Final de Copa: la contracrónica

La salida de Bilbao auguraba un viaje largo y, tras alguna paradita para una meadita y los clásicos rifi-rafes entre gaupaseros y otros que prefieren ahorrar energías, llegábamos a Barcelona con una misión. Pasar el día lo más lejos posible de Athletic Hiria hasta la hora de la kalejira. ¿Por qué? Exceso de gente, exceso de precio, exceso de folclore. Se podría decir que Athletic Hiria es el Ibiza zurigorri y que algunos somos más de empaparnos de la cultura lugareña, esto es, remojar el gaznate con cerveza local en algún antro.

En las calles de Barcelona, por sus barrios, la gente y los hinchas del Barça que nos encontramos, en general fueron amables y receptivos, y no vimos falsa condescendencia en sus palabras. Buenas vibraciones y la verdad sea dicha, aunque para ellos era un partido menor, querían ganar. Está claro que somos una afición bien recibida en tierras catalanas, si descontamos las ganas que tenían algunos de hacer el agosto, cosa normal, ya que somos una afición extremadamente cómoda para alojar. Cero problemas y muchas ganas de demostrar el bilbainismo, tantas, que incluso pasamos vergüenza ajena del ya típico ombliguismo que se gastan algunos de nuestros conciudadanos botxeros.

Después de comer, poco a poco y sin prisa, nos fuimos acercando a la plaza desde donde iba a salir la kalejira y nos dejamos engullir por la enorme serpiente rojiblanca que bajaba hacia el Camp Nou. Los transeúntes y los turistas gastaron muchas tarjetas de memoria con el espectáculo y, nosotros, que no nos gusta sentirnos como animales del zoo, nos fuimos dejando caer hacia un lado de la acera hasta que sonó por enésima vez “Sólo hay un Athletic, y es el de Bilbao”. Fue suficiente para tomar la decisión de tomar un desvío y, tras una última birra, dirigirnos al estadio para dejar atrás a nuestra extasiada hinchada que, aun intentándolo con toda su alma, sólo conocía 5 canciones. Un asunto que esperamos mejorar poco a poco.

En ese momento nos cruzamos con algún ojeador local en busca de promesas, pero suponemos que, viendo la masa que venía, optó por recular y volver al sitio que le correspondía, la alcantarilla, con sus hermanas las ratas. Nada que añadir sobre ellos. Si una lección dio la afición del Athletic es la de no querer dar problemas, y pocos equipos pueden enorgullecerse de mover más 60.000 personas en alegre biribilketa sin causar ningún tipo de percance. Porque la kalejira empezó a las 18:30 y, pasadas las 21, todavía llegaba gente.

De la afición del Barça, poco podemos decir. No vimos mucha hasta que entramos al estadio, y a decir verdad, para ellos era un título menor que además se jugaba en su casa, con lo que su puesta en escena fue comedida, pequeña, y por qué no decirlo, algo cutre. Nos separa un mundo, están en otra dimensión, con otros objetivos, pero resulta un tanto triste que dos equipos históricos no se enfrenten en igualdad de condiciones. Da para muchas reflexiones.

Después de la llegada al campo y ver el tráfico de entradas y reventas que pululaba por los exteriores, se optó por entrar con algo de tiempo. Y claro, la visión de lo que iba a ser la grada donde se alojaría la ICHH nos dibujó una sonrisa en la cara. “Esto va a ser la hostia”, pensamos. Y tanto. Pero ya dedicaremos un especial de “la grada en la final” en el siguiente número.

Sin mucho tiempo para pensar y habiendo hecho las fotos de rigor, casi sin darnos cuenta, se desplegó el tifo y la gente empezó a pitar. No oímos ni una nota del himno, ni vimos al Rey. Las consecuencias no se han hecho esperar y, en un régimen como el español no nos sorprende la actitud de persecución que ha tomado el gobierno del PP en su nueva cruzada y la total ausencia de análisis de causa. Censurar la libertad de expresión es propio de las dictaduras reaccionarias, poco más se puede decir que no hayamos dicho ya (enlace). Si pasara en Venezuela tendrían combustible para 3 meses de tertulia.

Empezado el partido, dejándonos la garganta, y viendo el despliegue del Athletic, empezamos a ilusionarnos con la posibilidad de disputar la Copa…hasta que Messi apareció. Un auténtico jarro de agua fría que nos bajaba los pies al suelo y ponía en evidencia la diferencia de presupuestos, de talento, de calidad y de filosofía entre los dos equipos. Un abismo nos separa de los gigantes. Poco que reprochar, pues, a los nuestros que, dejándose la piel en el campo, supieron dar la cara con dos jugadores que han debutado esta temporada en el once inicial. Puro estilo Athletic. Pura épica. Queríamos a nuestro Athletic, y no un sucedáneo, y lo tuvimos, como ha reivindicado Ernesto Valverde.

Neymar

Todo discurrió cumpliendo el guión establecido con un leve asomo de ilusión con el remate al larguero de Williams y su posterior gol, hasta que apareció un tal Neymar en el córner de la afición visitante con una demostración de seny y valors, marca de la casa. No contento con eso, después no se retractó y sacó pecho. No ha entendido de qué va el fútbol. O sí, porque no intentó ese regate en el minuto 15. El hecho es que bastó para encender a la afición visitante y cristalizar el rechazo que tenemos a una institución como el Barça, cansados ya de tantos desaires. Habrá que ver si la cosa sigue igual de cordial, ya que nos hemos cansado del rol de pringaos a los que pasar la mano por los hombros diciendo “sois guays, me mola vuestra afición y filosofía, pero os vamos a ganar y humillar, paletos”. Ya basta. Por lo menos los jugadores del Athletic se rebelaron en el campo y le dejaron las cosas bien claritas. Te esperamos en San Mamés.

Acabado el partido, ovación para los nuestros y cara de decepción a pesar de esperar el resultado de antemano. Ciertamente, nos quedamos con la sensación de que sería justo un partido de vuelta. Como estábamos en la antigua casa de Van Gaal, podemos resumir las sensaciones en positifas y negatifas.

Positifas:

  • como dijo Ernesto, a pesar de las fugas de jugadores, volvemos a una final, con nuestra cantera.
  • reacción de los jugadores ante el Neymarazo.
  • nivel de la grada y la afición en general. Por una vez, le damos un sobresaliente en todos los aspectos. Falta poco para la Matrícula de Honor.
  • la ciudad de Barcelona nos acogió con los brazos abiertos.

Negatifas:

  • Athletic Hiria es un sacapastas y una exprimidora gigante que convierte el sentimiento Athletic en billetes de 500 euros. Se hablará de ello.
  • Tras 4 finales perdidas, se empieza a adoptar el rol de equipo y afición perdedores, convidados de piedra a las celebraciones de otros. Lo que Mikel Bizar define como Betizurekinismo, que lleva al conformismo.

Nuestra andadura en la Copa ha sido errática, con auténticos bodrios y un sólo partido redondo, el de Cornellá. Hemos llegado con buena forma al final de la temporada y creemos que si llega a ser otro rival, nos lo habríamos comido. Así que por primera vez desde 2009, nos fuimos de Barcelona satisfechos y con muchas ganas de volver a una final. Para ganarla, porque queremos la Copa. Si perder es así…¿cómo será ganar?

ITZULIKO GARA

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