20 años del adiós a las gradas de pie en San Mamés

O lo que es lo mismo, se cumplen dos décadas desde que todo cambió en San Mamés. Bueno no, todo menos lo cacheos y la represión, que han empeorado.

Aquel verano, tras una buena liga con Luis Fernández al mando y el centenario del club a punto de celebrarse, la euforia no era pequeña. El Athletic recuperaba su lugar y los buenos resultados reflejaban en las gradas, que vivieron con fervor el 2-1 ante el Barça de Ronaldo, el 1-0 ante el Real Madrid y la clasificación europea que nos devolvería a la UEFA. Vamos, que el ambiente era inmejorable y las avalanchas en la grada no habían sido pocas.

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Durante julio y agosto, el Athletic, siguiendo las directrices que se habían marcado en el Estado y que eran un calco del modelo inglés after-Hillsborough, abordó las obras de los fondos de San Mamés para instalar asientos y pasar de 10.000 a 5.000 localidades (aprox.). El precio del abono y el del carnet de socio se duplicarían. En el caso de un menor de 18, pasaba de 16.000 pesetas (96€) a 32.000. En aquella época, descabelladamente caro. El resultado lo íbamos a comprobar en el primer partido de liga en La Catedral.

Aquel agosto, en los partidos previos, ya habíamos notado un bajón evidente y el personal estaba mosqueado. Pero todos los temores se confirmaron en el primer partido de Liga.

Acostumbrados a hacer cola en las puertas de la grada de pie hora y media antes del comienzo, aquel día entramos pronto. Demasiado pronto. Creíamos que todo sería igual, que aquello sería una especie de orgía sin orden ni concierto, como siempre. Erramos. Faltaban 10 minutos y la grada era un erial. Tanto es así que la portería y la red no se distinguían de los asientos blancos por la falta de hinchas (más adelante el club instalaría asientos rojos). Allí faltaba todo el mundo y muchos de los que estaban se sentaban. No salíamos de nuestro asombro. De un plumazo, el club se había cargado una manera de ver y vivir el fútbol. No lo vimos venir, a decir verdad. HNT muy reducido, A*S una mota y a los Tripustelak ni se les distinguía. Del resto de grupos y peñas no había noticias. Parecía la noche de los muertos vivientes.

Esta temporada nos clasificamos para la Champions League, y como bien se sabe, los buenos resultados suelen tapar la nefasta gestión de las directivas. Como hoy. Pero bien sabíamos que de este golpe no nos recuperaríamos y que en algún momento se evidenciaría el problema. El resultado es la situación de hoy tras una larga y dolorosa agonía. Los asientos fueron nefastos para el ambiente (aunque siempre se es libre para usarlos o no), pero el aumento de precio fue el factor determinante. Y fue una decisión propia, del club, que adoptó sin presión de ningún tipo y que afectó a la clase menos pudiente y al sector de la afición más contestatario. Cómo no.

Aquellos que hablan de grada subvencionada, de precios ventajosos, se olvidan de dónde venimos y qué representamos. San Mamés era la casa de todos y alguien decidió que dejara de ser así. La pelea por una grada popular es la pelea por recuperar para la clase obrera su lugar en San Mamés, el que le pertenece por justicia e historia. Desde la General a la grada y terminando en la Herri Harmaila.

A 20 años de aquel desastre, y con la evidencia del daño que ha causado en nuestra masa social, seguimos echando de menos a San Mamés, el de siempre, el de todos, y decimos más alto y más fuerte que nunca:

HERRI HARMAILA DUINA ORAIN!
SAFE STANDING!

 

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