Alavexit: Toquero vuelve a casa

Gaizka Toquero, el delantero con el dorsal número 2 en la espalda, no será recordado por su calidad, por sus regates o por su eficacia goleadora. Lo será por su entrega incondicional. En su despedida, palabras de afecto y agradecimiento hacia el club y su afición, rodeado de compañeros.

Nuestro autoproclamado lehendakari llegó al Botxo en un camino que ya hicieron otros históricos del club en las ligas inferiores de la provincia, pasando en esta ocasión por Lemona y después Sestao, para acabar en el Eibar cedido por el Athletic, en una progresión que se había visto truncada en tantos otros chavales, que se perdían en el salto entre Bilbao Athletic y primer equipo. Cuando Caparrós se fijo en aquel delantero aguerrido, y tras solventar sus dudas al ver su ya famosa calva, lo tuvo claro. Al Athletic.

Tokero

Y qué vamos a contar de su papel en 2009. Su inolvidable actuación contra el Sevilla en aquella semifinal y su gol en la final de Copa quedarán grabadas en la retina de miles de hinchas por derecho propio. Cómo olvidar también sus arrancadas, su presión a la defensa rival, sus centros en carrera o su papel de revulsivo en partidos que estaban cuesta arriba, ganándose el apodo de Revolution. Todo eso hizo el bueno de Gaizka, sin un mal gesto, sin una mala palabra, al menos públicamente, con humildad, reconociendo sus limitaciones. Podemos asegurar, los que le vimos sobre el césped y le valoramos sin prejuicios, que siempre dio el 100%, quizá más, si tenemos en cuenta cómo apoyaba sus agotados brazos en la cintura tras esprintar tras algún defensa que intentaba sacar el balón jugado.

Sólo pondremos un pero a todos estos años de entrega, su renovación, aunque la responsabilidad está en Ibaigane y no en el propio jugador. Demasiado larga y demasiado cara, la directiva optó por asegurarse la continuidad de un jugador bregado y con experiencia a un coste, unos 600.000 euros anuales según dice la prensa, totalmente desorbitado para su calidad.

Sea como sea, tras unas últimas temporadas en clara línea descendente y con un juego que no le venía tan bien a sus características como el que se practicaba bajo la dirección de Jokin, Gaizka vuelve a su Gasteiz natal, a su casa, a pelear en Mendizorrotza, vistiendo la zamarra albiazul que manchará de barro, sudor y sangre. Porque de eso pueden estar seguros los babazorros.

Betirako gogoan, Gaizka.

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