevas generaciones ya saben qué es una final; el rival, la sede, el mamoneo que rodea todo este tinglado y las, a priori, escasas opciones de victoria en el césped pueden surtir un efecto disuasorio; mayor aforo equivale a más entradas y, por tanto, más oferta en la reventa. Así que el economista en plantilla de Alabinbonban recomienda ser cauto y contemporizar si el lector opta por la reventa.

Anuncios