[Harmailatik] San Mamés fue un clamor por Iñigo Cabacas

Ni el horario, ni el día, ni Lakua, ni Ibaigane fueron impedimento para que San Mamés, de nuevo, fuera un auténtico clamor pidiendo justicia para Iñigo Cabacas. La ICHH había repartido 10.000 cartulinas a tal efecto, y una afición rojiblanca, harta, cansada y hastiada dio buena cuenta a quienes estuvieran en el palco o delante del televisor. Un minuto 28 que dejó bien patente todos estos sentimientos. No creemos que políticos y demás vayan a rectificar un ápice la actitud tan rastrera que han mostrado hasta ahora y de la que han dado vomitivas muestras recientemente.

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Nos referimos, claro está, a las declaraciones de Pastor (PSE, socios de gobierno del PNV), asegurando que si la Ertzaintza no hubiera sido recibida con botellas y pedradas, probablemente, no se hubiera producido la carga policial”. Es más, enmarca la muerte de Cabacas tal como sigue: Como se había generado en este país, en determinadas partes de la sociedad, una especie de cultura del odio, entre ellos, a la Ertzaintza, eso provoca situaciones indeseables”.

Es difícil ser más canalla y vil. Y eso viniendo de un partido que respaldó a Ares, máximo dirigente político del dispositivo que mató a Cabacas. Un Ares que después trató de falsificar lo ocurrido mareando con porras extensibles que sólo existían en su imaginación. Un PSE que se ha hartado de pedir que no se politice la muerte de Cabacas nos viene con justificaciones políticas de baratillo, intentando desviar la atención y eludir su responsabilidad. Bien saben, además, que la policía jamás cargaría en un batzoki o casa del pueblo.

Otros que hacen el juego al poder en esta “mini” batalla del relato son los comentaristas de Bein Sports. El clamor de San Mamés fue tal que en la retransmisión en directo Santiago Segurola se vio obligado a decir que se estaba recordando el “fallecimiento” de Iñigo Cabacas. Ni una palabra sobre quienes ejecutaron tal hazaña, como si le hubiera caído una teja. Nada más salió de su boca, ni de la de Xabier Mendia ni del resto de contertulios, supuestos eruditos a los que les suponemos cobardía y no desconocimiento, pues son los mismos que no escatiman en peroratas sobre el tipo de jugador que fue Quique Sánchez Flores o sobre lo interesante que es el Thinking Football. Hablando de la Fundación, ¿dónde está? ¿Qué hace cuando matan a un hincha de su propio club? ¿Reflequé?

Claro que lo de la Fundación y demás nos cuadra perfectamente, sobre todo teniendo en cuenta la caza a la que se dedicó la Ertzaintza y la seguridad del club en las inmediaciones de La Catedral y en los accesos, identificando a los que repartían carteles e intentando impedir su introducción (en vano, la voluntad popular es imparable), sumado todo ello a las coacciones habituales, pues todo entra en un guión perfectamente interpretado por los diferentes actores de una misma película. La ICHH lo denunciaba en Redes Sociales.

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Es decir, cuando el club asegura que no tiene que decir absolutamente nada sobre Cabacas y que deja hacer a la justicia (su puta justicia, la burguesa a los servicios de policía y establishment, huelga recordar), pero luego monta y ampara todo este circo coartando la libertad de expresión de su propia masa social, lo que está haciendo es posicionarse claramente con aquellos que, lejos de querer hacer justicia, desean condenar a Cabacas al más puro silencio y ostracismo. ¿Merece la pena ser socio de un club que trata así a sus hinchas?

Si de alguna manera podemos resumir estos 5 años, ¡5!, que llevamos esperando una sentencia, es con la sensación de hartazgo total. Hartos de amagos que no van a ningún lado, hartos de jueces, políticos, responsables policiales, “sindicatos del crimen” de la policía autonómica y demás calaña. En definitiva, hartos de ver cómo intentan escurrir el bulto y tapar bajo la alfombra un asesinato que va a quedar impune, más allá de castigos administrativos que pudieren darse.

Ojo, no hemos sido nosotros los que hemos trazado una línea roja bien clara, con Iñigo o contra él. Han sido “ellos”, los violentos, los represores, los ocultadores de pruebas o los medios que les amparan (con plumillas de Vocento a la cabeza), todavía hoy. Y esa línea marca claramente el camino y la actitud que desde el 5 de abril de 2012 en adelante nos guía. Cero credibilidad y cero respeto por quienes pueden asesinar impunemente sin necesidad siquiera del más mínimo arrepentimiento mientras, para más inri, “ellos”, sus amos, nos sermonean a los demás con suelos éticos. O se usa la misma vara de medir para todo o el mensaje que cala en la sociedad es el de la hipocresía total.

Poco más podemos añadir, excepto otro (y son ya demasiados, señoría) abrazo fraternal a unos familiares y amigos que bien podrían ser los nuestros, o los de cualquiera que pisara aquel día aquel maldito callejón.

JUSTIZIA IÑIGORENTZAT

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