Héroes y villanos

*Ronald McDonald, corresponsal de Alabinbonban para Russia World Punch 2018

Ya el mismo título deja a las claras por dónde irán los tiros en esta última crónica de la fase de clasificación para el Mundial de Rusia del año que viene. Y al ser la última, vamos a hacer una especie de carrusel con los dos últimos partidos de fenianos y caledonios, con final feliz para los primeros y triste, muy triste, para los segundos.

Como decía aquel viejo chiste, primero os contamos las malas noticias y luego, las buenas.

ESCOCIA

Escocia 1 – Eslovaquia 0 (5/10/17): Las dos últimas victorias habían devuelto la esperanza a la tropa de Gordon Strachan. Pero esa esperanza debía venir acompañada de victorias en los dos partidos restantes, siendo el primero la visita de Eslovaquia a Hampden Park, el principal rival y el que a la postre se llevaría el gato al agua acabando en segundo puesto.

Y parece que Caledonia salió mentalizada desde el principio, ya que se cascaron el que probablemente haya sido su mejor partido de esta fase de grupos. Cierto es que la expulsión del eslovaco Mak en el minuto 23 (hay que ser membrillo para simular un penalty cuando ya tienes una amarilla) ayudó lo suyo, pero sería injusto reducir a esto la superioridad local: Escocia fue mejor jugando contra once y contra diez. Sin embargo, a pesar del dominio y las ocasiones, se llegó sin goles al descanso.

En la segunda mitad este dominio se acentuó aún más, pero la pelotita seguía sin querer entrar: Martin disparó al larguero, poco después Griffiths hizo lo propio, entre estas ocasiones el portero visitante se lució ante otros dos o tres goles cantados, la Tartan Army que se desesperaba y el tiempo apremiaba. Y como a este equipo le van las emociones fuertes y le pasan más cosas que a Rompetechos en una ferretería, hubo que esperar al minuto 89 para, por fin, ver el ansiado y vital gol, aunque tuviera que ser en propia puerta a cargo de Skrtel -viejo conocido en Anfield- tras galopada y posterior centro de Anya, que había salido de refresco en la segunda parte, como suele ser habitual. Visto lo negados que estuvieron los locales de cara al gol, parece que fue la única manera de que el balón entrara… y casi lo vuelve a parar Dubravka, el mejor de los eslovacos sin duda alguna.

Escocia conseguía así una victoria in extremis, una victoria que nunca debió haber costado tanto ya que hizo méritos más que suficientes para ganar holgadamente, pero es que quizás radiquen aquí todos o algunos de sus males: Que pierdas cuando juegas mal o regular y que para ganar tengas que sufrir como un perro, incluso jugando bien al fútbol. En fin, el caso es que la crucial victoria, unida a la derrota de Eslovenia en Wem-be-ley (¿la primera vez que se celebraría una victoria inglesa en Hampden?) dejaba a Escocia en segunda posición, dependiendo sólo de ellos el pase a la repesca. Siguiente y última parada, Eslovenia.

Eslovenia 2 – Escocia 2 (8/10/17): Cuando más se necesitaba la respuesta del equipo, llegó el petardazo final, un partido absolutamente infumable, indigno de un equipo que se jugaba el pase a una repesca que les podría llevar a la primera cita internacional en veinte años. Y para más inri, ante un rival que no se jugaba nada, ya que sólo un milagro -que, por supuesto, no se dio- podría darles el segundo puesto del grupo. Así que, ¿cómo es posible que un equipo que venía de menos a más y que se jugaba lo que se jugaba fuera muy inferior a un equipo cuyos jugadores pensarían más en la playa adonde ir el verano que viene? Pues eso es exactamente lo que pasó. Eslovenia fue siempre superior, en todo menos en el resultado, con un empate a dos final a todas luces injusto viendo los méritos de unos y otros. Cierto es que durante varios minutos Caledonia estuvo clasificada, gracias al gol de Griffiths (de los pocos que se salvan de la quema) mediada la primera parte, pero esto sólo fue un espejismo pues la segunda mitad fue directamente para meter en una caja fuerte y tirar la llave y la propia caja fuerte al más profundo de los océanos, donde el hombre no haya llegado jamás. Ya incluso antes del empate a uno, Gordon había tenido que emplearse a fondo para evitar los goles locales. Si contra Inglaterra en Hampden fue uno de los máximos culpables de que volaran dos puntos sobre la bocina, el domingo se erigió en salvador… pero claro, cuando tu defensa te deja vendido, pues ni con Arconada bajo palos. Así sucedió en los dos goles eslovenos en veinte minutos, los dos a balón parado y los dos pésimamente defendidos, el primero en una falta que al rematador sólo faltó que le hicieran un aurresku de honor, y el segundo, tras un corner en el que Bezjak marcaba por segunda vez en la noche con un hábil disparo sin oposición a la altura casi del área pequeña. Ignominioso.

¿Y qué pasó con Escocia? Lo más triste: Ni un atisbo de reacción, un equipo sin rumbo, ni dirección, ni sentido alguno, que pululaba por el campo sin ninguna convicción (y eso que quedaban 20 minutos tras el 2-1). Los miles de escoceses que se trasladaron hasta allí no debían dar crédito de lo que estaban viendo: ¿Dónde estaba su equipo? Por eso fue casi milagroso que lograran el empate a última hora -otra vez- que, aunque no sirviera de nada, evitó el ridículo de perder contra un rival que, repetimos, no se jugaba nada. Si acaso, al menos pudo dar un poco de emoción a los minutos finales, pero parecía que ni los jugadores se lo creían, como si el empate se lo hubieran encontrado, en vez de que lo hubieran buscado.

Escocia ponía punto final a su intento de llegar a Rusia de la peor de las maneras, con una pájara tan inesperada como injustificable, poniendo en duda tanto a la plantilla, como al bueno de Strachan, que algo nos dice que tiene la horas contadas en el banquillo. Siga o no, el horizonte es desolador.

IRLANDA

Eire 2 – Moldavia 0 (6/10/17): Si Escocia se presentaba con la moral reforzada en esta recta final, a Eire le pasaba lo opuesto. Tras realizar una notable liguilla, las cosas se habían torcido en los dos últimos partidos. Pero la gran diferencia radica en que mientras los irlandeses se mentalizaron de verdad, sus hermanos escoceses, no.

El primer escollo pasaba por ganar sí o sí en Dublín el pasado viernes a Moldavia, rival ya deshauciado y luego esperar algún pinchazo de sus rivales, Serbia y Gales. El guión se cumplió por parte feniana y galesa ganando sus partidos, no así Serbia que, contra pronóstico, perdió en Austria a última hora (3-2).

A Eire le salió el partido soñado: Encarrilar pronto el asunto, tener al fin un encuentro sin sobresaltos y reservar fuerzas para el acto final en Cardiff. Antes de cumplirse los dos minutos de partido, Murphy adelantó a los locales. Y a los veinte, el propio Murphy anotó el segundo con un gran cabezazo. A partir de ahí, ver pasar el tiempo y no forzar la máquina más de la cuenta, ya que no se esperaba que Moldavia plantara cara, como así sucedió. En definitiva, un partido que no pasará al libro de oro del fútbol, pero que firmaría cualquiera que estuviera en el pellejo de los irlandeses. Estaba claro que lo gordo vendría tres días después en Gales, cosa que entendieron perfectamente tanto jugadores como los aficionados que acudieron al Aviva. Tocaba guardar energías.

Gales 0 – Eire 1 (9/10/17): Tras la derrota de Serbia en la anterior jornada, Gales se presentaba ante los suyos en un Cardiff City Stadium hasta la bandera, incluidos algunos miles de irlandeses que aportaron, y mucho, a un electrizante ambiente que nos retrotrajo a ese fútbol de antaño que tanto añoramos y que ya se palpó desde los prolegómenos con los himnos entonados a pleno pulmón. Los galeses lo tenían (casi) todo de cara: Jugando en casa, valiéndoles tanto la victoria como el empate, incluso con opciones de quedar primeros de grupo y, siendo honestos, practicando el mejor fútbol que se pueda ver en las islas a nivel de selecciones a día de hoy. A Eire, por contra, sólo le valía la victoria para ir a la repesca. Quizás esta simplificación de opciones hizo que los fenianos salieran con las ideas bien claras. Sea como fuere, el caso es que se marcaron un partido de lo más serio, disciplinado y sufrido, defendiendo como gato panza arriba cuando tocó y maximizando sus pocas ocasiones arriba, como era de esperar ante un partido de tanta trascendencia.

A pesar de la más que sensible baja de Bale por lesión, Gales entró mejor al partido aplicando esa máxima tan atractiva de “la mejor defensa es un buen ataque”. Ciertamente, el secreto galés radica en la posesión como mejor arma para defenderse. Lejos de poner el autobús y dar el balón al rival, llevaron la iniciativa del partido desde el pitido inicial. Lo que pasa es que enfrente se encontraron con unos tipos que vinieron con el cuchillo entre los dientes, pero que tampoco pusieron el autobús bajo la portería de Randolph, muy seguro durante los 90 minutos. No en vano, el empate no les valía. Por tanto, la consigna era doble: seriedad atrás pero había marcar.

Con estos mimbres, el partido se tradujo en constantes idas y venidas, un ritmo frenético, pero no muchas ocasiones. Y claro, estos arrebatos calaron en unas gradas totalmente implicadas en la causa. Si los irlandeses se soltaban con un estruendoso “Fields of Athenry”, la parroquia local respondía con su solemne himno “Land of my fathers”. Maravilloso.

La segunda parte comenzó de manera similar a la primera, con Gales apretando pero, esta vez, llegando con más peligro a portería. Es aquí cuando emergió la figura de Randolph, especialmente cuando mandó a corner un cabezazo a bocajarro en la mejor jugada trenzada por Gales.

Sólo cuatro minutos después, en el 57, llegó el momento no sólo de la noche sino de toda la fase para Eire. Los acontecimientos se desarrollaron tal que así: Hennessey saca en corto de portería hacia el capitán Ashley Williams. Hendrick va como un jabato a presionar provocando que el galés se haga un lío y acabe perdiendo el balón. Cuando éste parece que va a salir por banda, el bravo irlandés consigue meter la punta de su bota lo justo consiguiendo milagrosamente que el balón avance paralelo a la línea de cal de la banda derecha ante la atenta mirada del linier. El esférico sigue en juego pero ahora se acerca a la línea de fondo. Hendrick no se rinde y consigue centrar en un titánico esfuerzo que bien merece una estatua en la plaza de su pueblo. El forzado centro sale más bien raso. Pilla a contrapie a un compañero, luego a otro, pero desde atrás aparece James McClean. A eso de la altura del punto de penalty, no se lo piensa dos veces y suelta de primeras un brutal derechazo, uno de esos disparos que pueden acabar tanto en el Mar Báltico como al fondo de la red. Pero esto no se reduce a una cuestión de mero azar, no. McClean tiene un gran disparo, ya lo había demostrado en anteriores ocasiones y, esta vez, no lo fue menos. El balón entró como una flecha pillando a Hennessey con el pie cambiado. Golazo de fe y los irlandeses desplazados a Cardiff enloquecen. En el plano televisivo de sus celebraciones puede verse una tricolor irlandesa con el texto “Believe” (“Creed”). ¡Cuánta razón!

Quedaba media hora larga de partido y el escenario cambiaba por completo. Ahora Eire estaba en la repesca y Gales en la calle. Y es aquí cuando el partido adquiere una épica que no recordábamos en mucho tiempo. Los galeses se lanzan a tumba abierta a por el empate, pero ahora de manera más desordenada, fruto de las prisas y/o los nervios. Eire ahora sí que se repliega -no queda otra- y empieza a achicar balones por lo civil o por lo criminal, mostrando todos los jugadores una solidaridad digna de mención. De hecho, este orden, esta disciplina, esta solidaridad tiene su efecto, ya que a pesar del asedio, Gales apenas consigue crear ocasiones claras, aunque es evidente que el gol puede llegar en cualquier momento cuando el bombardeo de balones a la olla es ya total. Si no fuera porque no somos espectadores neutrales, no nos importaría que el partido durara más, mucho más, ya que la lucha y la épica que se estaban dando en el césped eran impresionantes.

Al final, y tras cinco minutos de descuento (que encima acabaron siendo seis), el partido-batalla termina ante el jolgorio de unos y enorme tristeza de otros. Si hubiera justicia en esto del fútbol, el lunes debieron clasificarse ambos equipos, pero sólo había sitio para uno. Y ese fue el que mejor supo leer (y sufrir) el partido.

Ah, por cierto, no podemos pasar por alto una polémica surgida hace unos días, cuando la televisión pública irlandesa (RTE) tuvo la desvergüenza de mostrar en televisión un mapa de Irlanda donde habían desaparecido por completo los seis condados del norte, como si se los hubiera tragado el mar. Cierto es que tuvieron que pedir disculpas unos días después. Vale, pero aunque suene ventajista, no está de más recordar a los mandamases de RTE que si su país está en la repesca es gracias a un jugador natural de esa parte del país que desapareció “misteriosamente” del mapa. James McClean es tan jodidamente irlandés como una botella de Jameson. A ver si ahora les queda claro.

De momento, toca esperar rival en un sorteo a celebrarse el 17 de octubre. La batalla de Cardiff tendrá continuidad. Al fin y al cabo, esto es “The rocky road to Russia”.

Los ocho clasificados:

– Croacia

– Dinamarca

– Eire

– Grecia

– Italia

– Irlanda del Norte

– Suecia

– Suiza

*NOTA: Finalmente, Eslovaquia tampoco estará en los play-offs, al haber terminado como el peor segundo de los nueve grupos correspondientes a la zona UEFA.

*NOTA II: Por favor, que no se tome esto como un consuelo para los escoceses…

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