Olor a puro

Hay a quien una canción le transporta a un lugar, persona o recuerdo, están los que relacionan un paisaje con su infancia y las vacaciones. O bien a quienes la hierba cortada y los trozos de barro desprendidos de las botas, el olor a réflex y a esparadrapo le llevan hacia su época de jugador, le evocan compañerismo y la emoción de saltar al terreno de juego. Está también el aroma a mar y a salitre, a monte, a primavera. Algunos sentidos son muy potentes a la hora de activar las inescrutables conexiones cerebrales que provocan que el añorado pasado vuelva. En nuestro largo caminar como hinchas del Athletic, quizá el olor a puro es el inconfundible sentido que nos devuelve a un estadio vetusto, de los de antes, donde la fina lluvia en nuestra piel, el rumor de la marea humana hacia las puertas, y el escudo del Athletic dominando Pozas completaban un póker de sentidos que, aunque idealizados y resumidos en el tópico “cualquier tiempo pasado fue mejor“, siguen representando nuestro ideal futbolero.

Durante los últimos años se han extendido los lemas contra el fútbol moderno, y como todas las modas, de tanto usarse pueden volverse anodinas, vacías y superficiales, aunque no por ello dejen de ser el reflejo de un cambio abrupto, traumático, de algo roto en el interior.

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Caminando hacia San Mamés el otro día, por las mismas calles de antes, reflexionábamos sobre ello, sobre esa desconexión evidente entre el pasado y el presente en nuestro universo rojiblanco. No intuíamos el rumor en las calles, y al mezclarnos con la marea humana, a lo lejos veíamos una pantalla que ha sustituido torpemente al antiguo escudo. Ya no había viejos fumando puros en las puertas de acceso, fueron sustituidos por hombres trajeados y azafatas que aguardaban a los Very Important People. El aroma a césped del interior también había desaparecido. Ningún sentido despertó para hacer de esas dos horas algo especial, íntimo, deseado, fuera de lo rutinario.

En un proceso global, de Highbury a Upton Park, del Wanda Metropolitano a San Mamés, se han unificado sentimientos, metiéndolos en un mismo frasco y poniendo nombre al producto. Porque es eso lo que es el fútbol moderno, un producto en envoltorio cutre, de venta en tienda oficial a un alto precio. Y al hincha le han despojado de todo sentimiento convirtiéndolo en cliente. Soñábamos con un Athletic diferente pero nos despertamos con un Athletic igual. No igual al de antes, igual a los demás. En este proceso doloroso ya no nos quedan referentes, ni siquiera podemos consolarnos en el viejo Lasesarre en alguna fase de ascenso en sus gradas fabriles y sus tribunas de madera. Ya sólo nos queda Las Llanas, hasta que suba a Segunda A y se lo lleven por delante, como a todos.

Seguiremos la búsqueda de nuestro tarro de las esencias, ese que al destaparlo nos transporte a nuestro querido pasado, a nuestro olor a puro, el tarro que han intentado transformar en museo y que no ha conseguido sino que odiemos más el edificio que lo contiene. Porque tristemente, hau da San Mamés.</p>

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