Joao, nos volvemos pa’ Bilbao

Habemus obra de la cubierta de San Mamés. En otro alarde de bilbaínismo boinarrosquista, la directiva, con el beneplácito del resto de socios de San Mamés Barria, se ha inclinado por la opción más cara y cobarde de todas y que implica gastar 10 millones de euros del bolsillo de los socios en un estadio estrenado hace apenas 3 años y tras haber gastado un dineral en las pruebas (túnel de viento incluido) para planificar la extensión.

Transparencia

No, no es la Ciudad de las Ciencias de Valencia, ni el aeropuerto de Castellón del PP. Es San Mamés y esto es el Bilbao y la Euskadi del PNV. El cambalache tiene su continuación a nivel institucional, cómo no, y empiezan a filtrarse a los medios ciertas informaciones que ponen en cuestión cómo se llevó a cabo la construcción del estadio, por si a estas alturas nadie sabía de qué iba esto de las obras públicas en nuestra provincia. Y claro, la maquinaria propagandística se ha puesto en marcha con noticias sobre la futura compra del estadio en 50 años. Justo ahora, ¿casualidad?

Bingen Zupiria, en la edición de Deia de hoy, saca el material de limpieza y nos deja esta lindeza (valga el pareado):

Cada vez que paso por delante de San Mamés me acuerdo del nuevo Mestalla, el estadio que el Valencia comenzó a construir en 2007 con un presupesto de 350 millones y que si alguien con mucho dinero no lo evita no será inaugurado. En el camino se cruzaron la impagable deuda del club ché y el expolio de la antigua Bancaja. Ayer supimos que el nuevo San Mamés, cuyas obras finalizaron just in time, nos ha costado 141 millones, 12 menos de los previstos, pagados por las instituciones vascas, un banco sano y un club sin deudas. Los hechos marcan la diferencia.

Claro que sí, Bingen, vamos a los hechos: estadio sin terminar, a costa de trabajadores sin convenio, que nos costó 141 (+10) en los peores años de crisis y recortando en todos los sectores, entre otros, educación y sanidad. Una caja de ahorros privatizada que desahucia familias y un club con pacto en la hacienda territorial. Cuidado no te des de bruces con un muro de tanto mirarte el ombligo.

No sabemos qué recorrido tendrá y si alguien tendrá que responder por toda esta chapuza, pero de primeras, conviene hacer repaso de lo que hemos publicado sobre este tema anteriormente.

Que esta vez no nos coja a contrapié. Después de ver cómo se violaban los derechos laborales de cientos de obreros en las obras del nuevo estadio, cómo se hacían malabarismos para encajar de mala manera el centro de alto rendimiento que exigía el Gobierno Vasco para intentar justificar una inversión obscena de dinero público para disfrute privado, o cómo el contrato se daba a dedo a una ingeniería, no podemos volver a tolerarlo.

Desde aquí, volvemos a exponer claramente nuestra opinión. No a las obras de la cubierta, sí al traslado de la grada popular a sur, sí a la rebaja de cuotas de quien se siga mojando, no al oscurantismo en los contratos y en las licitaciones, no a la complicidad política de ciertos partidos con este nuevo derroche, sí a la compra de la parte pública del estadio por parte del Athletic Club para ser dueños en exclusiva. El silencio cómplice de partidos de la izquierda y los sindicatos en este asunto no debe volver a darse.

De primeras, el club se niega a facilitar los documentos de licitación a los socios que los solicitan, bajo el pretexto de que el club no es propietario exclusivo de estadio. Sin embargo, sí facilitan esos documentos en la web oficial para empresas interesadas. Empezamos mal.

Emplazamos pues al club a ser totalmente transparente en este proceso y poner encima de la mesa y boca arriba todas las cartas. Y desde luego, exigimos la asunción de responsabilidades. Hay directivos que vendieron una Scooter a precio de Yamaha (Aldazabal) y el resultado es un gasto extra, y otros que tuvieron brillantes ideas como la composición de las gradas. Todos ellos responsables del desastre.

Anuncios