Contracrónica y balance 2014-2015

Nápoles fue un espejismo. Estábamos en Champions, sí, pero la montaña rusa no hacía sino empezar. El equipo no carburaba, se sucedían las probaturas en el once inicial y las derrotas se acumulaban hasta el punto de prácticamente alcanzar los dos meses sin victoria zurigorri. El súmmum del esperpento llegó en Borisov (solteros vs casados).

¿Cómo un equipo sólido se convirtió en una caricatura en cosa de unos meses? Mala preparación física, agotamiento psicológico, exceso de partidos o la ausencia de Herrera eran las respuestas más comunes entre una hinchada que vio cómo se tiraba por la borda una Champions que había sido benévola con el sorteo de grupos. A la pregunta, por cierto, todavía no se le ha encontrado respuesta.

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Tocaba centrarse en la liga, donde se remontó el vuelo a golpe de primitivo caparrosismo. Los puntos paliaban la imagen pero los errores y las probaturas continuaban. En esas llegó la cuesta de Enero, que activó todas las alarmas en muchos aficionados que veían el descenso cada vez más cerca. La histeria llegó al punto de querer fichar a medio Eibar, echar a Valverde para poner a Garitano y traernos hasta las redes de Ipurua. Por no hablar del vergonzoso intento de fichaje de Illarramendi por 36 o 40 kilos.

El tiempo ha demostrado que el problema del Athletic no residía en cambiar de entrenador ni en rasgarse el bolsillo por un jugador en una demarcación sobradamente cubierta. El Eibar ha descendido en el césped, Garitano ha dimitido, entre medias sentó a Irureta en el banquillo e Illarramendi seguro que ha perdido cartel y caché en estos seis meses. Si al menos la experiencia valiera para evitar psicosis colectivas y cortoplacismos que hipotequen el club…

Después de infinitos experimentos, Txingurri dio con la tecla. Otorgó galones de ancla a San José, sacó a Beñat de la mediapunta, donde ubicó a Muniain, e hizo debutar a Williams, ganando en velocidad y profundidad. Para entonces ya era febrero. Se había alargado la pretemporada. Suerte que Aduriz había mantenido con vida al equipo. Así se empezó a ganar y a dar una imagen más seria, lo cual no fue óbice para que el Torino nos eliminara de una Europa League a la que habíamos caído de rebote y de la que nos apeamos por deméritos propios. En copa estábamos en semifinales tras competir en grisura con el Alcoyano y estar al borde de la inmolación contra el Celta tras el 2-4 de la ida en Vigo.

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Marzo apuntaló la mejoría con cinco victorias consecutivas que incluyeron una lección de autoridad en Cornellá y la derrota del Madrid en San Mamés. Impensable pero ahí estaba: billete para la final y UEFA posible, que diría el bueno de Howard Kendall. Sin embargo, la imagen del equipo ha transmitido poca consistencia. Tan pronto se puntuaba en el Calderón como nos empataba el Depor en el 93. La montaña rusa seguía y la parroquia, hastiada, ya ni siquiera pitaba el enésimo resbalón. Y aún así, acabamos finalmente en Europa en un partido para la historia en el que se despidió a Iraola, espejo para Lezama por su compromiso y saber estar. No en vano, llegó a jugar de pivote durante el bienio negro y sus mejores años de deportista los entregó a la causa funcional, rugbysta y gris de Caparrós, un estilo que le impidió brillar en todo su esplendor.

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La final de copa corroboró la distancia entre los equipos punteros de Europa y el Athletic. La épica de David contra Goliath funciona pocas veces y no hay que ser Simon Kuper o Szimanski para cerciorarnos de que tamaña diferencia de presupuesto es prácticamente insalvable en el césped. A día de hoy es más factible ganar la Europa League que la copa. Basta mirar el Sevilla, cuatro veces campeón en un corto periodo de tiempo. Convendría centrar ahí los esfuerzos sin volvernos locos con fichajes rimbombantes mientras se refuerzan nuestras señas de identidad: cantera local, sin trampas al solitario en Cantabria o La Rioja, y afición.

Sí, la misma afición que se va hasta Oporto un miércoles cuando su equipo no juega ni a tabas y aguanta estoicamente el trato denigrante de la policía; la misma que un frío jueves a las 10 de la noche acude a San Mamés a animar al equipo contra el Alcoyano; la misma afición que acude en masa a Barcelona esperando un milagro; la misma que es denostada priorizando palcos VIP frente al rejuvenecimiento de la masa social mediante grada popular a precios ídem. Y es que convendría reflexionar sobre los asientos vacíos del Athletic-Villarreal y comparar la foto con el Athletic-Tenerife de 1994, cuando Urrutia y Txingurri peleaban por idénticos resultados sobre el verde. ¿No aprecian diferencias en el ambiente?

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