Se veía venir…

Duele que te eliminen en dieciseisavos, pero visto el juego que el equipo venía desplegando, sobre todo fuera de casa, la eliminación era cuestión de tiempo. El sopapo es duro y ya da igual calificarlo de fracaso, hecatombe o cualquier otro sustantivo hiperbólico. Tampoco vale poner paños calientes y hablar de la efectividad del Apoel, porque los chipriotas sí sabían qué tenían que hacer en el campo. Fueron un bloque aguerrido y sufridor que jugó sus bazas pero, sobre todo, fueron un equipo.

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Fuente: Mundo Deportivo

Sin embargo, el Athletic lleva tiempo sin saber a qué juega. Lo fía todo a San Mamés y a Aduriz, un tipo en vías de canonización. Por lo demás, no hay frescura en el juego, se carga el ataque por la banda derecha y se fía todo al balón parado y a las individualidades.

Así las cosas, es Muniain quien lleva el peso del juego y rompe líneas rivales a base de regates estirando así el equipo. En banda no brilla, pero colocarlo en el centro supone sacrificar a Raúl García, cuyo rendimiento se resiente jugando escorado. O Muniain o Raúl García, pero Valverde aún sigue indeciso.

La Adurizdependencia es preocupante a corto plazo. Williams, ya se ve, no es un killer. Adolece de puntería y, si nos apuran, incluso de técnica, al menos para ser un jugador crack y resolutivo. Acaso es que nos hemos acostumbrado a lo bueno y pedimos demasiado. O acaso sólo pedimos en función de la escala salarial que manejan los jugadores.

Otro gran déficit son los centros al área. Balenziaga, De Marcos o Muniain, jugadores de banda todos ellos, no centran bien y apenas dan asistencias. Suponemos que estas cosas se ensayarán en Lezama, pero son exasperantes. Y así podríamos seguir hablando del portero (ayer bien por lo demás), de la falta de sangre de Susaeta o del árbitro, pero ya da igual.

Toca centrarse en Liga, dar con la tecla del buen juego, que, como diría Bielsa, es el camino a la victoria. Ocurre que tanto partido, tanta sobredosis futbolística, ha llegado a cansar incluso al aficionado, cortoplacista por lo demás, que pedirá fichajes y la cabeza del míster a nada que sigamos en esta línea de ganar en casa por testiculitis y dar lástima allende nuestras fronteras.

El futuro no se atisba con claridad. A saber cómo bajan los ánimos en la caseta, si el míster está harto, quemado o se siente incapaz de seguir al frente de la nave y ha perdido de una vez por todas la ilusión. Lo peor es la sensación de que, con Txingurri o sin él, la incertidumbre, la desilusión y la monotonía puedan instalarse a medio plazo sobre equipo y afición.

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