La grada en la final

Pasar el torno, bajar las escaleras de acceso, buscar el sector, y mirar alrededor. La visión nos llenó, como decía el cazador de elefantes, de orgullo y satisfacción. “Estamos todos”. A izquierda y derecha, grada llena, de pie, y en el centro, la ICHH con todos sus grupos y banderas, y hordas de flag-makers de la 110 … un espectáculo. Las imágenes ochenteras de la vieja Catedral y de otras finales de copa nos venían a la mente. Como dice la canción, “esto saldrá bien, no puede fallar, gora gure Athletic ta Euskal Herria“. Y no falló. La motivación nos desbordó en ese momento y la euforia nos jugó una mala pasada. “¡Ganamos fijo!”. Sí, claro, como si a Messi le influyera lo que ocurriera en la grada.

Casi 7000 hinchas de pie, ocupando todo el anillo inferior del fondo norte del Camp Nou, nos preparábamos para, por una vez en una final, animar organizadamente como es debido. Y se cumplió de sobra. La cara de felicidad y motivación en la gente fue suficiente para recompensar todo el trabajo que se llevó a cabo para llevar esta iniciativa hasta el final.

El partido en la grada comenzó con un tifo. Sí, sabemos que para una afición que se enorgullece de su estilo inglés era algo nuevo y un tanto extraño y que a nosotros no nos acaba de convencer, con lo bonito que queda un bufandeo-bandereo. Pero hay que decir que quedó bonito, para qué negarlo. No hay más que ver el tuit que nos dedicó el ABC. Un día es un día y nos soltamos la melena. Jo ta ke, irabazi arte, pues.

Con el partido empezado, se notaron los nervios, la falta de experiencia en grada de gran parte de la afición rojiblanca y el tamaño del estadio. No es lo mismo organizar la animación en una minúscula esquina de un campo como San Mamés que en una grada de casi 40 filas y tendida como la del Camp Nou. Los directores de orquesta se las vieron para organizar aquello. Si a ello le sumamos que por izquierda y derecha cada uno iba a su bola, y que ese estadio pierde decibelios por su nulo efecto caldera, no acabó de sonar como nos habría gustado.

Eso sí, cuando se conseguía organizar el asunto y se cantaba a coro, aquello sonaba, como diría Eskroto, como un trueno. El momento culminante quizá llegó con el txoria txori de la segunda parte. Impresionante y muy emotivo.

Entre las notas negativas, cabe destacar la presencia de algunos aficionados culés en una zona que tenía que haber sido exclusivamente nuestra, lo que provocó algún que otro incidente que no pasó a mayores. Por otra parte, la seguridad privada del club culé no es muy diferente de la de cualquier otro estadio y se excedió en sus funciones con actitud chulesca, arbitraria y desmedida.

En definitiva, se cumplieron las expectativas, y fue un paso de gigante en las demandas de una grada popular en San Mamés. El potencial es enorme, inversamente proporcional a la capacidad de la directiva para apreciarlo y poner en marcha alguna vía de salida. Vista la reacción positiva de la masa social, quizá sea el momento de reclamar su apoyo. Nos lo hemos ganado. La cifras hablan por sí solas. 6600 localidades reservadas, pero más de 10000 peticiones. 1 de cada 4. Y por las opiniones que recogimos en la misma grada, hay multitud de socios de tribuna que se pasarían a una grada popular en condiciones, pero en la situación actual es imposible. Si a eso sumamos una política de abonos de temporada a buen precio, no sabemos ni dónde estaría nuestro techo. No digamos si se implementa una grada “safe standing”, como en Alemania o Inglaterra, y vuelve la opción de estar de pie y seguro.

Si la afición del Athletic es lo más grande, como se pavonea el club y los medios a su alrededor, ¿por qué nos ignoran mientras ponen alfombras rojas a los palcos VIP? ¿Cuestión de dinero y poder? Suponemos. La solución está encima de la mesa, y la disposición de la afición es total. Es el momento.

Zorionak danoi. Geurea da garaipena.

abc final de copa

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