Contracrónica de la la contracrónica Getafe-Athletic

Sábado noche. Gente en la calle. Muchachos con pelos raros. ¿Por qué se empeñan en dejarse el nido de una gaviota en la cabeza? Un chico espera a un amigo, de repente, aparece ella. Una diosa de ébano.

Comienza el partido. Los dos amigos regatean a la gente y durante todo el zigzageo van realizando pequeñas paradas técnicas en las que piden al utillero de turno que refresque su garganta. Durante estas paradas, no solo refrescan, también desechan excedente. Pueden ver que otra gente del mismo equipo ha pasado también por aquí antes. Igual fueron ellos y simplemente no se acuerdan. Allí donde no hay rastro de su paso, se deja su adhesiva firma. Con la calle ya completa, y como buenos socialistas, estos dos camaradas se han afanado en repartir sus riquezas entre todos los utilleros del campo de juego. Quizá haya quedado alguno fuera del reparto. No inspiraba confianza.

El partido debió de acabar pero estos dos amigos no se debieron de enterar. El resto del publico ha abandonado el estadio. Deciden seguir jugando, en busca de un terreno de juego que se acomode a las circunstancias. Existe uno: siempre hay una ultima oportunidad. Asistencia técnica cumplida y para afuera, que este campo ha cerrado.

Los dos amigos toman la iniciativa de seguir jugando. Recorren los bajos fondos de la ciudad. Parece que esta noche no hay liga, todos los campos están cerrados. Solo queda una opción: ir a jugar una Final de Mundial a Maracaná. Son palabras mayores; habrá que pagar por entrar a jugar. Esto no gusta a estos dos amantes del viejo fútbol, nostálgicos del banco de madera y el serrín en el suelo.

Llegan a Maracana. Su peor presagio se ha cumplido: hay que pagar por querer entrar a jugar y, además, hay cola. No puede haber nada peor en este noble deporte.
Entran, comentan la jugadas de alrededor. Se han hecho viejos, los tiempo han cambiado. Otros jugadores hablan, ríen, incluso bailan con otras jugadoras. Ven entradas cuerpo a cuerpo, contacto físico, y no son amonestados. Siguen pidiendo ayuda a los asistentes. Esto es Maracaná, aquí la ayuda se paga, y bien. Uno de los jugadores decide retirarse. Un partido largo para él. Llevaba tiempo sin jugar, y ha saltado casi sin calentar. Lejos quedan aquellas ligas donde a esas horas se seguía con la zamarra limpia y la compostura intacta.
Se meten en el servicio público que les llevará a casa junto con otros deportistas de la noche. Hay restos de partidos peores, gente que llegará a casa lesionada.

Al día siguiente, con la mente algo mas lúcida, sin el calentón de la noche anterior, toca hacer balance. No volveremos a jugar. Algún utillero hijodeputa no nos debió de echar Acuarius legal en el botellín.

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