Ultras del amarillismo

La violencia genera morbo. El morbo, convenientemente explotado, genera ventas. No es extraño, pues, que sea El Correo quien esté capitalizando lo acontecido el jueves en Bilbo bajo la excusa de una auto-arrogada rectitud moral.

Amarillismo

Nos han regalado videos, fotos, grandes titulares y hasta editorial. Una editorial donde piden explicaciones a Beltrán de Heredia amparando la postura de ERNE. Lógico, pues, que se maquille en páginas deportivas la actuación de la Ertzaintza en los alrededores del estadio. Connivencia, maquillaje y trato de favor entre policía y un medio de comunicación, sobre todo cierto fotógrafo “infiltrado” que se jacta en twitter de tener como amigos a “manguis, putas, policías y taxistas” y carece de escrúpulos para fotografiar primeros planos de piquetes en huelgas generales. Cosas de “cumplir con el trabajo”. Eso sí, la editorial en ningún momento se cuestiona el copago policial… por los servicios no prestados. Privatizar la policía no es escandaloso.

Tampoco lo es que Ugarteko pida casi 800.000 euros tras haber mandado entrar con todo al callejón donde mataron a Cabacas. De hecho, si el jueves hubo violencia es porque la Ertzaintza está “atenazada”; al menos es la excusa que el mismo medio viene amplificando reiteradamente. Lo que, en jerga futbolística, se denomina hacer la cobertura.

El Correo solicita mano dura, sus plumillas ansían que los violentos no campen a sus anchas, pero olvidan convenientemente que el único muerto hasta la fecha es Pitu. No hay reparación y su verdugo está en la calle. Ni una voz más alta que la otra sobre todo esto. El tono es monocorde, no sea que el lector se salga del guión.

La vehemencia y el odio son reservados para los ultras: “Porra dura (…), condenas largas, multas contundentes”. Elogio de la represión a mayor gloria policial y judicial. El Correo jamás ha usado un tono similar para las guerras del capital o las acciones de la OTAN, infinitamente más mortales y sanguinarias que los hooligans. Ni siquiera muestran tamaña vehemencia con la corrupción que asola su brazo político y económico, la derecha nacionalista española. Ni, claro está, con su pasado (¿?) franquista.

Amarillismo

Tratan de generar alarma social mediante el uso amarillista de la violencia. Pero, sin ánimo de banalizar el hooliganismo, resulta más preocupante que la sociedad ingiera tanta rancia pornografía ultraderechista y que los salvadores del orden y la ley se nos presenten como adalides de la paz cuando son quienes amparan, si no jalean, otros tipos de violencia mucho más dañina, mortal y perversa.

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