I wish I was back home in Derry (EIRE 0 – GALES 0)

* Ronald McDonald, enviado especial de Alabinbonban en Free Derry

Volvía al Aviva Stadium de Dublín el fútbol internacional con la bella y siempre combativa Derry en la mente de todos. Y es que tristemente esta pequeña ciudad amurallada al norte de Irlanda, escenario de mil y una batallas, ha sido por unos días la capital irlandesa en lo mediático. De todos es ya conocido el fallecimiento del dirigente republicano Martin McGuinness en su Bogside natal rodeado siempre de los suyos. Pero es que también, pocos días antes, moría repentinamente el capitán del Derry City FC, Ryan McBride. Demasiado palo como para que pasara desapercibido, y más aún, en un país muy acostumbrado a la pérdida y el luto fruto de su agitada historia. Estaba claro, por tanto, quién iba a protagonizar los prolegómenos del partido, con dos detalles a destacar sobre el resto. El primero vino de la mano de James McClean, el rápido lateral también de Derry, que para la ocasión cambió su habitual dorsal 11 por el 5, que era el que vistió McBride. Y por parte galesa, el capitán Ashley Williams tuvo el precioso detalle de mostrar una camiseta de su selección con el nombre y el dorsal del fallecido jugador del Derry City.

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Con estas, se presentaban Irlanda y Gales en un Aviva a rebosar, ante un partido tan clave como atractivo para ambas selecciones. Los fenianos venían en mejor situación, liderando en solitario su grupo tras su anterior victoria en Austria (0-1), mientras que Gales encaraba el partido con más dudas, a cuatro puntos de Eire y habiendo perdido parte del ‘duende’ que les hizo practicar un fútbol de lo más atractivo en la anterior Eurocopa cuando cayeron en semifinales frente a Portugal. Esto podría explicar que Gales estuviera casi siempre mejor asentada y más cómoda que el rival. Mientras los del dragón practicaban una presión arriba que provocó multitud de pérdidas de balón por parte irlandesa, los locales esperaban al rival en su campo. Sin embargo, este dominio no se tradujo en ocasiones durante la primera parte. Gales llevaba el peso del partido pero no acababa de llegar a la portería rival, mientras que Eire ya tenía suficiente con sacudirse la presión galesa. Por tanto, un 0-0 de libro al descanso.

La segunda parte comenzó con la misma tónica, pero esta vez el dominio galés vino acompañado de una mayor determinación, lo que se tradujo en las primeras ocasiones reseñables del partido -eso sí, ya en la segunda parte, ¿eh?- siempre con Gareth Bale como protagonista. Primero, en una falta que fue a las manos de Randolph (al menos, quedará para las estadísticas como el primer disparo del partido entre los tres palos) y luego, con otro disparo cruzado y fuerte desde fuera del área tras una jugada personal en la que él solito se lo guisó y se lo comió. Definitivamente, Bale es media Gales.

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Fueron los mejores minutos visitantes. El 0-1 parecía cercano, aunque de nuevo, la rústica pero férrea defensa feniana se las arregló como pudo para achicar balones. La afición galesa, que ocuparon todo el pequeño fondo destinado a la hinchada visitante (y que me recuerda un poco al antiguo y entrañable minúsculo fondo de Goodison Park en los 80), se vino arriba. Pero todo cambió en el minuto 69, cuando una criminal entrada de Taylor a Coleman, acabó con el primero expulsado (buen puro le puede caer al galés) y el segundo con la pierna rota, abandonando el campo en camilla y asistido con una mascarilla de oxígeno (¡cosa que un servidor no había visto en la vida!). Para que el lector se haga una idea del hostión que se llevó el capitán irlandés, en la retransmisión tuvieron el detalle de no dar ni una sola repetición, suponemos que por aquello de no herir sensibilidades. Por sacar algo positivo, la bestial entrada no derivó en las típicas y bochornosas tanganas entre jugadores o fútiles y airadas protestas al árbitro. Hay esperanza.

Como decíamos, la desgraciada jugada cambió por completo el partido. Con un jugador menos, ahora Gales se puso el mono de trabajo y comenzó a defender el empate como durante los 70 minutos anteriores lo había hecho Eire. Tocaba zafarrancho de combate y los fenianos se lanzaron sin tapujos al ataque, con más tesón que brillantez, todo sea dicho, pero es que esto es Irlanda, caballeros. De todas formas, Gales todavía tuvo ocasión de dar un último susto a la parroquia local, cuando Bale -el omnipresente Bale- sacó de la nada otro lejano disparo que salió lamiendo la escuadra.

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Finalmente, tras cuatro minutos de descuento -escasos, teniendo en cuenta el tiempo perdido en evitar que Coleman se quedara sin pierna-, el trencilla italiano señalaba el final del partido en pleno asedio local, con la sensación de que el empate le vale más a Irlanda que a Gales, ya que se mantiene la diferencia de 4 puntos entre ambos, aunque hay un partido de vuelta pendiente en Cardiff, ojo. Por contra, Eire pierde el liderato en solitario para compartirlo ahora con Serbia que ganó su partido en Georgia.

Y con Derry en el corazón, el reconocimiento de ‘Man of the match‘ fue para James McClean, en un partido muy especial para él tras la semana tan complicada que ha pasado, en la que ha perdido a un amigo y compañero de profesión y a un héroe de la comunidad en la que nació y se crió.

Clasificación del Grupo D, tras 5 partidos jugados:

  1. Serbia 11 (+ 6)
  2. Irlanda 11 (+ 4)
  3. Gales 7 (+ 4)
  4. Austria 7 (+ 1)
  5. Georgia 2 (- 4)
  6. Moldavia 1 (- 11)

 

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