Carta desde el barracón 110

Los días aquí pasan más despacio que nunca. Es el tercer año que nos alojamos en el barracón 110 de este campo y empezamos a perder la esperanza de un futuro en libertad. La vida aquí es monótona, estamos envejeciendo mucho y hace meses que no vemos pasar jóvenes que alegren un poco la vida del barracón. Se rumorea mucho sobre su destino. Unos dicen que se vieron trenes cargados de ellos con destino a otro campo llamado Nou y otros dicen que destino Bernabéu. Sea como sea, puede que no se les vea más por aquí y hayan conseguido una vida más digna en esos lugares. Quién sabe, pero lo único que hacemos ya es escuchar a lo lejos la armónica de algún viejo nostálgico sin camiseta.

Sin embargo, seguimos con ganas de vivir, luchando y enfrentándonos a los capos del campo. El más cruel se llama Von Zeles. Sabemos que recibe órdenes de arriba. Cuando las cosas se ponen feas, vienen unos tipos con casco rojo, los ertzaingruppen. Deberías verlos, no tienen piedad y a la mínima se acercan con la porra en la mano. El barracón está rodeado de unas torres de vigía que graban todos nuestros movimientos. Circulan rumores de que seremos rodeados de una alambrada de espino con controles más estrictos, incluso se habla de que estamos infiltrados por espías que informan de cada palabra que se dice a Herbert Tebasch.

Tenemos miedo. Hace unos meses los internos fascistas de otro campo asesinaron a sangre fría a un visitante. Por eso, nos meten a todos en el mismo saco y estamos pagando las consecuencias. Los latigazos van a más y no sabemos en qué acabará todo, se habla ya de una solución final. Sabemos que lo están usando como pretexto para reprimir más a quienes más se les enfrentan. Es desalentador que para otros internos de barracones más privilegiados el asunto pase por alto. Cada vez nos sentimos más lejos de ellos, de todo.

Barracon

Vamos vestidos con harapos, algunos tan viejos que se remontan a los años 80. Nos negamos a recibir la nueva indumentaria que nos quieren imponer a modo Guantánamo y sospechamos que los dueños del campo se llevan mordida y la usan para minar nuestra personalidad y espíritu. Quieren uniformarnos, dividirnos. ¿Pero qué más quieren de nosotros? Trabajamos gratis, por unas migajas, en estas condiciones…¡no sabemos cuánto aguantaremos sin rebelarnos!

La comida es bazofia y muy escasa, excepto para los mandamases del campo, que se alojan en las chozas de la colina VIP, al otro lado de la valla. Sabemos que la relación entre ellos y los jerifaltes del palacio son intensas. Viven a todo lujo a costa de nuestro trabajo. Para más inri, en la entrada de la puerta 13 nos han puesto un cartel que reza así:

PAGAR OS HARÁ LIBRES

En fin, que sabemos que pasaremos otro duro invierno aquí, dejándonos la piel para beneficio de otros. Quizá sea el último. Poco a poco hemos ido viendo desaparecer a muchos de nuestros compañeros y ya sólo quedamos unas decenas, cansados y esqueléticos. El exterminio ha sido perfectamente planificado y ejecutado. Somos los últimos. Por favor, guarda esta carta como testimonio de lo que fue el final de una forma de vivir, de sentir, en este campo tan lujoso para unos y tan miserable para otros.

No obstante, seguiremos manteniendo la esperanza de una hipotética liberación si las milicias populares avanzan en sus posiciones y consiguen derrotar a las tropas Blatterianas y sus súbditos locales.

¡Arriba parias de los campos!

Zutik zelaian kondenatu zareten zaletu tristeak!

#HerriHarmailaDuina

Firma aquí para pedir una grada popular de pie en San Mamés.

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