Eire – Georgia [Rocky road to Russia]

Inauguramos sección en el blog, Rocky road to Russia, para seguir las andanzas de nuestros dos combinados preferidos, Eire – República de Irlanda, y Caledonia – Escocia. Sí, como hinchas vascos, nos sentimos huérfanos de referentes internacionales a los que seguir la pista. Podríamos haber escogido Alemania o Argentina, pero somos gente sufrida, que gusta de hazañas como pasear por Edimburgo una mañana de invierno con kilt o intentar aprobar el C1 de gaélico.  Empezamos pues con el Eire – Georgia, un partido que no cambiará la historia del fútbol mundial  ni atraerá hordas de aficionados al deporte rey.

Tras el importante empate a dos que se trajeron de Serbia, el largo camino de Eire hacia Rusia 2018 se estrenaba en casa frente a Georgia, en un choque que, visto lo visto en el césped, bien podría haberse tratado de un partido de rugby (no en vano, Georgia suele estar en el Top 20 del World Rugby Ranking, mientras que es de todos conocido el potencial de Irlanda en el mundo oval).

El partido comienza con una de las señas de identidad del fútbol de las islas cuando juegan en casa: presión arriba y un ritmo alto en los primeros minutos, lo cual hace que el rival se amilane y el público se venga arriba. Así, en el minuto 4, tras una internada por banda izquierda llega la jugada polémica de la noche, en forma de posibles manos de un defensa georgiano desde el suelo. Estamos en lo de siempre: ¿Intencionalidad o no? ¿Penalty o no? Como ya parece una lotería, esta vez no tocó el gordo. El juego continua.

El asedio feniano se queda en pólvora mojada. A partir del cuarto de hora, Georgia empieza a estirarse, creando las mejores ocasiones de la primera parte, destacando una donde debió aparecerse el mismísimo San Patricio en el Aviva Stadium, tras dos remates seguidos a los palos, al larguero primero y al poste, después, ante la estatua que hizo Randolph que, emulando a nuestro gran Armando, se limita a observar cómo el balón pasa de un lado a otro. Sólo le faltó santificarse. Tras el monumental susto, llegamos al descanso con una cierta sensación de alivio por parte de una afición local que no logró llenar el campo. Dicen algunos que buena parte de la Green Army sigue todavía en los bares de Francia cantando ‘Fields of Athenry’ durante la última Eurocopa…

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Comienza la segunda parte y toca espabilar. Quizás Roy Keane -segundo de Martin O’Neill- les dijera cuatro cosas a los muchachos, pero el caso es que Irlanda salta con otro brío al terreno de juego, no sólo en cuanto a intensidad, sino también con destellos de clase. El primer aviso llega tras una bonita jugada, con caños y técnicos regates incluido. Increible, oiga. Y en el 56 llega el tan ansiado gol, tras una gran internada por banda derecha del capitán Seamus Coleman que tirando primero de técnica y, después, de casta, consigue literalmente meterse en la portería con el balón en los pies, en un tanto que se pareció una barbaridad a un ensayo en rugby. Pero aquí no acaban las similitudes con este noble y bello deporte: Un jugador georgiano acaba con un aparatoso vendaje en la cabeza -en uno de esos momentos épicos que tanto pone al aficionado- y, poco después, el héroe nacional James McClean manda un chut a su Derry natal, como si fuera un tiro a palos.

Eran los mejores momentos de los locales. El gol les dio la confianza suficiente para no sólo llegar a portería, sino también para anular el ataque georgiano, que acabaron muy justos de gasolina. Así, llegó un gol anulado por fuera de juego al propio McClean (bien anulado, por cierto) y un remate al larguero en los últimos minutos, donde esta vez le tocó hacer la estatua al meta rival, Loria.

Quizás para darle más emoción al asunto, al árbitro decidió aportar su granito de arena, añadiendo siete minutazos de descuento. Cierto es que en la segunda parte hubo un par de interrupciones para atender a jugadores lesionados, pero tanto tiempo nos parece desmedido. O quizás no estemos muy acostumbrados en la -ejem- mejor liga del mundo (unas risas enlatadas, por favor).

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Se llegaba al final con ese 1-0, tan rácano como importante para las aspiraciones fenianas, que el grupo se pone de los más interesante con cuatro selecciones empatadas a cuatro puntos comandando la clasificación. Lo mejor, al margen del resultado, el tanto de Coleman, no sólo por su importancia, sino también porque supuso su primer gol como internacional y, encima, en el partido 40 defendiendo la zamarra verde.

Un partido que no pasará a las anales de la historia pero -qué coño!- a ver si os creéis que Alemania saca el rodillo desde las rondas clasificatorias…

Clasificación del Grupo D, tras dos partidos jugados:

1. Gales 4 puntos (+ 4)

2. Serbia 4 (+ 3)

3. Austria 4 (+ 1)

4. Eire 4 (+ 1)

5. Georgia 0 (- 1)

6. Moldavia 0 (- 3)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Free Derry.

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