Todos vuestros, Agiriano

Si hay alguien dando palmas con las orejas por el fichaje de Raúl García es El Correo. Tan magno acontecimiento gozó de una cobertura de seis páginas glosando su trayectoria y loando sus virtudes. Tampoco escatimaron en artículos de opinión sobre el asunto, lo mismo firmados por Agiriano que por un Ayarza capaz, decía, de ponerse en la piel de Javi Martínez, Herrera y compañía y, lógicamente, optar por salir de Bilbao. La risión para quienes peinamos canas y vimos saltar al césped al ínclito. Michel de comentarista, Alkorta de tertuliano-economista en magazín vespertino de ETB2, Clemente en twitter. En fin, exfutbolistas subiendo el precio del pan.

La hagiografía en honor a Raúl García contenía unas palabras de Agiriano criticando a Urrutia por su incoherencia a la hora de fichar al navarro, pues contradecía todas y cada una de las ruedas de prensa del presidente. Básicamente, en ese punto estábamos de acuerdo (putos y financistas). Ocurría, sin embargo, que Agiriano celebraba la incoherencia y la llegada de Raúl García. Es su opinión. Hasta ahí sin problema.

Aguiriano

Lo sorprendente llega dos semanas más tarde de la pluma del propio Agiriano. Un fichaje que es “un gran éxito de gestión de Urrutia” y es aplaudido por el público de San Mamés en un acto “tan carente de cualquier poso sentimental” se torna, de repente, problemático. Porque “la filosofía del Athletic se queda en nada (al menos nada bueno) si se prescinde del sentimiento que la ha impulsado”. ¿Entonces, qué hay que hacer? “Resolver una injusticia”, dice Agiriano. ¿Cuál?, os preguntaréis.

“Pienso en aquel peñista de Belmonte (Cuenca) que un día me preguntó con tristeza por qué su hijo no podía jugar en el Athletic. (…) No me gustaría que alguien pudiera preguntarme qué tipo de filosofía es aquella que permite a un club contratar por una millonada a un profesional que nunca ha tenido el más mínimo sentimiento rojiblanco (o nos ha malquerido) tan sólo porque su DNI dice que ha nacido en Pamplona (…) En fin, que debemos de aceptar que todos son los nuestros, por supuesto, pero sin olvidar que lo son más los que siempre nos han querido”.

El consejo que le da a Urrutia, y entre líneas a la masa social, es “abandonar discursos esencialistas”. Ya no hace falta que el equipo flirtee con el descenso para que El Correo dé la turra con fichar extranjeros; ahora marean la perdiz con sensiblería barata de hijos de peñistas casualmente españoles. Podían haber hablado de la diáspora o del australiano que en verano quiso fichar por el Athletic, pero es mejor acabar de cargarse lo que queda de filosofía empezando por Cuenca.

Si lo que se lleva es la mentalidad pragmática, utilitarista y profesional, no nos llevemos a engaño, señor Agiriano, y seamos coherentes. Olvidémonos de cualquier sentimiento que no sea el amor al dinero y fichemos a Forlán, Griezmann, africanos a precio de saldo, etc. A lo grande. Sin esencialismos (risas, por favor). Esperamos una inocente encuesta al respecto en la web del ABC Sección Vizcaya a fin de pulsar la opinión de la afición. El súmmum de la participación democrática en el Athletic, o al menos con la misma incidencia real.

Amigos, no basta con estirar la filosofía como un chicle para fichar a Laporte, Viguera, Saborit y demás, siempre se podrá dar otra vuelta de tuerca. Hijos de peñistas, el paradigma del pragmatismo sentimental, la solución a nuestros males. Obviamente, no estaríamos discutiendo boludeces si Macua y Urrutia, tanto monta, monta tanto, no lo hubieran puesto en bandeja. Un Urrutia, por cierto, al que Agiriano y El Correo han de zumbar aun cuando cumple sus deseos. Pero como diría ese conocido trencilla: “sigan, sigan”… banalizando. Porque la filosofía nada tiene que ver con vascos, detallito nimio que conviene obviar, ni con la identificación de la hinchada con jugadores e institución, sino con “sentimiento”. Todavía veremos a Urrutia recitar la palabrería y las inconsistentes filigranas silogísticas ad hoc de Agiriano, si es que no lo ha hecho ya.

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