Se busca míster

No de inmediato, ya da igual, pues los 3 de abajo son malos de solemnidad y sólo la mayor de las hecatombes pondría al Athletic en peligro de descenso. Necesitamos entrenador para la próxima temporada; algo que se veía venir, como poco, desde noviembre pero que la directiva no quiso atajar por lo sano por comodidad, cobardía, ceguera (fe si lo prefieren) o un cúmulo de dichos factores (y los que nos dejamos en el tintero).

El esperpento a doble partido contra el Formentera (un Segunda B ramplón, hoy en el puesto 17, con dificultades para completar la convocatoria copera), pero sobre todo el nulo juego desplegado por el equipo tanto en Liga como en Europa, por mucho que San José nos reprochara que no teníamos ni puta idea, ya hacían presagiar que ésta iba a ser una temporada de transición. Ciertamente, el juego en la última época de Valverde no era para tirar cohetes, pero los resultados mandaban y al menos el once daba cierta imagen de hechura y solidez. Con Cuco, en cambio, nadie sabe a qué jugamos, ni afición ni jugadores.

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Imagen: El Correo

Ziganda salvó el culo in extremis con una buena racha, cimentada sobre todo en empates, alguno meritorio (caso del Madrid), y cómodas victorias ante equipos menores (Zorya, Levante, Alavés y Betis ya con el partido de cara tras una expulsión), pero era evidente que el equipo no carburaba y, lo peor, que difícilmente iba a hacerlo. Sin embargo, Cuco no ha hecho en todo este tiempo más que invocar a su supuesta fortaleza y tratar de vender una ilusión que nadie, ni siquiera el presidente, percibe, percibió ni percibirá.

En esta tesitura, Urrutia ha hecho la del avestruz. Para finales de enero y principios de febrero, el efecto aspirina ya había pasado y el equipo se reencontraba otra vez en la tónica de siempre. La liga estaba echada, y así sigue por mucho que invoquen el séptimo puesto, pero quedaba la Europa League para dar guerra. Era el momento de dar un golpe en la mesa y apostar por un cambio en el banquillo, de ilusionar a jugadores y afición. Nada, ni por esas.

O confiaron en Cuco, harto improbable cuando casi hace bueno a Stepi, o no lo hicieron en los jugadores, que también es posible, o no había ningún candidato apto para suplir al míster, algo difícilmente explicable, o no querían hacer frente a una indemnización millonaria por cese, o imperó el amiguismo, o (sigan ustedes, por favor). Lo cierto es que optaron por apurar la temporada y, probablemente, rescindir de mutuo acuerdo el segundo año de contrato de Cuco (esperemos).

Porque, sí, Ziganda firmó por dos temporadas, probablemente con un más que extraordinario salario para la valía demostrada. Es aquí cuando uno piensa que, tras la experiencia de Bielsa, Urrutia esté optando por lo fácil, fichando amigos de su confianza y/o perfiles bajos que le hagan la vida más fácil, al menos a priori. Balzola y empresas pesebreras también estarán contentas sin nadie que airee miserias varias.

Pero hete aquí que la búsqueda de entrenador para el próximo año se ve condicionada por unas elecciones a las que Urrutia no se presentará pero que tampoco quiere de momento adelantar, síntoma de que el PNV aún no ha terminado de armar su candidatura y/o de neutralizar a los hipotéticos contendientes. Por tanto, el míster que venga firmará por un año corriendo el riesgo de convertirse en víctima del fuego cruzado electoral, si es que no lo borda de inicio a fin.

Los mentideros rojiblancos ven a Asier Garitano, hoy en el Leganés, como futuro míster. De ser así habría que ver si opta por el mismo fútbol amarrategi que con los pepineros, pues la afición, quizás demasiado ilusa, tiene la sensación de que el equipo tiene mimbres suficientes para jugar mucho mejor. De hecho, hay ciertas similitudes entre el hartazgo con Cuco (segunda parte contra el Leganés, por ejemplo) y la despedida brindada a Caparrós. Parece que no vale solo ganar.

Otros nombres que han salido a la palestra son Tuchel (quien parece haber llegado a un acuerdo con el Bayern), Berizzo, Blanc, Mendilibar y un largo etcétera. Venga quien venga deberá dar un golpe en la mesa y airear el vestuario. En ese sentido, y habida cuenta de las limitaciones filosóficas, que encima provocan que paguemos de más a nuestros jugadores, más de uno se plantea la conveniencia de dejarse el dinero en entrenadores de máximo nivel, lo cual implica que puedan ser extranjeros en la mayoría de los casos (para desgracia de Clemente; y es que Euskal Herria es pequeña). Lo mismo habría que decir de formadores, técnicos y demás personal de Lezama.

Dicho lo cual, tampoco hay que hacer un drama de la situación actual. El Athletic ha pasado por idénticas o peores situaciones a lo largo de su historia, si bien eso no puede justificar cualquier decisión actual. Urrutia vivió la eliminación a manos del Xerez, cierto, pero también más de un cese. También vivió las gradas semivacías contra el Logroñés un día de 1993, pero eso no indica que aquello fuera lo deseable, ¿verdad Josu? Pero de esto, gradas, hinchas y actitud, hablaremos en el próximo capítulo.

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