Marsella: contracrónica made in Lakua

Después de lo visto y vivido ayer en las calles de Bilbao, capital de la República bananera de Bizkaiastán, si algo nos queda claro es que a nivel de gobernanza en materia de seguridad estamos a la par que Oporto, y peleando el puesto clasificatorio con las autoridades belgas que gestionaron lo de Heysel.

Los precedentes estaban sobre la mesa, las cartas boca arriba y marcadas. Como hacen los equipos de fútbol en la previa, la alineación de los contendientes se conocía de antemano. Pues bien, nada de esto fue suficiente. No nos metemos (política de blog) en las historias hooligans y sus quehaceres. Ellos sabrán. Eso sí, algunos que apelan a cierta honorabilidad y grandilocuentes (y supuestas) ideas, deberían hacer examen de conciencia sobre actitudes como agredir a camareros, robar bufandas y/o banderas a chavalines y provocar y tocar las pelotas a quien se cruzara con ellos en Deusto, Indautxu o Abando. No digamos ya ir armados cual ejército de Pancho Villa. Tiene su gracia que los marselleses se parecieran tanto, por momentos, a cierta afición parisina que supuestamente tanto odian. Será que se contagia.

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Pero todo esto, de principio a fin, no habría sucedido si no tuviéramos un mandril oligofrénico manejando el cotarro. Durante los días anteriores, el Gobierno Vasco había publicado a bombo y platillo que iban a cobrar el despliegue de la Ertzaintza con motivo del partido. En teoría, ese despliegue se debía a la declaración de alto riesgo que se había decretado. Pues bien, después de que se vieran decenas de vídeos de ultras marselleses en medio de la ciudad desde primeras horas y en gran número, en vez de prevenir y meterles en el estadio bien prontito, por ejemplo, o enviarles al parque a dar de comer a los patos, ya que, como decíamos, el horario era propicio para ello, los chicos de negro y sus líderes prefirieron permitir que deambularan por las calles adyacentes al estadio con el resultado que a estas horas todos conocemos. Aquí somos más de represión que de prevención, ya se sabe, y de convertir Pozas en el viejo oeste.

Así que cabe preguntarse, ¿va el Gobierno Vasco a devolver el importe del despliegue a los socios del Athletic ya que el resultado es que ha habido incidentes prácticamente en cada esquina de Indautxu? Suponemos que no, ya que últimamente por Lakua y la comisaría de Deusto andan más pendientes de pedir dinero que de dar, como nos demostró un señor apodado “Ugarteko” y que tiene menos vergüenza que el partido que gobierna y sus socios municipales. Visto el talante del PNV, capaces de condecorar a alguien por lo de ayer.

Para rematar el esperpento, hoy se publica en El Correo (marca blanca de ABC) abundante información sobre los incidentes, con especial del ¿periodista? más amarillista y morboso de la provincia. Encantados están, más de media web de despliegue informativo. Pero entre todo, destaca una noticia que no debe pasar inadvertida: “los peritos no pueden determinar quién fue el ertzaina que mató a Iñigo Cabacas”. Tremendo. ¿Coincidencia? Es obvio que no. El mensaje queda claro: da igual qué ocurra, que a la policía siempre le va a salir gratis.

A estas horas, el resultado de la tarde de ayer es de varios heridos y detenidos por parte de los hinchas, miles de euros pagados al Gobierno Vasco por una seguridad incumplida, una muerte que sigue quedando impune y una afición harta de estas situaciones y que teme otra desgracia.

Algunos siguen reclamando finales de Copa, de Europa League y Eurocopas como si Bilbao estuviera preparada para recibir miles de ultras polacos, rusos o serbios. Sólo de pensarlo no sabemos si reír o llorar, pero pagaríamos por ver a Ortuzar y Urkullu sin sus guardaespaldas cara a cara con ellos en Doctor Areilza.

Mientras reflexionamos sobre todo esto, no podemos evitar que nos vengan a la cabeza oscuras premoniciones sobre lo que puede ocurrir de tocarnos un Lazio de la vida en octavos de final. Las cartas vuelven a estar marcadas y la espada de Damocles sobrevuela nuestras cabezas. El que avisa no es traidor, se dice…

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