Orgullo agridulce [contracrónica Sevilla-Athletic]

Una mezcla de orgullo y sinsabor se mezclan en esta resaca de Europa League. A la salida de los bares, y suponemos que en la grada rojiblanca del Pizjuán, había quien señalaba los errores y desconexiones puntuales con dos focos principales: la pifia de Muniain en la ida y el fallo de Beñat desde los 11 metros. Habrá incluso quien tirará de fobias para cargar contra, quién sabe, Susaeta y su vaselina del descuento o contra un Viguera, a quien nadie esperaba y acabó jugando los minutos más importantes de lo que va de año. O podemos hablar de los detalles y la pegada que hacen ganador a un equipo, como la moneda que Woody Allen pone a bailar en Match Point. En todo caso, el Athletic fue un equipo, aunque dicho así suene a poco, y lo dio todo, lo cual debe bastar para alimentar el orgullo del hincha.

Porque cuando prácticamente solo la inquebrantable fe rojiblanca animaba la remontada, el Athletic nos sorprendía con otro golpe de autoridad. Ocurrió en Cornellá el año pasado en copa, se repitió en la Supercopa de verano y ayer se quedó a medias. No es fruto de la casualidad y, seguramente, debamos alabar la labor psicológica de Valverde en la caseta.
Afrontar el choque con Laporte, Williams y Sabin Merino lesionados, Muniain en baja forma y Aduriz exprimido, sobreponerse después a las lesiones de Bóveda y el propio Aduriz y ser doblegado únicamente a penaltis no es algo al alcance de cualquiera. Asimismo, basta comparar la defensa que anoche saltó al campo con la que jugaba a las órdenes de Bielsa contra el Schalke, Manchester United o Sporting de Lisboa. Y haciendo un ejercicio de fútbol-ficción, esta misma defensa puede verse ostensiblemente debilitada si Laporte decide irse en verano. En caso de suceder, deberíamos estar tranquilos. Hay mimbres para armar un equipo competitivo.
Y todo esto sucedía en un campo como el Pizjuán, donde a la hora de los penaltis vimos qué supone lanzar frente a una grada de pie a rebosar y con el campo convertido en una caldera. El ambiente influye en jugadores y trencillas y, de hecho, no es exagerado tildar de casero el arbitraje de anoche. Así, el hincha de a pie puede comparar el ambiente de la ida en San Mamés con el vivido anoche en el Pizjuán o, en un ejercicio de memoria histórica, con el del derruido San Mamés en las semifinales de 2009 frente al mismo equipo. ¿Alguien tomará nota en Ibaigane o le dictará la agenda algún(os) medios casposos locales?
Pese a todo, orgullosos. Volveremos. 
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