A un paso de San Mamés Repsol Stadium-Zelaia

La carrera por rebautizar San Mamés ha comenzado con sigilo mediático pero a velocidad vertiginosa. Fuentes consultadas por este medio aseguran que es Repsol la empresa mejor situada para añadir su firma en el nombre del nuevo estadio. Desde Ibaigane, fieles a su escueta política comunicativa, prefieren guardar silencio mientras sondean a su vez el mercado empresarial en busca de otros hipotéticos patrocinadores.

Sin embargo, es prácticamente imposible que ninguna empresa supere la suculenta oferta de la petroquímica, que rondaría los 20 millones de euros anuales más variables en función de la trayectoria deportiva del conjunto rojiblanco. La duración del patrocinio, que entraría en vigor en enero de 2016, se estima en cinco campañas, por lo que se prolongaría hasta junio de 2021.

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La tentadora oferta de Repsol cogió a contrapié a la directiva en fechas previas a la asamblea, por lo que ha mantenido un perfil bajo durante la negociación a fin de ganar tiempo y sondear sensibilidades. Una de las puertas que la junta presidida por Urrutia ha llamado sería, siempre según las mismas fuentes, Sabin Etxea, donde dieron vía libre a la operación bajo dos condiciones. Por un lado, instaron al Athletic a informar en todo momento a Iberdrola de sus intenciones y, por otro lado, la nueva designación debe incluir el término “Zelaia” otorgándole así proyección internacional y carácter de país al estadio y a la ciudad.

La energética sita en Bilbao, empero, no ha realizado contraoferta alguna, lo cual ha acelerado el devenir de los acontecimientos. A estas alturas es un secreto a voces la mediación en las negociaciones del jeltzale Josu Jon Imaz, ex-presidente ejecutivo de Petronor y actual consejero delegado de Repsol. De concretarse la operación, sería la segunda vez que Repsol patrocinaría al Athletic, pues estuvo presente en la camiseta del primer equipo por medio de Petronor.

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Y es que San Mamés cotiza al alza. La futura sede de la Eurocopa 2020 ha recibido tanto el galardón que lo acredita como uno de los mejores estadios del mundo como la certificación LEED, el distintivo de edificación sostenible más importante a nivel internacional. Repsol ha entendido que este posicionamiento estratégico reforzará su imagen, uniéndose a todas esas empresas que han querido aprovechar la fuerza de Bilbao, Bizkaia y el Athletic en busca de sinergias que les posibiliten nuevos negocios y nichos de mercado. Algo similar a lo sucedido con el raudo alquiler de los palcos VIPs, si bien las butacas ubicadas en los anillos norte y sur han permanecido desiertas en los dos últimos e intrascendentes partidos.

Tampoco hay que olvidar que el nombre del estadio era uno de los pocos espacios que permanecía inmaculado, debido sobre todo a la gestión de una junta capaz de encontrar, máxime en tiempos de recesión económica, innumerables patrocinadores oficiales, desde pipas a pacharán, sin olvidar la doble publicidad de la elástica del conjunto bilbaíno.

Es por ello que la afición del Athletic, sentimental hasta el paroxismo, podría no ver con buenos ojos el cambio de nombre. Desde Ibaigane entienden que sus seguidores acabarían por entender que el profesionalismo exige modernizarse, del mismo modo que acabaron por asumir la publicidad en la otrora impoluta zamarra, sin que las ventas se resintieran por ello.

Asimismo, la inyección económica supondría poder asumir fichajes de mayor envergadura, caso de Azpilicueta, Monreal o Griezmann, e incluso abordar la construcción de la cubierta retractil que palie las actuales deficiencias de San Mamés.

Una fuente de absoluto rigor a la que ha tenido acceso este medio y que prefiere permanecer en el anonimato cierra filas sobre hipotéticas disensiones dentro de la masa social: “¿Medida impopular? Por el amor de Dios. La gente puede seguir llamándole La Catedral, Sanma o lo que quiera, pero 20 kilos son 20 kilos. ¿Acaso quieren que les subamos las cuotas?” se preguntaba antes de deslizar que la oferta de Repsol podría llegar a incluir la esponsorización del equipo femenino e incluso de las instalaciones de Lezama.

Un pragmatismo que chocará, a buen seguro, con el sentir de los más románticos, que llorarán la desaparición de una seña de identidad del club, quizás la penúltima. De hecho, al cierre de esta edición un grupo de aficionados habían empezado a recoger firmas en contra en las redes sociales.

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