Kepa, o el hastío interminable

Algún que otro periodista predijo que la salida de Kepa supondría un golpe a la moral de la hinchada rojiblanca. Aparte de crédulos, como dijo Bielsa, somos endebles. Sin embargo, las experiencias previas con Llorentes y cías y el tiempo que se ha tomado Kepa en renovar, acompañado del correspondiente culebrón mediático, vendrían a refutar dicha predicción. Tarde quizás, pero el hincha, por no decir cliente, zurigorri está en vías de homogeneizarse con el resto (“vaya por dios, no somos tan diferentes”) y rendirse a la evidencia que supone el maldito dinero, ese que siempre acaba entrando en la ecuación.

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Como si el hecho de que uno sea euskaldun le haga jatorra per se, aún yendo de la mano de Bahía. Como si haber entrado en Lezama siendo un niño le hubiera inmunizado al olor del dinero, la fama y la ambición. Como si el capitalismo no hubiera atracado jamás en el puerto de Ondarroa.

La afición ya se había hecho a la idea de su marcha, de criticar a Urrutia pasamos a zurrar al jugador, y en esas renovó el ínclito, el portero al que los principales medios locales llevaban una década entronando como sucesor de Iribar, llevándose al zurrón un contrato muy jugoso. Ése podría ser el resumen más veraz a falta de datos (salario, ofertas, etc). Datos que, a buen seguro, no tendremos jamás. Ya sabemos cómo es Urrutia, y no parece que Kepa vaya a moverse mucho de un relato construido a posteriori sobre su bien medido silencio.

Claro que nos gustaría saber si Urrutia subió su oferta este mismo enero, o si Kepa se ha visto forzado a “marcarse un Urzaiz” antes que salir por la puerta de atrás. Alguno dirá que da igual, que su imagen se reforzará en cuanto haga dos paradas; mirad si no a Raúl García, tan odiado de colchonero y ahora aplaudido. Ya. Sería interesante saberlo, decimos, por el hipotético impacto que el presumible incremento salarial de Kepa pueda tener en la caseta y las consecuencias a medio-largo plazo. Asimismo, una vez atado a un Herrerín acostumbrado a ser suplente pero cuyas prestaciones últimamente han sido notables a excepción del partido contra el Getafe (errores también comete Kepa, bien en Valencia de modo puntual o bien cuando no sale por alto, algo recurrente), queda por ver qué pasará con Remiro, titular de un sobresaliente Huesca.

O, lo que es lo mismo, un ejercicio de fútbol-ficción: ¿podría resultar más rentable, tanto a nivel futbolístico como económico, la dupla Herrerín-Remiro que mantener a Kepa con un sueldo top? Esperemos que alguien en Ibaigane se lo haya planteado.

Ciertamente, un romántico como Urrutia, adalid de las esencias, debe de estar apesadumbrado tras constatar la tozuda realidad y lo que cuesta renovar a un canterano. Quizás la próxima rueda de prensa nos libremos de escuchar su proselitismo barato apelando a los sentimientos y la filosofía del Athletic. En una mano la bandera, en la otra los talegos. ¿Alguien que no lo vea?

Deportivamente, a falta de grandes fichajes, el equipo va blindando a sus puntales, lo cual no es poco visto lo visto. Curiosamente, quienes más sangre han hecho con el tema Kepa, Agiriano y toda su troupé sensacionalista, se mostraban contrariados con la renovación de Williams, un jugador mucho más desequilibrante y vital para el equipo que el portero, sea cual sea de los tres en cartera.

En fin, si algo ha quedado de nuevo demostrado es que los medios, sean de Madrid o del mismo Botxo, no han hecho sino dar bandazos cual autos de choque. Habrá que leer eso de “tal y como adelantó nuestro diario” en las páginas de aquellos que anunciaron su fichaje por el Madrid. No falla: diciendo una cosa y después la contraria se acaba acertando. Elucubraciones y mentiras elevadas a noticia. Quizás hayan vendido más periódicos, o que con eso de la posverdad todo valga.

Hasta el próximo culebrón pecuniario.

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