Denis Law tenía razón (Engrrrrland – Caledonia) [Rocky Road to Russia]

Hay una gracieta muy extendida en Escocia atribuida al héroe local Denis Law cuando dijo que su plantilla ganaría a la actual del Manchester United sólo por un 1-0 porque ya está bien entrado en sus 70. Efectivamente, Law –ex mancuniano y máximo goleador histórico de la selección escocesa junto con Kenny Dalglish- cuenta hoy con 76 primaveras. Pues bien, este jocoso comentario puede aplicarse perfectamente a la actual selección de Escocia.

Y es que llevan metidos demasiado tiempo en un pozo sin fondo, concretamente desde 1998 cuando jugaron su última gran cita internacional en Francia. A saber, antes de los móviles, antes de internet, antes de Gran Hermano y antes de que el fútbol apestara…

Su enésimo intento de poner fin a esta travesía por el desierto pasaba por sacar algo en casa del ‘Auld Enemy’, o sea, Inglaterra. Pero una Inglaterra que tampoco está en absoluto como para tirar cohetes, tras ir coleccionando un fiasco tras otro, tocando fondo en la última Eurocopa contra esa superpotencia futbolística de nombre Islandia, para desgracia de ingleses y despiporre del resto de las islas.

Los antecedentes sólo alimentaban la incertidumbre. Escocia empezó más o menos bien la fase de clasificación de Rusia 2018, para ir desinflándose irremediablemente cual globo pinchado, hasta el punto de que hay ya voces que piden la cabeza de Gordon Strachan tras el anterior despropósito frente a esa otra superpotencia balompédica como lo es Eslovaquia (3-0).

whocares

¿Y de los Sassenachs qué podemos decir? Pues que tras el histórico -aunque ya habitual- ridículo frente a Islandia el verano pasado, todavía se las ingeniaron para caer un poquito más bajo tras el fugaz paso de Sam Allardyce por el banquillo inglés: un solo partido con pírrica victoria en Eslovaquia (0-1 en el descuento y gracias), 67 días en el puesto y vuelta para casa tras verse envuelto en un escándalo relacionado con comisiones y demás chanchullos en la pocilga en la que se ha convertido el mundillo del mercado de jugadores, práctica que ya forma parte del ADN del fútbol actual.

Para enredar un poco más en el ambiente, en los días previos surgió la polémica del ‘poppy’ -esa amapola que conmemora a los caídos del ejército británico en los tropecientos mil berenjenales en los que se ha metido- cuando (con especial ahínco en Inglaterra) se pidió permiso a la FIFA para que ambos conjuntos pudieran llevar estampada la dichosa florecilla en las camisetas y los mandamases del balompie mundial se negaran escudándose en ese otro mantra del fútbol moderno del “no me mezcle usted fútbol con política”, tan manido entre los ciudadanos del mundo mundial y el club de fans de ‘Los mundos de Yupi’. Caramba, como si no fuera ya suficiente con el referéndum en Escocia de hace dos años o el todavía reciente Brexit, que ha ahondado aún más en las diferencias entre las dos naciones. Sea como fuere, el caso es que al final los dos equipos saltaron al campo con las camisetas inmaculadas, pero también con unos brazaletes negros mostrando un poppy, quedando así en tablas el particular duelo con la FIFA. Fue el único momento de cierta confraternización entre las dos aficiones, ya que la tónica de la noche fue el abucheo continuo al rival cuando éste entonaba su himno nacional, tanto en los prolegómenos como durante el partido (estimado amigo rugbier, que no cunda el pánico, que ni esto es Twickenham ni es el VI Naciones).

Con todo esto, el balón se puso a rodar en un Wembley que se acercó al lleno, con la presencia de casi 14.000 aficionados venidos desde Escocia y que fueron, una vez más, el mayor activo que tiene este equipo. Como cualquier partido de máxima rivalidad, pique y hasta odio, el miedo a no perder hizo que el juego fuera de lo más atascado sin un dominador, al margen de que ambos equipos cuenten con las plantillas más flojas y carentes de ideas que uno pueda recordar. No sé, quizás la Premier necesite más materia prima y menos petrodólares. En fin, ellos verán.

El reloj corría y el fútbol que no aparecía. Los continuos errores defensivos no eran aprovechados por los delanteros en lo que parece una apuesta para ver quién lo hace peor. Más que un “Quiero y no puedo”, esto parece un “No puedo porque no sé”. Y así, hasta que mediada la primera parte llega el primer gol local tras un buen remate de cabeza de Sturridge a un centro-chut-pedrada desde banda derecha. Se podría pensar que el gol sacaría al partido de la mediocridad, pero no. El tedio sigue campando a sus anchas por el césped de Wembley con insultante impunidad ante la pasividad de los ‘stewards’. Lo más parecido a una reacción por parte escocesa vino en un corner cuando el central Hanley mandó a la aurora boreal de Aberdeen lo que pareció ser un remate de cabeza tras ver cuatro repeticiones, estando libre de marca el jugador para más inri. Se llegaba así al final de los primeros 45 minutos que parecieron 45 años.

El segundo acto comenzó con otro brío pero el arrebato duró sólo cinco minutos, intervalo en el que a Caledonia le dio por jugar al fútbol, creando dos buenas ocasiones en los minutos 48 y 49, cuando Forrest mandó fuera por poco un disparo y acto seguido, Snodgrass tuviera la mala fortuna de que su remate se estrellara contra un defensa inglés ya que estaba Hart de cancerbero, con lo que hubiera sido gol sí o sí.

Pero como a perro flaco todo son pulgas, en el minuto 50 Inglaterra marcó el segundo de la noche tras una internada por banda izquierda que remata astutamente Lallana al fondo de la red. 2-0 y partido finiquitado, aunque todavía habría tiempo para el tercero diez minutos más tarde cuando Cahill remata de cabeza un corner en el que Craig Gordon sólo pudo acariciar el balón con la punta de los dedos, en uno de esos goles que tanta rabia te da encajar. Grrrrr!!

Casi peor que el resultado era el hecho de que todavía quedaba media hora por delante, así que para buscar algo de entretenimiento, tornamos la mirada a las gradas. En un momento, desde el sector donde se situaba la Tartan Army se lanzó al césped un balón de fútbol y lo que pareció ser una pelota de tenis. Hart recogió ambos en la que fue su única parada de la noche (y una de las pocas de su carrera). A diez minutos del final y en un ataque de orgullo, los bravos caledonios se lanzaron a pleno pulmón con uno de sus cánticos predilectos ,’We’ll be coming’, con el partido más que decidido, demostrando así por qué son la mejor afición a nivel de selecciones. Mientras, por el lado inglés hubo una bochornosa pelea entre dos de sus propios seguidores, acabando uno de ellos con la cara ensangrentada con lo que tuvo que ser desalojado por el personal de seguridad. This is England.

Ante tanto esperpento, llegó la mejor jugada del partido cuando el trencilla tuvo la genialidad de añadir sólo dos minutos de descuento. Fue maravilloso ver cómo el cuarto árbitro levantaba con esa clase y maestría el tablero electrónico con el número 2. Man of the match, sin duda.

Resumiendo, 3-0 para los ingleses, segundo 3-0 que encaja consecutivamente Escocia y quién sabe si para cuando se publique esto, Strachan ya no es entrenador caledonio. Pocas veces se podrá ver a un equipo hacer tan tan tan poco y llevarse un resultado tan holgado. Esto puede explicar los descalabros de ambas selecciones en los últimos tiempos y las palabras de Denis Law, que tenía más razón que un santo.

Clasificación del grupo F tras la jornada 4:

1. Inglaterra 10 puntos

2. Eslovenia 8

3. Eslovaquia 6

4. Lituania 5

5. Escocia 4

6. Malta 0

  • Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia
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