SANKT PAULI, otro fútbol es posible

*Colaboración de Animazio Harmaila

Ya llego el verano ya llego la fruta, el que no se agache es un hijo…

Ya llego la maravillosa época estival, época de temperaturas obscenas, guiris (y no tan guiris)en sandalias con calcetines, camisa marcando axila oscurecida camachil y el comienzo del páramo futbolístico veraniego, que este año a falta de una entretenida euro-hostias con sus rusos y sus  ingleses y sus cosas, y a puntito de terminar las distintas fases de ascenso, nos hayamos ante un horizonte  yermo de actividad, mas allá de distintos torneos infantiles-juveniles ultramercantilizados, que crecen y se reproducen como por esporas a la par de los festivales musicales veraniegos.

Así que ante este panorama, qué mejor que un buen libro para esos ratos en la toalla en la playa o esas tardes de domingo para mitigar un poco la resaca tras el Azkena, las fiestas del Carmen o txapel-reggae.

ST PAULI
“otro fútbol es posible”

Carles Vinyas y Natxo Parra nos relatan en este libro, bajo el hilo conductor del fútbol, una parte de la historia reciente de Alemania, Centro Europa y los distintos movimientos sociales que surgieron tras la Segunda Guerra Mundial, el fin de la Unión Soviética y la caída del muro y la reciente Unión Europea tras el Tratado de Maastrich.

Quien mas quien menos habrá oído hablar sobre el Sankt Pauli, su icónica calavera, sus ultras y sus acciones reivindicativas y tendrá una idea aproximada de cuál es el rollo que lleva este club de culto. Pero pocos sabrán que no todo el monte es orégano, y cómo empezó la mentalidad revolucionaria del Sankt Pauli como institucion y su afición.

Un recorrido histórico-futbolístico, partiendo de mediados del siglo XIX, pasando por todo el siglo XX y acabando hoy en día. Fans, seguidores, ultras, skinheads, okupas, sqatters, trabajadores del sexo y el barrio rojo, policía, políticos, punks, kuttens….junto a la evolución de una barrio, un equipo de fútbol, una ciudad, un país, una pizca de corrupción, gentrificación, nueva ola de policorrectismo….

Un repaso completo de la sociedad de Hamburgo, y cómo ha evolucionado todo, y la demostración de cómo, queriendo, se puede rebajar muy mucho el grado de marcantilizacion de un club, y cómo se puede ganar en participación de la masa social en la toma de decisiones del propio club.

Es un libro denso, que posiblemente requiera de varias lecturas para poder hacerse con una idea general plena de la historia del Sankt Pauli, ya que contiene centenares de anotaciones, que de ser leídas a la vez que el propio relato, nos cortan el ritmo y nos inundan con demasiada información que nos nubla la posibilidad de fijar los contenidos que estamos leyendo.

 

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Pero que en una primera lectura, ciñéndonos casi exclusivamente al relato, satisface gustosamente la curiosidad por este club tan singular.

Como critica negativa, nos pareció demasiado farragoso una parte del libro donde se cuenta con demasiado detalle el devenir deportivo del club de unas cuantas temporadas, con resultados, goleadores, fichajes… y semi-crónicas deportivas de algún encuentro que mas allá de curiosidad para los fans de la estadística, no aportan demasiado al libro.

También echamos en falta alguna entrevista de alguien relacionado bien con el propio Sankt Pauli, bien con algunos de los movimientos sociales de Hamburgo que pudiera haber aportado un contrapunto subjetivo de lo que se vivió y se vive allí.

En general, un fantástico libro que cumple de sobra con las expectativas, de casi 300 paginas, con prólogos de Quique Peinado (periodista y columnista, autor de los libros “futbolistas de izquierdas” y “a las armas”) y Deniz Naki (jugador kurdo con una jugosa historia que algo nos cuenta el libro) que harán las delicias de aquellos que busquen algo mas allá de JOL, Iñigo Larva y compañía.

wer hat uns verraten? sozialdemokraten! wer verrat uns nie? SANKT PAULI!
FUßBALL GEGEN NAZIS!!

Beste futbol bat posiblea da
Bejondeizuela

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Facturas a medio plazo

¿Qué futuro le espera al Athletic? ¿Quién será el sustituto de Aduriz? ¿Pondrá Balenziaga algún buen centro durante el próximo lustro? Todo es incertidumbre, quizás eso sea lo bonito de este juego, pero como en Ibaigane saben desde hace tiempo que el fútbol es negocio, balance, pérdidas, ganancias, inmovilizado pasivo y similar vocabulario, intuimos que andarán trabajando en ello, que diría el ínclito Josemari.

Desde nuestra humilde tribuna, el panorama es desalentador. Cada vez es más difícil no ya fichar jugadores top sin soltar un pastizal, sino retener a los propios canteranos. La mayor de las veces, pues, quedan a tiro medianías que, encima, resultan caras, bien sus fichas bien sus traspasos.

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El nuevo reparto del dinero televisivo, además, hará más fuertes a nuestros más cercanos competidores. La Real tiene más dinero para retener a sus canteranos y cuenta con extranjeros con los que, a nada que acierte, poder montar un bloque que a medio plazo pueda superar el nivel del Athletic y disputarle la hegemonía. Por de pronto, este año han acabado arriba. Sí, con un gol en el 93 y una competición menos, pero “clasificación, amigo”. El Eibar, asimismo, también se está moviendo a la hora de captar jóvenes promesas en su radio de acción más próximo, Durangaldea. Y fichar en los despachos de Iruña y Gasteiz no es tan sencillo como antes.

Difícil mercado el del Athletic que, por si fuera poco, ve cómo vuelan una docena de chavales bizkainos a destinos tan dispares como Villarreal, Eibar, Real, Alavés o Madrid. Veremos quién de ellos llega a primera, pero a priori no es buena señal. Tampoco cabe llorar porque pesquen en Bizkaia, pues el Athletic lleva años haciendo lo propio en otras provincias. De ahí que la Real haya fichado a Txirri como ojeador. Movimiento tan tardío como lógico y amenazador para los intereses zurigorris.

Parece pues que la dependencia de Lezama se acrecentará más pronto que tarde. Ocurre que Lezama no es infalible y que la calidad de las cosechas, como es lógico, varía de generación en generación. Ante esta tesitura, estirar más si cabe la filosofía, poniendo centros de formación allende las fronteras de Euskal Herria no es sino pervertir una idiosincrasia que, al menos para nosotros los románticos, es incuestionable. Ni cantera global ni trampas al solitario.

Entretanto, la afición del Athletic se ha vuelto muy exigente, lo cual es bueno siempre que no caiga en la intransigencia tipo Mestalla (donde, por cierto, critican los efectos de la gestión de Lim cuando abrazaron fervientemente su causa). Probablemente la exigencia sea una herencia positiva de Bielsa, quien sacudió los cimientos de una masa y una entidad adormecidas, y con quien la afición se quitó la venda de los ojos con los bien llamados millonarios prematuros. En cualquier caso, basta ver cómo ha salido un Valverde que, con todos sus defectos (que los tiene) y sus virtudes, ha asegurado resultados y resulta que es válido para dirigir al Barça. Probablemente sea víctima del tiempo que le toca vivir, seguramente su ciclo habría llegado a su fin tal y como está el patio, pero un entrenador de su talla y carácter bien podía haber sido el “Ferguson del Athletic”, que diría Lamikiz. O no, da igual. Lo flagrante es que no hay paciencia, todo es inmediatez en el mundo del fútbol. Nos va la vida en el resultado del domingo pero llevamos décadas sin ganar nada, salvo la meritoria y honrosísima Supercopa. Así somos de cortoplacistas.

El clima, pues, roza la histeria, aún yendo a Europa cuatro años consecutivos. Quién nos lo iba a decir cuando celebrábamos in extremis el 3-0 al Anorthosis subidos a la valla del fondo norte. Ahora el socio es un cliente, de los exigentes encima. Basta ver cómo la gente huye en estampida de San Mamés en el minuto 80 o la fría despedida a Iraizoz. Ambos ejemplos se enmarcan dentro del mismo contexto. El fútbol se ha mercantilizado hasta el paroxismo y no somos excepción. El “caso único en el fútbol mundial” que nos dedicó L´Equipe queda ya muy lejos. Las heridas no cicatrizaron, el vínculo se ha enfriado.

¿Qué hará, pues, el Athletic cuando la pelotita no entre, el hincha no apriete y San Mamés siga con ambiente gélido y mucho asiento vacío? ¿A quién invocará? Las sucesivas directivas llevan desde finales de los 90 subiendo precios y poniendo cada vez más trabas para que la chavalería y la clase obrera acuda a San Mamés. Todas y cada uno de sus medidas (la última viene con agosticidad y es una circular kafkiana sobre cómo meter una bandera en San Mamés) han ido encaminadas a dividir, esquinar, minimizar y reprimir a dichos sectores, portadores históricamente de proclamas incómodas para el establishment local, léase PNV, que gobierna provincia, ciudad y palco presidencial. Su mensaje es claro: Os queremos fuera de San Mamés.

La cuota de entrada de 1.600 euros a fondo perdido marca el aval y el sesgo de clase para poder ser socio. “Herritik sortu zinalako” y tal, pero todo atado y bien atado. Precios caros, minúscula grada popular, abonos sólo disponibles para unos palcos VIP con una ocupación irrisoria y, en menor medida, horarios intempestivos están matando San Mamés. A todo esto, si San Mamés está prácticamente muerto, si el reclamo es un aura, atmosfera y misticismo que se desvanecen sin remisión, ¿qué plus se le puede ofrecer a nadie para que se deje un dineral en un palco VIP? Ah, sí: poder hacer negocios en él.

Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, cada vez que Urrutióteles habla del ambiente queda retratado. Primero dijo que no era para tanto, que contra un Logroñés en el 93 tampoco había ambiente; ergo, ahora no lo hay, pero no os quejéis. Más tarde dijo que no hay problema de ambiente porque hemos sacado muchos puntos; ergo, sí hay ambiente. Miente, obviamente. Porque el ambiente no es problema para él, mojarse en cambio sí; de ahí tanta zarandaja, pues le incomoda una verdad que no afronta. Está a otras cosas, otros mandatos.

Será que el Gure Estiloa consiste en usar la filosofía como señuelo. O en dejarse una millonada en poner a punto la cubierta de un estadio nuevo levantado mayormente con dinero público mientras ignoras otros problemas de solución menos gravosa. Asimismo, resulta flagrante que sea precisamente un exjugador el pelele que ampare la defunción de San Mamés. Cierto es que recibía una pésima herencia, pero Urrutia es el presidente que, habiendo podido hacer más por mejorar la animación (consecuencia de implementar una amplia grada popular a precio ídem, no nos engañemos), ha hecho menos al respecto. Sobre palmeros, supuestamente de izquierdas, amparando el estilo de gestión del PNV mejor no hablamos. Allá cada cual con su conciencia.

Repetimos: cuando haya más que altibajos, Lezama no chute y la pasta de las televisiones equipare presupuestos, no se pueda fichar más que medianías y el equipo no carbure, ¿a quién le pedirán que entone “beti zurekin” si se han cargado a tantos fieles por el camino? Que sí, que lo primordial es el negocio, pero el negocio no es infinito. Y al apostar única y exclusivamente por el modelo clientelar, el Athletic, lejos de fidelizar, está cavando su propia tumba. Al tiempo.

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#HERRIHARMAILADUINA

Sonrisas y lágrimas (Caledonia 2 – Engrrland 2)

*RONALD MCDONALD, corresponsal de Alabinbonban en Caledonia

Con este ñoño título se bautizó el famoso musical protagonizado por Julie Andrews, pero es que nos viene al pelo, no sólo porque su canción principal, ‘Doh a deer‘, la adoptó la siempre genial Tartan Army para su interminable repertorio, sino también porque resume perfectamente lo vivido el sábado en Hampden Park entre escoceses e ingleses, con un final de infarto en el que se pasó por todas las etapas que puede experimentar un hincha en un campo de fútbol, desde la alegría desbordante hasta la tristeza más miserable.

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De todas formas, este final de película no debería taparnos los ojos, que el partido fue, por lo general, bastante pobre. No es algo que que ya nos pille por sorpresa teniendo en cuenta el estado futbolístico de ambas selecciones, pero es que es cierto que ante un partido con tanta historia, rivalidad y morbo, uno tiene las expectativas bien altas. Una vez más, ni Escocia, ni Inglaterra estuvieron a la altura de las circunstancias. Y ya no es una cuestión de mentalidad, de estrategia o de estado de forma, simplemente ambos equipos tienen el nivel que tienen en la actualidad y, claro, luego pasa lo que pasa, como que una selección como Islandia mande a casa a los ingleses de manera sonrojante el año pasado en Francia o que Caledonia no esté presente en los grandes torneos futboleros desde 1998 (sí, eso es el siglo pasado).

Los prolegómenos, como siempre, de lo más intenso, con un monumental abucheo al ‘God save the Queen’ por parte local (quizás los ingleses debieran plantearse tener un himno propio para su selección, en vez de usar el rancio himno británico) y un impresionante ‘Flower of Scotland’ cantado a pleno pulmón, acompañado por una solitaria y solemne gaita. Pelos como escarpias.

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El partido da comienzo de manera intensa por ambos equipos, lo que se traduce en un ritmo alto pero con muchas imprecisiones y alguna entrada a destiempo (para el minuto 3, Scott Brown vio la primera amarilla del encuentro). Los locales son los primeros en avisar con un manso disparo de Griffiths a las manos de Hart. Pero a partir de ahí, Inglaterra consigue sacudirse este dominio inicial local, aunque no se viera reflejado en el número de ocasiones. Cierto es que lo más destacable llegara por parte inglesa, primero con un no-remate de Kane que a puerta vacía no fue capaz de empujar a la red de manera incomprensible y luego con un lejano disparo de Livermore que sacó un defensa local bajo palos tras un mal despeje de Gordon, el portero del Celtic que se “consagraría” en la segunda parte, como ya veremos en un rato…

Con el empate inicial se llegaba al descanso. Poco fútbol pero con la ligera sensación de que Inglaterra era superior. La segunda parte comenzó con la misma premisa, aunque el cotarro se fue animando poco a poco. Tras un par de avisos, por fin los sassenachs se adelantan en el marcador con un gol de Oxlade-Chamberlain -¡caramba, qué apellido más rimbombante!- en el minuto 70 tras error garrafal de Gordon, que en vez de despejar el disparo como Dios manda, pareció como si se estuviera quitando una mosca de la cara con la manopla. 0-1 para Engrrland y parecía que el partido estaba decidido, viendo la respuesta local, con mucho corazón pero pocas ideas. Si Escocia quería cambiar la situación, sería en alguna jugada aislada, un golpe de azar, un balón parado… como así ocurriría finalmente. Cuando los hinchas ingleses -qué majos ellos- cantaban que “no habrá Tartan Army en Moscú” en alusión al mundial del año que viene, llegó la primera genialidad de la tarde de Leigh Griffiths cuando la derrota parecía ya inevitable. Corría el minuto 88 cuando el delantero del Celtic se cascó una magistral falta que pasó por encima de la barrera inglesa y se coló por el palo no cubierto por Hart, lo que hizo inútil su estirada.

A partir de aquí, la locura se desató en Hampden. Y en medio de este caos, los ingleses cometieron el error de conceder otra falta a Escocia cerca del área, como si no hubieran aprendido nada sólo dos minutos antes. Esta vez, el balón estaba a la misma distancia pero más escorado a la izquierda. Griffiths se prepara para lanzar y, de nuevo, el balón supera la barrera con lo que Hart tampoco puede llegar al balón. Faltaban segundos para llegar al 90 y Escocia había obrado el milagro en dos minutos. Nadie daba crédito de lo que estaba sucediendo en el césped de Hampden. Un equipo herido de muerte había conseguido dar la vuelta a la tortilla, con más fe que buen juego y, por supuesto, gracias al sutil toque de Griffiths. Pero claro, estamos hablando de Escocia, con lo que no se puede dar nada por sentado hasta que el árbitro pite el final. Así, cuando se cumplía el tercero de los cuatro minutos de descuento, Gordon la volvió a liar. Un desesperado centro a la olla fue rematado por Kane al fondo de la red, ante la inoperancia del portero escocés que se quedó en una de esas medias salidas tan irritantes, con lo que ni blocó el centro, ni detuvo el remate del capitán inglés. Vamos, que no hizo nada.

Empate a dos final que no sabemos ni como tomarlo, teniendo en cuenta la locura de los últimos minutos. ¿Escocia lo hubiera firmado a cinco minutos del final? Probablemente, sí. ¿Que lo hubiera firmado en el minuto 92? Probablemente, no. Así que cada uno saque sus propias conclusiones, pero a nosotros nos queda la sensación de que con un portero más seguro, Caledonia podría haberse llevado 3 puntos vitales, que quedan 4 partidos para terminar la fase de grupos y se necesita sumar como el comer, si es que la Tartan Army quiere estar presente el año que viene en Rusia y, ya de paso, desdecir a sus queridos vecinos del sur.

Así queda la clasificación del grupo F tras la jornada 6:

1 Inglaterra 14 puntos

2 Eslovaquia 12

3 Eslovenia 11

4 Escocia 8

5 Lituania 5

6 Malta 0

20 años del adiós a las gradas de pie en San Mamés

O lo que es lo mismo, se cumplen dos décadas desde que todo cambió en San Mamés. Bueno no, todo menos lo cacheos y la represión, que han empeorado.

Aquel verano, tras una buena liga con Luis Fernández al mando y el centenario del club a punto de celebrarse, la euforia no era pequeña. El Athletic recuperaba su lugar y los buenos resultados reflejaban en las gradas, que vivieron con fervor el 2-1 ante el Barça de Ronaldo, el 1-0 ante el Real Madrid y la clasificación europea que nos devolvería a la UEFA. Vamos, que el ambiente era inmejorable y las avalanchas en la grada no habían sido pocas.

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Durante julio y agosto, el Athletic, siguiendo las directrices que se habían marcado en el Estado y que eran un calco del modelo inglés after-Hillsborough, abordó las obras de los fondos de San Mamés para instalar asientos y pasar de 10.000 a 5.000 localidades (aprox.). El precio del abono y el del carnet de socio se duplicarían. En el caso de un menor de 18, pasaba de 16.000 pesetas (96€) a 32.000. En aquella época, descabelladamente caro. El resultado lo íbamos a comprobar en el primer partido de liga en La Catedral.

Aquel agosto, en los partidos previos, ya habíamos notado un bajón evidente y el personal estaba mosqueado. Pero todos los temores se confirmaron en el primer partido de Liga.

Acostumbrados a hacer cola en las puertas de la grada de pie hora y media antes del comienzo, aquel día entramos pronto. Demasiado pronto. Creíamos que todo sería igual, que aquello sería una especie de orgía sin orden ni concierto, como siempre. Erramos. Faltaban 10 minutos y la grada era un erial. Tanto es así que la portería y la red no se distinguían de los asientos blancos por la falta de hinchas (más adelante el club instalaría asientos rojos). Allí faltaba todo el mundo y muchos de los que estaban se sentaban. No salíamos de nuestro asombro. De un plumazo, el club se había cargado una manera de ver y vivir el fútbol. No lo vimos venir, a decir verdad. HNT muy reducido, A*S una mota y a los Tripustelak ni se les distinguía. Del resto de grupos y peñas no había noticias. Parecía la noche de los muertos vivientes.

Esta temporada nos clasificamos para la Champions League, y como bien se sabe, los buenos resultados suelen tapar la nefasta gestión de las directivas. Como hoy. Pero bien sabíamos que de este golpe no nos recuperaríamos y que en algún momento se evidenciaría el problema. El resultado es la situación de hoy tras una larga y dolorosa agonía. Los asientos fueron nefastos para el ambiente (aunque siempre se es libre para usarlos o no), pero el aumento de precio fue el factor determinante. Y fue una decisión propia, del club, que adoptó sin presión de ningún tipo y que afectó a la clase menos pudiente y al sector de la afición más contestatario. Cómo no.

Aquellos que hablan de grada subvencionada, de precios ventajosos, se olvidan de dónde venimos y qué representamos. San Mamés era la casa de todos y alguien decidió que dejara de ser así. La pelea por una grada popular es la pelea por recuperar para la clase obrera su lugar en San Mamés, el que le pertenece por justicia e historia. Desde la General a la grada y terminando en la Herri Harmaila.

A 20 años de aquel desastre, y con la evidencia del daño que ha causado en nuestra masa social, seguimos echando de menos a San Mamés, el de siempre, el de todos, y decimos más alto y más fuerte que nunca:

HERRI HARMAILA DUINA ORAIN!
SAFE STANDING!